Auge y caída del terror found footage: el género de imposible resurrección

The Blair Witch Prohect
Heather Donahue en ‘The Blair Witch Project’(Imagen: Sensacine)

No hay funeral cuando un género (cinematográfico) muere. Es cierto que no suelen ser fallecimientos súbitos; languidecen, experimentamos en vida su luto y cuando sucede, nos decimos que han evolucionado. Amén, y a otra cosa. Así sucedió no hace tanto con el found footage (metraje encontrado, falso documental), el destronado rey del terror que durante dos décadas dominó todo un género y que hoy dejó de encontrarse para volver al desván.

Cuando nace un género, en cambio, sí suele haber celebración, simbólica y a posteri, pero sí se reparten méritos y medallas. Se habla de ‘Holocausto Caníbal’ (1980) como la primera gran película de falso documental de terror. Pero todos sabemos que eso nos lo decimos para hacernos los entendidos, y que cuando realmente explotó el género fue en 1999 con ‘El proyecto de la bruja de Blair’.

Holocausto Caníbal
Fotograma de ‘Holocausto Caníbal’(Imagen: FilmAffinity)

Tras ella, vivimos felices años de credulidad masiva. El cine found footage pide muy poco (especialmente en términos presupuestarios). Pero a nosotros, como espectadores, nos pedía tan solo que le creyéramos. Un pacto de verosimilitud: la película pondría, por su parte, actores no conocidos, planos anti académicos, diálogo sin filtro o tempo y una cartela inicial que te prometía que lo que vas a presenciar es real. A cambio, te acercarían al terror, crudo, sin aparente edición ni maquillaje. Confía, esto pasó de verdad.

Era un buen pacto. Dio la bendita casualidad de que, a comienzos de siglo, el público ansiaba algo tremendamente barato de crear. Las cámaras de vídeo en mano por fin habían llegado a todos los hogares. Jugar al terror con un aparato doméstico de tanto poder visual era un caramelo para cualquier estudio de cine. Ni siquiera tenían que trabajar en efectos visuales ni en crear al monstruo. El terror brillaba en lo amateur.

Pero, ¿por qué no encontramos ya películas de found footage?

La primera respuesta parece sencilla: por la saturación. Por romper la gallina de los huevos de oro. Morir de éxito. Porque todos recordamos ‘REC’ (2007), ‘Paranormal Activity’ (2007), ‘Cloverfield’ (2008), ‘Grave Encounters’ (2011), ‘Hell House’ (2015) o ‘Lake Mungo’ (2008) – quizá la más interesante y desconocida de la lista, disponible en YouTube -.

Pero entre 2005 y 2020 el mercado atiborró al género. Y a su público con él a través de cintas de discutidísima calidad. La explicación era sencilla: costes de producción mínimos y rentabilidad asegurada.

REC
Manuela Velasco en ‘REC’, uno de los found footages mejor logrados de su género (Imagen: IMBd)

Entonces, caso cerrado. Se saturó la oferta, se cansó la demanda. Fue un accidente. A otra cosa. Hay más géneros que resolver.  

Por desgracia, la realidad es más compleja que eso. El principio del fin de este género podemos marcarlo próximo al auge del smartphone y la nueva revolución digital. Y no es una simple casualidad. En el momento en el que las películas ya no se encontraban ni archivaban, sino que vivían en nuestras pantallas, la magia comenzó a desvanecerse. Al terror siempre le sentó bien la imagen borrosa.

Salvo algunas contadísimas excepciones ­­­-como ‘Host’ (2020), que tuvo la inteligencia de enmarcarse en un contexto de cuarentenas y boom de las video llamadas – al found footage le favorecía lo analógico: el tesoro perdido, el rebobinar, el grano, la caja en el desván con cintas.

Se trató de evolucionar, por supuesto, pero esto no suele funcionar. Paranormal Activity 4 (2012) intentó meter webcams y sensor de movimiento Kinect para pillar al fantasma. El resultado fue sonrojante.

