Series que son un buen negocio (XCI): Fox News con ‘La voz más alta’

Un viaje a las entrañas de uno de los medios de comunicación, más polarizados y más importantes de una de las potencias mundiales, los Estados Unidos. La miniserie La voz más alta (‘The loudest voice’) destripa desde sus inicios, cómo se fundó y se desarrolló la agencia de noticias Fox News. Todo desde el prisma de su controvertido creador, Roger Ailes, protagonizado por un enorme Russell Crowe.

El personaje es digno de atención, por tratarse de uno de esos viles y efectivos manipuladores de la comunicación. Y es que este fundador del medio más conservador de Estados Unidos, contaba ya con una vasta experiencia en esto de los medios de comunicación, el periodismo político y el poder económico. El haber sido asesor político de los presidentes republicanos Reagan o Bush ya es indicativo de que algo sabía de esto.

Reinventado como muchos periodistas o directivos de la actualidad, expulsados de los medios convencionales por cuestiones políticas. O por la inevitable transformación de la vertiente digital que ha destruido numerosos puestos de trabajo y cambiado por completo el panorama de los medios. Un emprendedor a la fuerza tras haber sido despedido por la CNBC, controlada por Jack Welch (General Electric) y Bill Gates (Microsoft). Por aquello de la libertad de prensa, la independencia y tal… Así que decidió aprovechar un vacío legal en su cláusula de no competencia, y en 1996 da los primeros pasos para crear Fox News. Eso sí, financiado y empleado por el magnate australiano de la comunicación Rupert Murdoch.

«El sesgo está en todas partes», «no seguimos las noticias, creamos las noticias» (Fotograma: SkyShowTime)

De lo que no cabe duda es que el tal Ailes, era un tipo inteligente y visionario. Competir contra el poderoso oligopolio de las grandes cadenas de noticias (ABC, CNN, CNBC, CBS…), no iba a resultar ni fácil ni barato. Pero su intuición como hombre de negocios no le falló en absoluto.

En consecuencia, ideó un brillante plan de negocio basándose en varios estudios en los que identificaron la industria como un sector donde las cadenas estaban ancladas en los 1980, anticuadas. Y lo más relevante es que tenían un sesgo ideológico liberal, de izquierdas, cuando la realidad sociológica del país reflejaba que existía una masa de alrededor del 50% de los estadounidenses con creencias conservadoras. Había vida más allá de las élites urbanas y el intelectualismo progresista de las dos costas Este y Oeste.

El plan maestro de Ailes se define muy bien en los primeros capítulos, se trataba de captar la atención de esos espectadores conservadores desatendidos, había que programar y generar contenido para ese gran segmento poblacional. Considerado hasta entonces como nicho. Marketing puro y duro. Una revolución para la parrilla televisiva estadounidense noventera, más debates, tertulias, controversias… Pero sobre todo, Ailes buscaba espectáculo y burbuja ideológica para sus consumidores, el espectador del Medio Oeste. La América profunda, los MAGA. Lo que le ha funcionado a Donald Trump. Una tele para los patriotas ‘americanos de verdad’.

Russel Crowe y Naomi Watts en una escena de alta toxicidad laboral (Fotograma: SkyShowTime)

Otro aspecto interesante de su plan maestro, era contar con recursos humanos de la calidad humana y espiritual acorde con sus valores. Gente fiel, y principalmente transgresores y «bocazas, sabelotodo, gente dura». Básicamente lo que hacen todos los medios hoy en día, quieren que compres y aceptes su línea editorial a pies juntillas. Para ello cuentan con sus ‘hooligans‘ partidistas y portavoces informales. La disensión implica el clásico alegato y acusación de la desinformación, la difusión de bulos, y el estar en (otra) burbuja ideológica.

En esencia, Ailes era bien pragmático. No pretendía dar noticias, sino emitir programas de opinión. «Hacen falta personas que la gente quiera ver», no periodistas preparados o reputados ni obsesionados con dar información. Formado y experimentado en el marketing (político), su objetivo era apelar a los sentimientos y emociones, no a la razón.

Una vez desgranada la idea y la ejecución para embarcarse en tamaño proyecto, la serie ahonda en la personalidad conflictiva y en la psique del personaje. Un tipo bastante manipulador y despreciable. Capaz de enfrentarse a su propio empleador y los herederos de este, los Murdoch, sin ningún tipo de filtro. El ‘radical candor‘ (el método de la franqueza radical) que tanto gusta en las corporaciones repletas de vendehúmos, pero sin tapujos ni amaneramientos.

 

Un narcisista de manual, por encima del bien y del mal, sintiéndose poderoso al controlar el mensaje político a su antojo. En el ecuador de la miniserie, ya  surgen todo tipo de problemas y despidos multimillonarios con acuerdos de confidencialidad. Lo más grave de la historia, que también viene perfectamente reflejado en la película Bombshell, El escándalo, es su faceta de acosador sexual y manipulador psicológico. Fox News, como muchas otras empresas, desarrolló una cultura laboral muy tóxica. El abuso del poder en su máxima expresión. Tan de triste actualidad por las extorsiones, maltratos y delitos en la política o la propia industria audiovisual estadounidense. Al fin y al cabo, esta historia de la Fox News se basa en hechos reales.

Este tipo autodefinido como «de derechas, paranoico y gordo» emprendió una gran cruzada contra sus enemigos políticos (Obama), una batalla interna por el control de ‘su’ cadena contra los Murdoch, desafiando la ética profesional y mostrándose abiertamente como un auténtico tirano. Es curioso ver cómo ejercía control psicológico sobre sus empleados no únicamente con contratos de cláusulas leoninas sino llegando al extremo de vigilar cada rincón de las oficinas corporativas con cámaras de circuito cerrado. Un torturador psicológico y depredador sexual deleznable, uno de esos jefes que nadie querría tener.

En definitiva, se trata de una buena serie para entender cómo funcionan los medios de comunicación, sean del sesgo ideológico que sea. Éstos no responden a la información si no a los réditos que les ocasiona generar una determinada línea de opinión. De ahí el porqué de tantos medios digitales hoy día, con esa ‘eficiente’ segmentación por nichos ideológicos. Y por otro lado, otra de esas turbias historias de todo lo que tiene que ver con las altas esferas del poder.