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‘El último mono’, una aberración incapaz de hacer gracia

Título original: El último mono

Año: 2026

País: España

Dirección: Joaquín Mazón

Guión: Joaquín Oristrell, Yolanda García Serrano

Reparto: Juan Dávila, Susana Abaitua, Conchi Espejo, Óscar Lasarte, Sergio Jiménez, Yani Collado, Xavi Francés, Paula García Sabio, Beth Cohen

Música: Marina Alcantud

Fotografía: Carlos Cebrián

Compañías: Mod Producciones, Misent Producciones, Pecaneta Producciones

Género: Comedia

Crítica en Letterboxd

Juan Dávila se ha convertido en uno de los fenómenos de la comedia española gracias a La capital del pecado, un show de improvisación en el que el público es el protagonista. No se le puede llamar stand up comedy porque Dávila no tiene ningún texto cómico trabajado y memorizado. Él se basa en las experiencias amorosas que va contando la gente del público y, a partir de ahí, va improvisando con mejor o peor fortuna. Tras dar el salto al cine como protagonista con Castigo divino (2026), el humorista vuelve a la gran pantalla con El último mono para intentar demostrar que su éxito sobre los escenarios se puede trasladar al cine. Pero Juan Dávila no es Dani Rovira (por mucho que se empeñe) y la película no hay por donde cogerla.

La historia gira en torno a un gurú de la seducción que enseña a los hombres a conquistar mujeres mediante cursos, frases motivacionales y una filosofía de vida basada en el culto al cuerpo, las burpees y el éxito instantáneo. Enfrente tiene a una periodista de firmes convicciones feministas que pretende desenmascararlo. La premisa tiene cierto potencial porque enfrenta dos mundos completamente opuestos: los vendehúmos de la machosfera vs las integrantes del feminismo más combativo. Sin embargo, el guión no tarda en abandonar cualquier intención satírica para abrazar el camino fácil. Como sucede en casi todas las comedias románticas, dos personajes que parecen odiarse acaban enamorándose siguiendo un recorrido previsible hasta la náusea.

Lo poco que tiene de interés el film es esa caricatura de los falsos gurús de internet. Es difícil no pensar en Llados y en toda esa panda de iluminados que venden disciplina y éxito económico mientras construyen auténticos negocios alrededor del vacío más absoluto. Ahí había una buena idea. Hay cierto lenguaje de gym-bro farlopero ciclado hasta las cejas que funciona como un tiro. Lástima que la película apenas rasque la superficie del asunto y termine conformándose con un conflicto romántico de manual.

Cuando tienes a un pésimo actor de protagonista es normal que la película se resienta. Juan Dávila demuestra una vez más que el talento para la improvisación no siempre se traduce en talento interpretativo. Sobre el escenario tiene una rapidez mental admirable y una capacidad enorme para conectar con el público. Al César lo que es del César. Sin embargo, delante de una cámara le faltan herramientas. Sobreactúa constantemente, fuerza los gestos, subraya cada frase y parece estar interpretando un monólogo en vez de construir un personaje. Todo en él resulta excesivo y falso. No me creo nada. Lo único que juega a su favor es esa expresión de pasmarote que encaja razonablemente bien con este gurú cutre de la seducción. Pero eso no basta para levantar una película.

Susana Abaitua sale bastante mejor parada. Hace lo que puede con un personaje escrito desde el estereotipo y consigue aportar algo de naturalidad cuando el guion se lo permite. El problema es que tampoco tiene mucho margen para construir un personaje auténtico. Su periodista feminista existe, sobre todo, para llevar la contraria al protagonista hasta que, inevitablemente, ambos descubren que en el fondo no eran tan diferentes. Un desenlace que se ve venir prácticamente desde la primera escena.

En líneas generales, no es un film que destaque por hacer reír al espectador. Con lo cual, tratándose de una comedia, tenemos un problema. De los gordos. Se echan de menos gags memorables. Hay algún momento simpático, especialmente la secuencia del karaoke con el tema No controles. Consigue arrancar alguna sonrisilla gracias al buen rollo que transmite. No obstante, son pequeñas excepciones dentro de un film que suele provocar vergüenza ajena durante la mayor parte del metraje.

El desenlace tampoco mejora las cosas. La historia acaba con un guiño bastante evidente a la película Carrie (De Palma, 1976), re-interpretada desde una óptica feminista. Cabe destacar que no sorprende ni al más ingenuo de los espectadores.

Juan Dávila seguirá llenando teatros. Ahí es donde ha encontrado el formato perfecto para explotar su carisma y su capacidad de improvisación. Pero el cine exige algo más: Exige personajes, interpretación, ritmo y un guión que sostenga la historia. Una serie de elementos que en esta película brillan por su ausencia.

En conclusión, El último mono es una comedia romántica previsible, tontorrona y sin apenas personalidad. Desaprovecha una idea que podía haber dado mucho más de sí, repite todos los tópicos habidos y por haber y nunca encuentra el equilibrio entre la sátira y la comedia. Es, sin lugar a dudas, una de las peores películas estrenadas este 2026.

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Fotograma de ‘El último mono’ (Imagen: Buena Vista International España)
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LO MEJOR: LA CRÍTICA A LOS GURÚS DE LA SEDUCCIÓN TIPO LLADOS
LO PEOR: NO HAY NINGÚN GAG MEMORABLE, ES MUY PREVISIBLE, LA INTERPRETACIÓN DE JUAN DÁVILA ES LAMENTABLE Y EL GUIÓN ES MUY FLOJITO
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