Host como ejemplo de la evolución del found footage
Fotograma de la película ‘Host’(Imagen: Amazon Prime)

Pero entonces, ¿fue la tecnología, la omnipotente era digital de los iPhones, stremings, Black Mirror y trends quien mató al rey de la cámara en mano? Hemos pillado al mayordomo en la cocina con el cuchillo ensangrentado. ¿Acaso no es el asesino?

De nuevo, la realidad es aún más compleja. El año pasado ‘Undertone’ sorprendió con una extraordinaria historia anclada en los podcasts, siendo sus momentos más horripilantes los narrados a través de este formato hoy aún en auge. Y la fórmula no era nueva. ‘The Ring’ en 1998 ya sacó provecho de la tecnología para maldecirla. El terror y la tecnología siempre se han llevado bien.

El pacto se ha roto

Entonces, si no fue el mayordomo… ¿quién mató al found footage?

Me temo que nosotros. O mejor dicho, nos han obligado a matarlo, porque nos han cambiado la forma en la que percibimos la realidad (justamente consiguiendo que no veamos nada real).

Undertone
Nina Kiki en la película Undertone. (Imagen: FilmAffinity)

En 2017, un desconocido cineasta llamado Turner Clay estrenó ‘The Blackwell Ghost’, la primera de una extensa saga de mediometrajes donde se proponía demostrar la existencia de fantasmas. Cruda, desconcertante, casera, sin estructura narrativa ninguna y a la vez, brillante. Su aparente y conseguidísima improvisación llevó al límite el concepto de este género que comenzaba a extinguirse. Lo que sus cámaras captaban ya no nos podía sorprender tanto. La vacuna del cinismo nos empezaba a surtir efecto.

¿Conseguiría Orson Wells, en 2026, asustar a la gente en sus casas por una narración de la Guerra de los Mundos? Y no es que seamos más listos, solo somos más insensibles y cínicos. Si mañana scrolleando vemos un fragmento de telediario narrando una invasión alienígena diremos que es IA, y moveremos el pulgar. (Por cierto, no entender esto hizo que Spielberg fallara con su ‘Revelation Day’, o Shyamalan con su final de ‘Múltiple’).

Con esta incredulidad, es difícil hacer un cine que pide que le creas. Ya no nos fiamos de lo que vemos en pantalla, ni estamos tan dispuestos a sumergirnos en una historia narrada a través de un móvil cuando a través del mismo podemos moldear la realidad a nuestro antojo.

¿Queda algo del found footage? ¿O se tiraron sus cenizas al mar?

Precisamente su muerte sirvió para abrir la que quizá sea la mejor época del terror de su historia; siendo el único género que parece hacer avanzar a la industria hacia nuevos horizontes más allá del remake y las adaptaciones.

En aspectos formales, su espíritu sobrevive con el terror analógico de obras como ‘The Backrooms’ (2026) o la serie ‘Archivo 81’ (2022). Pero aún en éstas, el found footage se encuadra en el pasado, como una memoria maldita y lejana.

The Backrooms
Fotograma de la película The Backrooms.

La marcha del found footage permitió encumbrar al terror como gran catalizador de historias y tragedias humanas.Ya no buscamos solo que el susto nos haga saltar del asiento, sino que nos ayude comprender nuestros traumas (‘Smile’, 2022), nuestras relaciones (‘Obession’, 2025), nuestras familias (‘La maldición de Hill House’, 2018) o nuestros propios cuerpos (‘La sustancia’, 2024). En realidad, es una vuelta al terror como metáfora y aprendizaje colectivo. Algo que también le sienta bien.

Es posible que el found footage haya desaparecido para siempre, y que no vivamos una noche de los géneros vivientes este octubre. Quizá los géneros cuando mueren no necesitan de un funeral, y nadie les llora porque en el fondo no los echamos tanto de menos.

Este artículo está basado en hechos reales. Los nombres de lugares y personajes no han sido modificados para conseguir la máxima veracidad posible. Su autor permanece aún en paradero conocido, sin necesidad de ser buscado por las autoridades.