La Odisea de Christopher Nolan ha estado salpicada por la polémica desde antes de su estreno. Debates sobre el formato IMAX, la inclusión forzada o las imprecisiones históricas han opacado el mensaje de la película, por lo que puede que te hayas perdido algo por el camino.
Nolan ha llevado a la gran pantalla las dos grandes obras de Homero, la Ilíada y la Odisea, y lo ha hecho a su manera, con la libertad que ha conseguido tras una carrera repleta de éxitos comerciales y de crítica. Y si esto no nace de un encargo, tampoco parece que haya buscado polémica alguna.
El director simplemente ha cumplido una idea que llevaba años fraguando. Y es que, si bien estuvo a punto de hacer Troya (2004), la Warner finalmente encargó la dirección a Wolfgang Petersen. Ahora Universal le ha brindado otra oportunidad con 250 millones y plena libertad para poder hacer la historia que llevaba tanto tiempo enquistada en su mente.
¿Es una historia mitológica?
Como ya he adelantado, y aunque el título no lo contemple, Nolan incluye la Ilíada, es decir, la guerra de Troya que no pudo dirigir en su momento; y, tal y como dicta la Odisea, mantiene el protagonismo de Odiseo (Matt Damon) y su familia (Anne Hathaway y Tom Holland).
En ese sentido, a grandes rasgos, la estructura incluye tres líneas narrativas: la guerra de Troya, la tortuosa vuelta de Odiseo tras la victoria y la agónica espera de su familia en Ítaca, asediada por los pretendientes al trono vacío que ha dejado el protagonista por su marcha.
Las diferentes partes van entremezclándose a lo largo de la película, por lo que es difícil darse cuenta de que la mitología solamente aparece en el regreso de Odiseo. Y aunque el guerrero habla con Atenea (Zendaya) al final de la historia, cuando está de nuevo en Ítaca, la mayoría de pasajes fantásticos suceden en el viaje de vuelta.
Es importante realizar esta distinción porque el final aleja a la película del género de aventuras y mitología y se adentra en una oscura crítica en contra de la guerra.

El giro que cambia el significado de la Odisea de Nolan
A ojos del protagonista, los años de asedio pesaron demasiado sobre los propios atacantes. Habían sido alejados de sus tierras por la ambición de Agamenón y ese sufrimiento acabó desbordándose en una carnicería que se aleja de toda épica, escena que acaba traumatizando a Odiseo.
Se puede rastrear el momento preciso en el que Odiseo rompe con la realidad cuando decapitan a la mujer que interpreta Zendaya al tiempo que hacen lo mismo con una estatua de Atenea. Esa doble mutilación difumina la frontera entre la verdad y el mito, el instante en que Odiseo cruza hacia la locura y no sabe distinguir dónde termina lo ocurrido y empieza lo inventado. En su mente, como punto de partida de su disociación, esa mujer asesinada se transforma en la diosa. Desde ese momento, olvida su hogar y todo su pasado, y solo logra reconstruirlo a través de la mitología. Esta confusión es la que aprovecha Christopher Nolan para acentuar metafóricamente su mensaje antibélico, mostrando así la otra batalla que Odiseo tiene que librar en su regreso.
Este trastorno no nace solo del horror que presencia, sino del remordimiento de saber que fue su caballo el que abrió las puertas de Troya a la matanza. Esa culpa lo acompaña en el viaje de vuelta, donde un nuevo golpe agrava aún más su dolor. Y es que, a lo largo de la película, la amenaza de los pueblos del mar (unos saqueadores que ponen en peligro a toda la población del Mediterráneo) se hace cada vez más presente hasta que Odiseo descubre que son los propios griegos quienes están destruyendo Grecia.

La guerra de hoy en día
Nolan ha sido muy criticado por cuestiones que nunca han caracterizado a su obra. Al contrario, ha continuado empleando los grandes temas que pueden rastrearse a lo largo de su carrera. En La Odisea utiliza, como ya hizo en Inception (2010), la confusión entre realidad y fantasía para reforzar su mensaje. El horror de la guerra es otra de las grandes preocupaciones del director, como mostró, por ejemplo, en Dunkerque (2017). En Oppenheimer, además, había reflejado el remordimiento del inventor de la bomba atómica, el mismo sentimiento que quebró la cordura del creador del caballo con el que pudieron traspasar las fronteras de Troya.
Para el cineasta también es importante destacar que la guerra no solo afecta a quienes la sufren, sino que pone a prueba los valores sobre los que se sostiene una sociedad (hasta el punto de que los propios griegos terminan destruyéndose entre ellos). Quizá por eso la película resulta tan actual.
Precisamente, desde antes de su estreno, la polémica ha ocupado gran parte de la conversación en torno a La Odisea. Nos hemos perdido tanto entre las discusiones que quizá hayamos terminado haciendo exactamente lo que Nolan critica: enfrentarnos entre nosotros hasta el punto de no saber distinguir entre la realidad y la fantasía. En mi opinión, ni Nolan ni la Odisea buscaban generar ningún debate, sino que más bien ha sido la gente quien lo ha generado por su cuenta, los unos y los otros, antes y después de ver la película.
Luchamos contra nosotros mismos. ¿Seremos también los pueblos del mar?


