Han pasado muchas cosas desde que Bong Joon Ho decidió cruzar al cine de ciencia ficción y poner una cara europea para volver a la Sección Especial de la Berlinale. Entre ellas, el esperado estreno de una nueva película de Lynne Ramsay y la aparición de Zendaya en pantalla con un vestido blanco. Estos sucesos tienen algo en común: están protagonizados por un vampiro con restricciones alimentarias inmerso en una relación claramente controvertida. Aquella vez todo el mundo tuvo mucho que decir acerca de esa pareja interespecie. Pero, ¿no va siendo ya hora de decir algo sobre enlaces más actuales? Este no va a ser un artículo sobre Robert Pattinson.
La mujer loca
El punto de partida es la desigualdad. En Crepúsculo (Hardwicke, 2008) la tímida y pasiva Bella (Kristen Stewart) conoce a Edward Cullen, un vampiro que tratará de protegerla de sí misma, de él mismo y de sus perseguidores. Un patrón algo más sutil aparece en Die my love (Ramsay, 2025), cuando Grace (Jennifer Lawrence) va hundiéndose irremediablemente en su nueva vida de casada mientras Jackson ejerce un inepto rol de salvador. Disfrazamos el argumento con la moderna pareja de El drama (Borgli, 2026) en la que el buenismo moralista de Charlie trata de rescatar su compromiso matrimonial tras la atroz revelación de su prometida (Zendaya). Tres guiones disfrazados de amor que en realidad sólo desequilibran más a la mujer para poder avanzar. ¿Dependiente, psicótica o psicópata? Acaban con buen repertorio.

El hombre mudo
Todas ellas se ven acompañadas por un hombre estable que hace lo que puede. Soportar el peso del sentido común no es fácil, pero resistirán por pasión romántica. Cada uno a su estilo. El vampiro corre y muerde, cuando puede sobreprotege para descompensar algo más la situación; Jackson vuelve a casa intermitentemente en lo que se va forjando una relación de apego inseguro, y Charlie evita comunicar las dudas a su pareja por si resucita a Jack El Destripador. Y sí. Claramente faltan las palabras. ¿O es la escucha? Sea lo que sea, estas parejas no aparecen como un equipo. Son más bien dos conocidos que no encuentran la manera de acercarse.
Las mejores zapatillas
Pero si no se entendían, ¿cómo acabaron juntos? En esto hay que confesar la divergencia entre directores. Hardwicke paraliza el tiempo en el cruce de miradas, mientras Borgli opta por una narración a dos voces con gran carga sentimental de los hechos. Ramsay prefiere no presentar; lo sucedido en Tenemos que hablar de Kevin (2011) le valió para abrir con el plano fijo de una casa donde ya había colocado a los protagonistas. Si uno se remite a las miradas enamoradizas, es fácil sentir incomodidad. Incluso grima. ¿Qué hacen? Parecen haber estado esperando al objeto perfecto para luego tomar la decisión de amar. “Me gusta esa chica leyendo en la cafetería. O tal vez esta otra como escritora pasional». Todas ellas tienen ese toque de modernidad, algo que ejemplifica la cultura material imperante. Aquí hay un punto de encuentro: el que vende el amor como un flechazo instantáneo, y no como un proceso. Lo veo, lo quiero. Apenas hemos tenido que abrir la boca para llegar hasta aquí. A partir de ahora, viviremos con el miedo constante de ser desposeídos por un cupido que ha llegado repentinamente a nuestras vidas.

Pero el sexo es increíble
¡Y tanto! Bella pasa toda la película en ebullición y las otras dos se muestran con un virtuosismo sexual que compensa sus rarezas intelectuales. Las escenas de cama siempre indican que la cosa marcha bien. Pero visto lo visto, discrepo. No vemos intimidad. No vemos conexión. ¿Será que no se ven? Tal vez necesitan de otro para reafirmar que existen; tal vez solo se hacen palpables cuando otro les toca. Hay en la mirada de Greta Lee en Past Lives (Song, 2023), algo que me dice que ella sí está lista para amar. Conoce cosas de sí misma. Conecta y mira el mundo a través de ellas, no a pesar de ellas. Podría interesarse por otro. Sin esta chispa, se masca la tragedia, y el rápido declive aparece como un “buenas noches” seco y una lamparilla apagándose sin más.
El desflechazo
Un día se levantarán y descubrirán que el espíritu del amor les ha abandonado. Se derrumba un castillo que nunca construyeron. O tal vez no. Hay muchas maneras de acabar.
Creo que no es casualidad que el cine romántico sea uno de los más odiados. Pero me gusta pensar que es uno de los pocos géneros que van atrasados a su tiempo. La gente corriente es mejor que los personajes de Robert Pattinson. Es gente que se conoce, que existe antes de tocar y tiene un proyecto. Entiende que desear es más estimulante que tener. En el futuro, las películas hablarán sobre personas. Y entonces será más fácil hablar de amor.


