Título original: Ramayana: Part 1
Año: 2026
Duración: 195 minutos
País: India
Dirección: Nitesh Tiwari
Guion: Shridhar Raghavan, Nitesh Tiwari
Fotografía: Pankaj Kumar, Mahesh Limaye
Música: Hans Zimmer, A. R. Rahman
Productora: Monster Mind Creations, Prime Focus Studios
Género: Acción, Fantástico
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Hay historias que forman parte del imaginario colectivo de millones de personas. Es el caso de la Odisea, la Biblia o El Quijote. La adaptación de estos textos al cine supone un desafío añadido, ya que, además de trasladar una historia escrita a un lenguaje distinto, como es el audiovisual, implica incorporar todo un universo de referencias, símbolos y personajes que ya forman parte de la memoria cultural de varias generaciones. El Ramayana, uno de los grandes relatos épicos de la tradición india, es una de ellas, aunque en Occidente su historia y sus personajes sigan siendo desconocidos para buena parte del público.
En esta ocasión, el productor Namit Malhotra une fuerzas con el director Nitesh Tiwari en Ramayana: el nacimiento de una leyenda (2026), primera entrega de una bilogía cinematográfica que lleva a la gran pantalla esta célebre epopeya de la tradición hindú. La historia enfrenta a Ravana, el poderoso rey demonio de Lanka, interpretado por Yash, con Rama, príncipe de Ayodhya y avatar del dios Vishnú, a quien da vida el popular actor de Bollywood Ranbir Kapoor. Completan el reparto Sai Pallavi, en el papel de Sita, esposa de Rama, y Ravi Dubey, que interpreta a Lakshmana, hermano del protagonista.
Llevar a la gran pantalla un relato tan vasto y cargado de simbolismo exige encontrar un equilibrio entre respetar la obra original y hacerla accesible a quienes se acercan a ella por primera vez. Por tanto, el propósito de esta primera entrega es sentar las bases de un complejo mundo mitológico, presentar a sus personajes y preparar el terreno para el conflicto que está por llegar. La película cumple con creces este objetivo, ya que consigue acercar este universo a espectadores que apenas conocen el Ramayana y facilitar la comprensión de sus principales personajes y acontecimientos.
Sin embargo, su mayor fortaleza puede convertirse también en su mayor debilidad. Lo que debería servir para introducirnos en este mundo termina transformándose, en ocasiones, en un recorrido demasiado pausado, lastrado por el uso excesivo de la voz en off. Este recurso permite contextualizar los acontecimientos y facilita la comprensión de una historia compleja, pero termina generando la sensación de estar asistiendo a una explicación constante de lo que vemos en pantalla.
Algo parecido ocurre con su apartado visual. El despliegue de efectos especiales es uno de los grandes atractivos de Ramayana: el nacimiento de una leyenda, con momentos en los que resulta difícil no dejarse llevar por la espectacularidad de sus imágenes. No es de extrañar si tenemos en cuenta la trayectoria de su productor, Namit Malhotra, CEO de DNEG, uno de los estudios de efectos visuales más reconocidos de la industria, que acumula ocho premios Oscar en esta categoría por su trabajo en películas como Origen (2010), Interstellar (2014), Ex Machina (2014), Blade Runner 2049 (2017), First Man (2018), Tenet (2020), Dune (2021) y Dune: Parte Dos (2024).
Sin embargo, esa misma ambición visual acaba jugando en su contra en determinados pasajes. La acumulación de efectos, el aspecto artificial de algunas composiciones y ciertos elementos que parecen demasiado digitales terminan restando credibilidad a un universo que necesita resultar tan fascinante como tangible.
En el apartado interpretativo, Yash consigue destacar especialmente como Ravana. Su presencia y la intensidad con la que aborda al antagonista aportan una fuerza particular a la película, convirtiendo sus apariciones en algunos de los momentos más interesantes del visionado. Frente a él, Ranbir Kapoor ofrece un Rama mucho más contenido y sereno, una interpretación que encaja con la naturaleza del personaje, pero que también hace que su presencia pase algo desapercibida, al menos en esta primera entrega de la bilogía.
Ramayana: el nacimiento de una leyenda es, en definitiva, una película que quiere construir algo enorme y que, en buena medida, consigue trasladar esa ambición a la pantalla. Su espectacularidad visual, el universo mitológico que plantea y el trabajo de Yash son motivos suficientes para acercarse a ella en cines. No obstante, también deja la sensación de que, en su empeño por sentar las bases de una gran saga, se olvida a veces de contar una historia que funcione por sí misma. Habrá que esperar a la segunda entrega para descubrir si consigue encontrar el equilibrio que esta primera parte deja pendiente.
Namaste, amigos.



