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‘A fuego’, bailar expresa lo que las palabras no dejan

Título original: A fuego 

Año: 2026

País: España

Duración: 1 hora 37 minutos

Dirección: Estel Díaz

Guion: Estel Díaz, Nuria Dunjó. Idea: Javier Ruescas

Reparto: Zoe Bonafonte, Marc Soler, Ruslana, Omar Banana, Miquel Melero, Ujin Moreno, Ton Vieira, Cris Blanco y Carlos Noriega

Fotografía: Beatriz Sastre

Compañías: Atresmedia Cine, Sábado Time, A Contracorriente Films

Género: Drama

Crítica en Letterboxd

El baile no es solo ejercicio o un deporte. Es un arte que nos permite expresarnos a través del movimiento y del cuerpo. Al ritmo de la música y al compás de ella, logramos mediante los pasos y diferentes tipos de estilos que existen, poder transmitir mensajes que no somos capaces de sacar con palabras.
En A fuego, la directora Estel Díaz nos transporta a un búnker abandonado donde un grupo de chicos muy diversos utilizan el baile como forma de desfogue y entretenimiento. Seguimos a Lola (Zóe Bonafonte, El 47), que tras perder a su hermano Nico (Miquel Melero), se adentra en este búnker en busca de respuestas, ya que el baile era una de las cosas que más la unían a su hermano.
Con un tono juvenil, entretenido y vibrante, logramos meternos dentro de este ambiente clandestino igual de confusos que Lola. Las interpretaciones de los actores son frescas, vivas, y frenéticas, poniendo al descubierto el talento joven de nuestros intérpretes más prometedores, que además también son a la vez, grandes bailarines con un notable conocimiento en ello. Destacan los diálogos y las expresiones utilizadas por los personajes, muy cercanos a la realidad y perfectamente reconocibles dentro de la Generación Z.
La película es dinámica, con unas escenas coreográficas muy disfrutables que mezclan todo tipo de movimientos, desde la danza clásica hasta el hip-hop o la danza contemporánea. El largometraje se mantiene despierto la hora y media que dura, logrando dejar al espectador pendiente y no perderse todo lo que va a ir sucediendo. A pesar de este ritmo latente, también encuentra espacio para momentos más íntimos que generan melancolía, tristeza o incluso ternura.
Al abordar temas tan delicados como el suicidio o el abuso de sustancias, A fuego no deja al público disconforme, puesto que los trata de manera respetuosa y consciente. Incluso consigue arrancarnos alguna que otra lágrima gracias a situaciones con las que resulta fácil empatizar. También saca a la luz como en ambientes tan competitivos surgen sentimientos como la culpabilidad o la envidia, haciendo más humanos aún a todos los personajes que, al fin y al cabo, cometen errores y dicen mentiras.
Tampoco deja de lado, la lealtad entre amistades, los enamoramientos típicos de la edad y las ansias de libertad que intentan camuflar con una falsa idea de madurez. Se crea, por ello, un clima y química muy veraz entre todos los personajes, que a pesar de tener sus diferencias, se aceptan tal y como son. Destacar también el gran diseño de vestuario, muy moderno y creativo. Se nota que el ideario se adapta muy bien a las tendencias y a la forma de vestir de los jóvenes de hoy. La gran banda sonora igual de divertida que el ritmo cuando lo pide e igual de nostálgica que cuando los sentimientos de los personajes lo gritan.
Quizás algo que pueda molestar a un espectador un poco más experimentado en el cine son los clichés que terminan por existir en la gran mayoría de largometrajes juveniles, algo donde por su temática es bastante más frecuente de lo normal. Estos clichés típicos logran que mucha más audiencia se sienta identificada, pero puede pecar de ser algo superficial o predecible para algunos, y que no a todo el mundo pueda agradarle, aunque sea una buena película.
Concluyendo, personalmente me ha gustado mucho A fuego porque he tenido un fuerte vínculo con la danza durante buena parte de mi vida. Por eso os recomiendo que vayáis a verla y disfrutéis de una tarde bien movida en una sala de cine.
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Fotograma de ‘A fuego’ (Imagen: Acontracorriente Films)
Nota de lectores4 Votos
8.4
LO MEJOR: LA CREDIBILIDAD DE LA HISTORIA Y PERSONAJES
LO PEOR: EL USO DE CLICHÉS
7.5