Título original: La bola negra
Año: 2026
Duración: 155 min.
País: España
Dirección: Javier Calvo, Javier Ambrossi
Guion: Javier Calvo, Javier Ambrossi (Basado en las obras de Alberto Conejero y Federico García Lorca)
Reparto: Guitarricadelafuente, Miguel Bernardeau, Carlos González, Milo Quifes, Penélope Cruz, Glenn Close
Música: Raül Refree
Fotografía: Gris Jordana
Compañías: Suma Content, Movistar Plus+, El Deseo, Le Pacte, Atresmedia Cine.
Distribuidora: Elastica Films, Movistar Plus+
Género: Drama. Romance
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El lunes fui al pase de prensa de Madrid, en los Cines Golem. Desde que escribo reseñas, no había visto tanta expectación en un pase como la de aquella mañana. Una sala llena que demuestra hasta dónde es capaz de llegar el marketing del segundo largometraje de Javier Calvo y Javier Ambrossi. La bola negra viene precedida de una enorme campaña en la que, a veces, se siente que más que hablar sobre la película se habla junto a ella.
La bola negra viene acompañada de críticas y frases hechas como «la mejor obra del cine español», como si fueran un refrán que se repite, del tipo «la brisa pone moreno». Todo ello dificulta un análisis crítico propio, por miedo a salirse de la norma, y genera unas expectativas tan altas que, cuando la emoción no aparece, la epopeya termina convertida, injustamente, en una anécdota.
Y, como fan del enorme talento de Los Javis, de Penélope Cruz, de Alberto Conejero, de Federico García Lorca y del cine, intenté entrar en la sala como quien desconoce por completo lo que se va a encontrar. Virgen de información, premios, quinielas, titulares, tráileres y reacciones de influencers. Así que cerré los ojos y solamente los abrí cuando la sala se oscureció.
Han pasado los días y el visionado general sigue sin dejarme una huella demasiado profunda. He dejado el tiempo suficiente para que reposara la intensidad que yo había colocado en ella. Quizá la decepción es cosa mía o un hecho muy simple: el cine es subjetivo. Pero tampoco hay que llevarse a engaño: La bola negra es una obra necesaria y con múltiples aciertos.
Entre ellos, un prólogo magníficamente filmado, donde la historia se sitúa en 1932, precisamente en la línea temporal que los Javis toman de La piedra oscura de Conejero (también guionista), y que, por lo tanto, es la mejor de las tres porque funciona por sí misma. Y no es casualidad que sea mi favorita: Conejero es un autor al que admiro especialmente y En mitad de tanto fuego es una de mis obras predilectas.
En el 32 se retrata muy bien la represión sexual, con imágenes y escenas que me recordaron a Beau Travail (1999) de Claire Denis. Y es lógico que funcione así porque, partiendo de un material tan sólido, Guitarricadelafuente y Miguel Bernabéu nos ofrecen una lección de cine e interpretación, aderezada de un sublime escenario, con un despliegue de estilo y técnica inauditos en dos directores tan jóvenes.
Y del 32 pasamos al 37, donde Milo Quifes nos regala una interpretación madura y una de las mejores escenas en plano secuencia de la película. Hasta llegar al 2017, donde Carlos González recibe la herencia de su abuelo, una línea temporal que sirve para subrayar la memoria histórica y que aporta el mayor peso cómico gracias al desparpajo natural de Yenesi.
Por lo tanto, La bola negra se centra en tres personajes homosexuales en distintos tiempos, unidos por la presencia de Lorca y su obra inacabada. Y aquí es donde radica, para mí, el mayor problema de estructura y de ritmo: mientras que en Las horas (2002) de Stephen Daldry, el conjunto no se sentía deslavazado, en La bola negra sufre una descompensación que le resta aire. Tal es así que no hay tiempo suficiente para que cada personaje permanezca y penetre en el espectador.
De repente, Glenn Close o Penélope Cruz se sienten como piezas lanzadas al aire de un puzle que se resiste a detener su ambición. Los cameos de caras conocidas me sacan por completo de la historia, especialmente en la línea temporal del presente. Y, aunque admiro profundamente a Cruz, su interpretación aquí no alcanza la espectacularidad que parece buscar.
Querer contarlo todo en un espacio tan limitado quizá habría funcionado mejor en formato de serie. Es curioso, y algo que sucede con frecuencia, que las imágenes y encuadres más bellos estén en el tráiler, creado exclusivamente por los Javis. Un tráiler precioso que muestra demasiado e insinúa muy poco.
Entiendo la necesidad de hablar de aquello que se ha callado durante tantos años, pero creo que la figura de Lorca habría sido un homenaje más especial si se hubiera abordado a través de su esencia, esa que se impregna sobre todo en la hermosa escena de la nieve, acompañada de una banda sonora perfecta. Ahí sí siento a Lorca sin necesidad de verlo.
El olvido de dónde venimos y de quién se ha ido está ahí, pero contado con conocimiento de causa y, quizá, con demasiado cálculo detrás. Y es una pena, porque si los Javis no hubieran mostrado a Lorca de forma tan explícita y se hubieran centrado únicamente en la obra de Conejero, que ya es en sí misma un hermoso homenaje, quizá habríamos encontrado esa película de la que tanto se ha hablado antes de verla.
Estaré feliz de su triunfo, porque me tocan en primera persona los sentimientos que describe, aunque creo que no llega a profundizar en ellos.
Porque yo quería que me calara hasta los huesos. Y quizá ese sea, precisamente, el mayor problema: que después de tanta campaña, tanta expectativa y tanta epopeya, lo que más deseaba encontrar era algo mucho más sencillo. Una historia que, simplemente, me emocionara.



