Series que son un buen negocio (XC): ‘Borgen II: reino, poder y gloria’

Hay unos cuantos buenos motivos para verse esta miniserie. Además de tratarse de la secuela de la célebre serie, Borgen II: reino, poder y gloria hace justicia a una de las mejores series políticas disponibles. Sin americanadas ni bravuconadas grandilocuentes.

Pese a ser secuela, salvo raras ocasiones están a la altura, es digna de las temporadas anteriores. Así que con más razón, porqué no acomodarse en el sofá en la calidez hogareña sin tener que calzarse botas ni anoraks de esquimal, y analizar la intriga de alto calado geopolítico de Groenlandia. Toda una exploración del Círculo Polar Ártico. Un territorio de rabiosa actualidad, pero históricamente siempre en el foco de conversaciones diplomáticas y otras más estratégicas de la geoeconomía.

Básicamente un enclave geográfico remoto para el común de los mortales como es esta poco habitada isla de uno de los polos del globo. Sin duda con un contexto muy complejo y relevante para seguir intentando entender nuestros días. En eso se enfoca la miniserie, que cabe recordar data de 2022. Antes de que el presidente POTUS haya decidido hacer trizas la geopolítica para enmarañarse en conflictos diplomáticos y bélicos al más puro estilo de los colonos y los vaqueros, una nueva aventura ‘western’. La serie expone cómo está el panorama ártico, de reino danés, poder notablemente chino, y gloria (exigua) estadounidense.

Y es que es de enorme interés adentrarse en ese Círculo Polar Ártico en el que está todo muy revuelto. Donde la propia Groenlandia, su comunidad esquimal inuit, se convierte en una mera espectadora de los tejemanejes de los líderes del (des)Orden Mundial. Ni qué decir de la propia Dinamarca, con su soberanía en papel mojado, temiendo perder el petróleo y la gran isla.

Dinamarca quiere controlar su agenda climática, y por supuesto (el petróleo de) Groenlandia (Fotograma: Netflix)

El control de los recursos es una de las motivaciones más básicas de todo movimiento geopolítico desde que empezó esto de la Humanidad. Por ello, esta gran isla se la parten y reparten todos los actores mencionados excepto los lugareños. El descubrimiento de minerales raros o un gran yacimiento de petróleo reactiva el interés por ella. Un drama para los nativos que deben casi resignarse con subvenciones y cierta autonomía con respecto de los daneses. La ahora Ministra de Asuntos Exteriores Birgitte Nyborg (Sidse Babett Knudsen) y el gobierno danés, no dan su brazo a torcer sobre una posible independencia y mucho menos en perder su centenaria ascendencia sobre la isla.

De quien no cabe olvidarse, como bien señalan noruegos y bálticos, es de la gran Rusia. Verdaderamente la que más experimentada está en este terreno, de la navegabilidad polar y el despliegue militar en la zona. Una amenaza rusa bastante real según señalan los expertos.

La miniserie, si bien breve, no va a resultar escasa en contenido jugoso. Hay algunos otros temas notables sobre la mesa de Borgen II. Por si la geopolítica no fuera poco, y sin restar importancia a toda esa geoestrategia del petróleo en Groenlandia para Estados Unidos, Rusia y China. De sobra es conocido cuán sibilinos son a la hora de desestabilizar y usar armas no balísticas para posicionarse como la potencia hegemónica de cualquier punto estratégico del planeta.

Como no puede ser menos al tratarse de una serie escandinava, no se olvida del medio ambiente ni del bien común. El interés por el cambio climático se utiliza con fines electoralistas y marketing político pero hasta cierto punto, ya es de sobra conocida esa conciencia siempre tan moralista, europeísta incluso. Lo cual no es óbice para que se muestren ‘prácticos’ a la hora de marginar a los groenlandeses cuando de intereses económicos se trata. Y de cambiar puntos de vista, del verde ecológico al de los billetes. Temerosos de perder el gran pastel ante tanto gran depredador.

«No hay mucha diferencia entre obstáculo y oportunidad» (Fotograma: Netflix)

Además del ‘greenwashing‘ hay un punto de vista de la comunidad inuit, los groenlandeses, que en definitiva son los que están en medio de la tormenta geopolítica. Lógicamente ellos poseen su propia idiosincrasia, sus propios problemas sociales y sus propias aspiraciones políticas. Otro drama más que expone la miniserie a través de varios de sus personajes y de la acción mayoritariamente localizada en Nuuk.

Otro gancho argumental de la miniserie proviene del reciclaje político de Birgitte, ya no en el puesto de Primer Ministro sino como una ‘simple’ Ministra más. De ese modo, la protagonista indiscutible de Borgen debe lidiar con el narcisismo y la vanidad del político que les hace aferrarse al puesto y al poder como sea. En consecuencia, se enfrenta a los líderes de su propio partido, y a otros ministros de la coalición frankestein. Birgitte se pasa la serie haciendo gala del característico equilibrismo interno en el gobierno, y a nivel diplomático con los estadounidenses y los chinos. Además de intentar engañar a los groenlandeses con las consabidas falsas promesas políticas. Sucumbir al maquiavelismo es casi inevitable, el poder arrolla su vida familiar y sus relaciones personales. Algo característico de trabajos tan exigentes, imbuidos de tanta responsabilidad y que en algún momento hay que resolver.

En resumen, estamos ante una miniserie que casi diez años después volvió para regocijo de los seguidores de la reconocida Borgen. Una continuación a lo grande, ocho episodios con geopolítica ártica de la buena, bien empapada de petróleo y que sirve de aproximación a la idiosincrasia de todo lo groenlandés en un momento en el que desgraciadamente tarde o temprano volverá a ser de máxima actualidad.