Título original: Viaje al país de los blancos
Año: 2026
Duración: 110 min.
País: España
Dirección: Dani Sancho
Guion: Guillem Clua.
Reparto: Ousman Umar, Emma Vilarasau, Benjamin Adams, Jordi Bosch
Música: Laetitia Pansanel-Garric
Fotografía: Lluís Ferrer Calafell, Marcel Pascual
Producción: Mundo Cero, Atresmedia Cine, A Contracorriente Films
Género: Drama basado en hechos reales.
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Si existe alguna historia que debe ser contada, esta es la del periplo de miles de migrantes africanos en su ruta hacia Europa; historias, todas ellas, de resiliencia, sufrimiento y esperanza en el camino hacia un destino idealizado que no les recibe como ellos han soñado. Daniel Sancho debuta en la dirección de un largometraje de ficción con Viaje al país de los blancos, una película que, antes, fue libro y mucho antes que libro, la experiencia real de Ousman Umar la cual Guillem Clua (Smiley, Los renglones torcidos de Dios) se ha encargado de guionizar.
La película narra tanto el viaje exterior como interior de Ousman Umar, un chico nacido en Ghana que, fascinado por la ciencia y tecnología desarrolladas por los europeos, decide abandonar su pueblo natal con el objetivo de llegar a Europa y adquirir, él también, ese conocimiento. Una vez allí, no obstante, Ousman comprobará que la promesa de paraíso que representaba Europa no es como había imaginado y su suerte dependerá de la bondad (o no) de las personas que se vaya encontrando.
Una de las decisiones más interesantes, a mi parecer, de la propuesta de Sancho radica en gran medida en la estructura, que no es la habitual en este tipo de películas de viajes – por llamarlo de alguna manera-. En Viaje al país de los blancos no vamos a acompañar al protagonista desde que sale de su casa hasta que llega a Europa, sinó que un enorme silencio entre su partida y su llegada irá ocupando poco a poco cada recoveco de la película aumentando paulatinamente hasta ensordecernos. El vacío que ocupa la ausencia de Musa, el mejor amigo de Ousman, en esa nueva vida en el paraíso se va colando en cada plano, en cada peripecia, en cada amigo encontrado o perdido. La culpa, la soledad y el desamparo, pues, van a ser los compañeros de viaje de Ousman y coprotagonistas en todo el relato, sin que ello le haga perder el foco ni las ganas de seguir: “always forward, never backwards”.
Así, tan o más importante que el viaje será su meta -aunque en realidad es un nuevo punto de partida- pues es allí cuando se nos plantea si la odisea merece el precio que ha tenido que pagar el protagonista para llegar a un mundo que no conoce ni entiende y en el que a menudo no es bienvenido. Sancho es capaz de construir una narración que camina por la cuerda floja sin caer en lo superficial, ni en lo puramente lacrimógeno, y contarnos una historia durísima y profunda sin recrearse en la miseria humana. Es esa capacidad del director de mantener el equilibrio la que convierte la historia de Ousman en un relato universal de fraternidad, de superación y lleno de humanidad.
Contar con el propio Ousman Umar en el elenco, tanto en la narración como actuando de él mismo en su etapa adulta, ayuda a anclar esa dimensión universal, pues su presencia y su voz nos recuerdan todo el rato que estamos delante de una historia real. A su vez, tanto Benjamin Adams (Ousman adolescente) como Victor Say (Ousman niño), ambos también debutantes, logran una actuación convincente y emotiva ayudada de un guion bien hilado y que se sostiene con firmeza y una dirección que les ha sabido explicar muy bien qué y cómo contar la historia del protagonista. El otro gran personaje de la narración es Montse, interpretada por Emma Vilarasau (Casa en llamas), la que será la mentora de Ousman y la mano tendida que le mantendrá a flote. Vilarasau es capaz de llenar de luz cada fotograma y hacerte saber en todo momento que su presencia va a mejorar exponencialmente la película; crees en su bondad y entiendes que si ella está presente, nada malo puede ocurrir.
Viaje al país de los blancos no acaba cuando acaba el viaje, ni siquiera cuando acaba la película. De hecho todavía no ha acabado. Su dimensión de denuncia social traspasa lo audiovisual poniendo sobre la mesa cuestiones como la responsabilidad que tienen los estados respecto de estas personas ¿Somos conscientes de lo que puede haber vivido una persona que vemos durmiendo en la calle? Pregunta Ousman. No se puede delegar la responsabilidad de integración a particulares con buena voluntad, ni tampoco se puede controlar la migración contratando a bandas organizadas que impidan la llegada de esas personas. La película nos propone reflexionar sobre todo ello, en un relato muy bien construido y mejor interpretado; una historia contada desde un profundo respeto hacia aquellos que lo arriesgan todo, incluso la vida, para tener un futuro mejor.



