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‘Dune’, ¿cuándo un montaje no es sólo un montaje?

Nos sumergimos en un desierto abrasador. La arena susurra secretos ancestrales y los destinos del imperio se entrelazan en una danza cósmica. Desde las profundidades de la novela homónima de Frank Herbert hasta las brillantes imágenes tejidas por la visión magistral de Denis Villeneuve, nos adentramos en un viaje cinematográfico sin igual.

Tras estrenarse la segunda parte de esta historia, Dune se consolida como algo más que una simple saga cinematográfica. Es un portal hacia lo desconocido, un festín visual que desafía nuestras percepciones y nos invita a explorar las profundidades de este nuevo universo. En este análisis desentrañamos los misterios del montaje y la narrativa visual que convergen para crear una experiencia cinematográfica transformadora.

Desde su monumental apertura hasta su climático desenlace, Dune se erige como una obra maestra de la construcción narrativa. Cada fotograma está cuidadosamente ensamblado para transmitir no sólo información visual, sino también emocional. Es en este revuelto de imágenes y sonidos donde reside la verdadera magia de la película.

En el corazón de esta leyenda cinematográfica está el trabajo del compositor y editor Joe Walker. Su colaboración con Villeneuve se ha extendido a lo largo de cinco películas; desde su primer proyecto juntos en Sicario (2015) hasta Dune, cuya primera parte le valió el Oscar al Mejor Montaje. Walker guía al espectador con su mano experta a través de los intrincados laberintos de la trama. Crea una experiencia narrativa hipnótica y estimulante mediante una combinación única de cortes precisos, transiciones fluidas y ritmo calculado.

 

Una de las características más distintivas del montaje en Dune es su habilidad para romper con las convenciones tradicionales de continuidad y secuencia temporal. En lugar de adherirse estrictamente a una progresión lineal de eventos, la película utiliza saltos en el tiempo y el espacio para crear una sensación de dislocación y ambigüedad. Este enfoque no sólo refleja la naturaleza fracturada del universo de Dune, sino que también sirve para profundizar la complejidad emocional y psicológica de los personajes.

Un aspecto fascinante de Dune: Parte Uno radica en su habilidad para transmitir complejidad a través de detalles visuales, especialmente en escenas clave como las que involucran el uso de ‘La Voz’ por parte de las Bene Gesserit. Durante la prueba de la Reverenda Madre (Charlotte Rampling) a Paul Atreides (Timothee Chamalet), hay una discontinuidad visual notable. Sin embargo, al volver al plano de Paul, aún permanece estático en el mismo lugar. Estas rupturas en la continuidad de la acción es un recurso hábilmente utilizado para resaltar la naturaleza perturbadora y sobrenatural de esta habilidad, agregando profundidad a la narrativa. 

Cuando la especia entra en pantalla y la percepción de Paul se desvía momentáneamente hacia alucinaciones que no llegamos a presenciar, la reacción de Paul es crucial. Su expresión facial y lenguaje corporal nos transmiten la intensidad del impacto que estas visiones tienen en él, incluso cuando la audiencia no está directamente expuesta a lo que él está experimentando.

El uso magistral del montaje para transmitir temas y motivos recurrentes es otro aspecto destacado de la película. Walker no sigue una continuidad lineal; en su lugar, emplea una continuidad emocional. Un ejemplo de esta técnica se encuentra en las escenas en las que Paul debe abandonar su hogar. En estas secuencias, el montaje se compone de numerosos planos detallados que enfatizan las manos de Paul interactuando con la vegetación o el agua . Sin embargo, hay un momento particularmente notable en el que la mano de Paul se sumerge en el agua para tocar la arena. Este instante trasciende la mera representación visual; funciona como una transición temática. Desde tocar la vegetación hasta la arena sumergida, luego las arenas secas de Arrakis, y finalmente la especia.

Escenas de 'Dune: Parte 1' (Foto: Warner Bros. Pictures)
Escenas de ‘Dune: Parte 1’ (Foto: Warner Bros. Pictures)

En Dune: Parte Dos, el ritmo adopta una tonalidad distinta en comparación con su predecesora. Aunque esta entrega se centra en gran medida en las batallas, su proeza no reside únicamente en ellas; de hecho, no se recrea en la grandiosidad de los enfrentamientos (aunque lo sean). La verdadera maestría se encuentra en la forma en que la película elige explorar la épica a través de las miradas y las reacciones de los personajes.

Un ejemplo apreciable es la escena en la que Paul cabalga el gusano. Aquí, lo que realmente importa no es simplemente la hazaña, sino las complejas emociones y las transformaciones internas que acompañan este momento trascendental. La cámara hace un recorrido de cerca el cuerpo de Paul, desde sus pies hasta su cabeza, mientras se eleva sobre el gusano. En esta secuencia de planos se representa una transición, desde la posición como extranjero a la transformación en Muad’Dib. 

Dune: Parte 2'
Paul cabalgando un gusano, escena de ‘Dune: Parte 2’ (Foto: Warner Bros. Pictures)

La riqueza del desarrollo narrativo de Dune radica en su enfoque en la construcción de personajes a través de sus interacciones. Cada encuentro y confrontación en la película se sumerge en las profundidades de las emociones y motivaciones de los protagonistas. Es en estos momentos de diálogo y conflicto donde se revelan las verdaderas tensiones y relaciones subyacentes entre los personajes, añadiendo capas de complejidad y profundidad del argumento. 

La escena final de Dune: Parte Dos, en la que Paul desafía al Emperador Shadam IV (Christopher Walken) y propone casarse con su hija, marca un punto crucial. El enfrentamiento de miradas entre la princesa Irulan (Florence Pugh) y Chani (Zendaya) es un momento de gran intensidad dramática. Subraya la profundidad de los vínculos emocionales entre los personajes y el costo de las decisiones que deben tomar en el camino hacia su destino.

Escena final de ‘Dune: Parte 2’ (Foto: Warner Bros. Pictures)
Escena final de ‘Dune: Parte 2’ (Foto: Warner Bros. Pictures)

En una reveladora entrevista disponible en su canal oficial de YouTube, Joe Walker, arroja luz sobre el intrincado entramado del ritmo de la película. Compara el ritmo visual de la película con elementos sonoros como el thumper, destacando cómo gestos sutiles de los actores, cómo el levantar de una ceja, tienen un impacto crucial en la narrativa. Profundiza en cómo la película logra mantener un ritmo cautivador que evoluciona desde un comienzo suave hacia una dinámica cada vez más intensa, atrapando al espectador en la trama. Asimismo, explora la revelación de información a través de los ojos de los personajes. Con una cámara única y una cantidad reducida de material para procesar, Walker destaca la eficiencia de su colaboración con Villeneuve para abordar los desafíos del montaje.

A través del talento de Denis Villeneuve y Joe Walker, Dune trasciende las convenciones del cine de ciencia ficción para convertirse en una experiencia cinematográfica inolvidable. Villeneuve construye un mundo visualmente impactante, y Walker añade la guindilla final con una trama cohesionada y emocionante. Su colaboración eleva la saga de categoría, estableciendo un referente para el género y dejando huella en la industria cinematográfica.