‘Toy Story 5’, la rebelión de los juguetes que se niega a pasar de moda.

 

Título original: Toy Story 5
Año: 2026
Duración: 102 min
País: Estados Unidos
Dirección: Andrew Stanton
Guion: Andrew Stanton, McKenna Harris
Reparto: Tom Hanks, Tim Allen, Joan Cusack, Greta Lee, Conan O’Brien
Musica: Randy Newman
Fotografía: Animación- Matt Aspbury, Jean-Claude Kalache
Compañías: Pixar Animation Studios, Walt Disney Pictures
Género: Animación. Comedia. Aventuras. Infantil.

Crítica en Letterboxd
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Confesión de cinéfila: cuando se anunció esta quinta entrega, mis medidores de cinismo se dispararon. ‘Ya basta, Pixar’, pensé. Dejar marchar es un arte, y Hollywood parece sufrir de amnesia severa cada vez que una franquicia logra cerrar su historia con dignidad. Y es que, asumámoslo, Toy story 3 ya nos había regalado el cierre perfecto, ese lacrimógeno adiós a la infancia que sigue siendo absolutamente insuperable. Pero tras ver Toy story 5, me toca tragarme las palabras. Andrew Stanton no ha venido a cobrarse un cheque de nostalgia barata, ha venido a presentarnos una sátira divertidísima y real sobre la infancia hiperconectada de hoy en día.

Olvidaos de los traumas clásicos de la saga como las mudanzas, los camiones de la basura o incluso los osos de peluche con complejo de dictador que vimos en Toy Story 4. El villano aquí no tiene ojos, pero brilla mucho: es la Lilypad, una tablet infantil que ha abducido por completo la atención de Bonnie. A partir de ahí, el cuarto de la niña se convierte en una zona de guerra donde los juguetes de toda la vida intentan competir contra el estímulo infinito del scroll digital. El dilema existencial es brillante porque cualquiera que tenga un niño cerca sabe que es una batalla real: ¿qué hace un vaquero de trapo cuando su rival es un algoritmo diseñado minuciosamente para enganchar cerebros de ocho años? Eso es precisamente lo que plantea la historia: la tecnología nos está robando la capacidad de aburrirnos, que es precisamente el lugar donde nace la imaginación.

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Fotograma de ‘Toy Story 5’. Foto: Pixar Animation Studios

Para ganar esta guerra, la película acierta de lleno al descentrar el foco de Woody para darle el peso absoluto de la trama a Jessie. Mezclando su energía hiperactiva y el terror absoluto a volver a ser irrelevante nos encontramos con una nueva protagonista muy humana. Por supuesto, también hay espacio para el delirio marca de la casa, destacando una divertidísima trama secundaria donde un contenedor lleno de Buzz Lightyears descatalogados se pierde en el mundo exterior, funcionando como una comedia de acción genial. A este caos se suman nuevos personajes como Smarty Pants, un chisme tecnológico educativo de los dosmil, desfasado y neurótico, que nos conquista en cada escena en la que aparece. Y es que Pixar parece tener una fuente inagotable de personajes secundarios que deslumbran.

Visualmente la cinta es impecable. Pixar ha jugado a contrastar la calidez orgánica, imperfecta y gastada de los juguetes con la luz fría, azulada y estéril de los dispositivos electrónicos. Es un lenguaje visual muy bien construido que te entra por los ojos sin necesidad de que te lo expliquen en los diálogos.

Toy Story 5 no es perfecta, y no pretende competir con el desgarro emocional que supuso la tercera parte (aquella herida sigue abierta, asumámoslo) porque tiene otra misión. Es una película que acepta que el mundo ha cambiado, pero que defiende con uñas y dientes el valor de un abrazo tangible frente a la gratificación instantánea de un like. Con ella Pixar ha logrado lo imposible: que una secuela que nadie pedía se convierta en el recordatorio perfecto de por qué nos enamoramos de este universo hace ya tres décadas. Y es que, los viejos camaradas de plástico, siguen sabiendo exactamente cómo tocarnos la fibra sin perder el sentido del humor.

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LO MEJOR: EL PROTAGONISMO DE JESSIE. APORTA UNA FRESCURA NUEVA A LA NARRACIÓN.
LO PEOR: EL FANTASMA DEL PASADO. POR MUY ENTRETENIDA QUE SEA, LA PELÍCULA SE QUEDA UN ESCALON POR DEBAJO DE SU TERCERA ENTREGA.
8