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‘En el corazón de la bestia’, aventuras perrunas en Alaska

Título original: Heart of the Beast

Año: 2026

Duración: 101 min

País: Estados Unidos

Dirección: David Ayer

Guión: Cameron Alexander

Reparto: Brad Pitt, J.K. Simmons, Anna Lambe

Música: Jared Michael Fry

Fotografía: Mauro Fiore

Compañías: Wild Chickens Productions, Temple Hill Entertainment, Plan B Entertainment, Domain Entertainment, Gulfstream Pictures

Distribuidora: Paramount Pictures

Género: Thriller. Aventuras. Drama.

Crítica en Letterboxd

Estamos ante una película de supervivencia al uso, con un personaje que lo pasa realmente mal. En el corazón de la bestia no se complica la vida: James Belmont, un boina verde retirado interpretado por Brad Pitt, sobrevuela la Alaska más inhóspita junto a Odin, su perro de combate. Un infarto del piloto provoca un terrible accidente y los dos se quedan aislados en tierra de nadie.

David Ayer, responsable de películas como Corazones de acero (2014) y Escuadrón suicida (2016), se mueve aquí por un terreno bastante más contenido que en algunos de sus últimos trabajos. Después de las testosterónicas The beekeeper (2024) y A working man (2025), resulta refrescante encontrar a un Ayer que baja el volumen. La acción sigue siendo física, seca y contundente, pero el director deja espacio al paisaje y al silencio. Hay mucha menos acción a lo Jason Statham y más tensión construida a partir del entorno.

El verdadero enemigo de James no tiene rostro. Es el frío, el hambre, el cansancio y todo lo que puede salir mal cuando estás únicamente con la compañía de un perrete. El film entiende que no necesita inventarse un villano per se para mantener al protagonista en tensión. Los flashbacks completan el pasado de James y, sobre todo, su relación con Odin. A través de pequeños recuerdos de guerra entendemos mejor las heridas que ambos arrastran. Odin revive aquellos episodios durante la noche y sufre sus propias pesadillas de estrés postraumático (las cuales generan mucha empatía en el espectador). Son detalles sencillos que ayudan a reforzar el vínculo entre los dos.

James está entrenado para situaciones límite y eso forma parte del espectáculo: buscar comida, fabricar herramientas, encontrar refugio, curarse… En ocasiones recuerda a MacGyver. En otras, al casposo Frank de la Jungla. Brad Pitt está sobrio y en una condición física envidiable. No necesita dar discursos para transmitir el desgaste del personaje. Lo vemos agotarse, sangrar, caminar y seguir adelante. Ayer evita embellecer el sufrimiento y Pitt se entrega a ello sin buscar el lucimiento de Oscar. Es una interpretación sencilla que encaja perfectamente con el tono de la película.

J.K. Simmons aparece durante los primeros minutos en un papel breve, destinado a aportar contexto sobre James. Está muy desaprovechado. Da la sensación de que tuvieron que grabar sus escenas deprisa y corriendo. Me hubiera gustado que apareciese después a mitad de película y aportara alguna conexión. Mi gozo en un pozo.

La película tiene un auténtico robaescenas: Odin. El perro es lo mejor del film. La relación con James aporta una dimensión emocional que la historia por sí sola no siempre consigue. Puede recordar, salvando las distancias, a Good Boy (2025) de Ben Leonberg, aunque aquí no hay fantasmas ni elementos sobrenaturales. Solo un hombre y su perro intentando salir vivos de una situación cada vez más complicada. El trabajo con los pastores alemanes del film es magnífico. La mirada, el cansancio, el miedo y esa lealtad absoluta hacia James hacen que resulte imposible no empatizar.

Mauro Fiore se encarga de una fotografía espectacular. La película sitúa la acción en Alaska ( aunque fue rodada en Nueva Zelanda ) y el paisaje resulta imponente: nieve, lluvia, niebla, bosques interminables y una luz fría que convierte el entorno en una amenaza constante. La naturaleza es el decorado y, a la vez, el problema principal. James puede tener entrenamiento militar y experiencia, pero hay cosas contra las que no puede luchar. Un río descontrolado, una tormenta o un oso no entienden de protagonistas. El director aprovecha esa idea y encuentra sus mejores planos cuando Pitt se pierde en la inmensidad del paisaje. El problema aparece cuando la historia tiene que avanzar. Una vez establecido el mecanismo, resulta sencillo anticipar el siguiente obstáculo: un animal, una herida, el hambre, el frío… La película no ofrece demasiadas sorpresas y su estructura es bastante previsible. Tampoco es que sea una historia muy novedosa que digamos. No obstante, nunca llega a hacerse pesada.

El tramo final apuesta por un tono agridulce y es una decisión acertada. Después de todo lo que han vivido James y Odin, un desenlace excesivamente feliz habría resultado poco creíble. La película mantiene hasta el final cierta coherencia con el tono que ha ido construyendo.

En definitiva, En el corazón de la bestia es una película sencilla, bien rodada y entretenida. Con un Brad Pitt contenido, una fotografía excepcional y un perro que termina quedándose con un protagonismo más que notable (absolutamente merecido). El film te recuerda que, puestos a quedarse tirados en mitad de Alaska, mejor hacerlo acompañado de un perro tan fiel y valiente como el bueno de Odin.

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Fotograma de ‘En el corazón de la bestia’ (Foto: 20minutos.es)
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LO MEJOR: ODIN Y LOS BELLOS PAISAJES
LO PEOR: LA HISTORIA ES PREVISIBLE Y POCO ORIGINAL
6