Título original: Alley Cats
Año: 2026
Duración: 17 min.
País: Reino Unido
Dirección y guion: Ricky Gervais
Co-dirección: Elliot Deer
Reparto: Ricky Gervais, Tom Basden, Andrew Booke, David Earl, Kerry Godliman, Jo Hartley, Diane Morgan
Música: Andy Burrows
Montaje: Rachel Breman
Productoras: Derek Productions Limited, Blink Industries
Distribuidora: Netflix
Género: Animación, Comedia, Drama
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¿Hace falta introducir a Ricky Gervais? Guste su humor más o menos, no hay duda que es de los pocos cómicos que quedan en la actualidad con un impacto cultural tan grande. Hay algo de cierto cuando se dice que ya no quedan muchos cómicos como Gervais, pero no precisamente por el humor políticamente incorrecto. Manifestando cinismo, nihilismo y un lenguaje explícito, pero manteniendo ante todo, un sincero sentido de existencialismo, una pequeña esperanza humanista, y hasta incluso, una fuerte conciencia política y social.
Es entendible que el humor de Gervais no sea para todo el mundo, pero no se trata de humor ofensivo grosero, sino un llamamiento a los pensamientos, actitudes y momentos más oscuros posibles – tanto en el pasado como en la actualidad -, y reírse de la estupidez de la maldad y la ignorancia. Necesitamos reír para aprender y afrontar los peores momentos de la vida. Ahora depende de cada quien si esto lo consigue Gervais o no, pero está claro que ese es su objetivo principal.
Esta pequeña reflexión sobre el humor y el arte de Gervais, no habla solo por la comedia sino también por su impecable trabajo en la televisión como director, guionista y actor tragicómico. Desde su trilogía de la televisión junto a Stephen Merchant – donde revolucionó el humor con ‘The Office‘, siguió con la divertida ‘Extras‘ y concluyó con la agridulce ‘Life’s too Short‘ – hasta su incursión en la comedia dramática más amarga pero también dulce con ‘Derek‘ y ‘After Life‘.
Es en estos dos últimas series especialmente en las que Gervais manifestaba a través de su ingenio sus mayores y personales inquietudes existencialistas, psicológicas y humanísticas. Ambas obras poseen un humor negro, que en ocasiones llegaba a lo explícito, pero funcionaba a la hora de generar esa incomodidad y se desarrollaba muy bien para llegar a los momentos dramáticos más duros.
Ahora se adentra por primera vez en el mundo de la animación para narrar la «historia» de cuatro gatos callejeros. Gervais nos demostró con sus cinco anteriores series notables, que la calidad máxima era lo único que podíamos esperarnos de él. Sin embargo, una vez empiezas el primer episodio y a medida que vas avanzando la serie, algo se siente fuera de lugar.
Es como si toda la inteligencia y la diversión que definía el arte de Ricky Gervais, aún incluso hoy, se encuentra ausente. El cinismo, el lenguaje soez y lo gamberro, e incluso el corazón siguen presentes. Pero todos los elementos que Gervais había perfeccionado a lo largo de los años – llegando incluso hasta la cumbre con el final de ‘After Life‘ -, parecen haber perdido frescura y rumbo.
El problema principal es que la serie peca de repetitiva, acelerada, y sin enfoque. La comedia, que en los trabajos de Gervais buscaba la incomodidad y los contrastes frente a la estupidez de la vida y el ser humano, busca aquí solo la mera provocación. Claro que su humor siempre ha sido oscuro, grosero, y hasta escatólogico, pero había una verdadera narrativa tras ello y un remate mucho más original e ingenioso que el mero telón de lo polémico.
Aquí suelen pecar del mismo problema que muchas series de animación para adultos cometen, y es el sobreuso de palabrotas o explicaciones explícitas cómo punto principal de la comedia. En esta ocasión, Gervais no realiza esa construcción de personajes que tanto había ayudado a definir su humor como narrativa, y los reduce solo a uno o dos rasgos que definen personalidades planas. Puke, el personaje de David Earl – quien interpretaba a los personajes más desagradables pero entrañables en las últimas series de Gervais – aquí se limita a solo ser guarro y con pocos apéndices de posible profundidad mencionados en un capitulo, pero no expresado.
Ninguno de los personajes, ya sean tontos, guarros o cínicos, consiguen destacar entre sí, por lo que el humor de diálogo explicito se hace pesado y cansado. Solo Ponce, interpretado por Tom Basden, consigue sacar una sonrisa de vez en cuando, ya que destaca al ser el más inteligente de esta pandilla grosera. Pero sí ya la comedia trillada e infantil duele viniendo de Gervais, el drama es sin duda el punto más triste por lo que podía haber sido. La diferencia de esta nueva serie respecto a las anteriores – a parte de ser animada -, es que cada capítulo tiene una duración de 15 minutos en vez de 25 o 30, y se nota.
Los arcos argumentales aparecen por conveniencia sin un desarrollo convincente que las sostenga. Gus, el gato naranja cínico y grosero interpretado por Gervais – cómo no -, tiene momentos dramáticos, emocionales y de conexión con la gatita que tiene que cuidar, y con su interés romántico. Tanto el desarrollo paternal como el romántico, no llegan a funcionar debido a lo apresurado que se siente el desarrollo. Se nota que Gervais busca darle la misma profundidad de sus anteriores trabajos a estos gatos animados. Pero aunque la intención está ahí, no se siente ni tan fresca ni reflexiva, cómo al nivel que ya nos tenía acostumbrado.
Después de un buen rato en el que estos gatos no paran de hablar de las mismas tonterías, Gervais vuelve a ofrecer sus reflexiones melancólicas sobre la humanidad y la muerte, la cuáles se sienten planas y superficiales en esta ocasión. Hay muchos temas que podrían haber profundizado cómo la destrucción del ser humano al medio ambiente, o la propia naturaleza de este visto desde los ojos de unos animales.
Pero el problema es que o bien se quedan a medias, o no terminan de desarrollar dichos temas de una manera compleja y reflexiva. Hay un momento al final en el que uno de los personajes hace algo horrible al niño, pero nunca se toman la molestia de procesarlo. Se notan que hay ciertos diálogos y momentos reflexivos, que están hechos solo para subirlo como reels motivacionales en Instagram como pasó en ‘After Life‘. Pero esta vez carecen de la complejidad emocional y sensible que hizo tan efectiva y conmovedora esa serie sobre la muerte en específico.
Es una pena solo que la serie no solo no funcione, sino ser consciente de todo el potencial que se ha desaprovechado. Los colores y las trazos son preciosos, el reparto es muy talentoso, y hasta incluso el quinto capítulo es el que mejor funciona al ser puramente dramático. Pero los problemas no solo son notorios y afectan al disfrute de manera grave, sino que además duelen por quien viene. El ingenio, la amargura y la sensibilidad que hace a Gervais un genio y uno de los pocos autores de la televisión – te gusté o no su humor -, no se encuentra presente.
Uno puede hallar más profundidad narrativa, cómica y filosófica en sus stand-ups de Netflix. Gervais siempre ha sido un artista controversial, pero este podríamos decir que es su verdadera metida de pata. No vale la pena decir que es ofensivo, porque está lejos de serlo. Pero sí se puede decir que estamos ante la decepción televisiva más triste del año, viniendo de un maestro del medio como Ricky. Esperemos que bien la segunda temporada sea mejor, o que se reinvente en su próxima amarga tragicomedia.



