‘El olor a leche quemada’, una elegía al mundo rural

 

Título original: Milch ins Feuer

Año: 2024

Duración: 78 min.

País: Alemania

Dirección: Justine Bauer

Guion: Justine Bauer

Reparto: Karolin Nothacker, Johanna Wokalek, Simon Steinhorst, Pauline Bullinger

Música: Cris Derksen

Fotografía: Pedro Carnicer

Productoras: Kunsthochschule für Medien Köln, Sweet Godless Turtle Film Productions

Distribuidora: ConUnPack

Género: Drama

Crítica en Letterboxd

Hay formas de vida, que hace apenas cincuenta años eran el modo de sostenerse de la mayoría de la Europa rural, que parece que están destinadas a desaparecer de una forma más o menos inminente, o eso propone Justine Bauer en el que es su primer largometraje y película de graduación de la Kunsthochschule für Medien Köln, El olor a leche quemada.

Bauer entra en ese mundo no para erguirse como defensora de lo rural ni tampoco para hacer un film abiertamente político, sino poniendo el foco en lo pequeño, lo íntimo, iluminando las rutinas del trabajo de verano en el campo: el ordeño, la cosecha y las pausas comiendo tomates del huerto para contarnos el mundo como ella lo conoce y reflexionar entorno el papel de la mujer en ese mundo controlado por lo masculino.

A través de la voz de Anna (Pauline Bullinger), la novia de Adrian (Johannes Nothacker), se nos cuenta la vida de tres generaciones de mujeres en una granja de vacas lecheras del sur de Alemania: la abuela, la responsable de que este verano los tomates sean mejores que nunca, Marlies (Johanna Wokalek), la madre y líder de ese mundo en decadencia que lucha para mantenerlo vivo pase lo que pase, y sus hijas, la mayor de ellas, Katinka (Karolin Nothacker), la única que de verdad quiere seguir con el trabajo en la granja pero que no será nunca la propietaria, pues la tradición marca que debe pertenecer a Adrian, el hijo varón.

Anna, la narradora, quién se ha quedado embarazada recientemente, es el testigo directo del final de ese mundo y, a su vez, quién lleva dentro su futuro. Con ese recurso narrativo, la directora consigue también retratar el papel de la mujer en el mundo rural desde la perspectiva de la generación más joven.

La película narra, pues, la historia de esas formas de vida que mueren, a veces de manera literal, otras metafóricamente y con ellas, desaparece una manera de mirar, entender y habitar el mundo, en lo que algunos enmarcarían dentro de la corriente de cine neorrural.

Para ello, la directora y guionista, juega todo el rato a entrelazar las ideas de la vida y la muerte, lo animal y lo humano, lo íntimo y lo universal, lo masculino y lo femenino, mediante un guion trabajado pero también y de manera muy específica a través de las decisiones tomadas desde fotografía, que firma Pedro Carnicer, utilizando elementos como la relación de aspecto (4:3) para enfatizar esa intimidad de los planos cerrados, la luz natural del verano alemán, el tono documental o la representación de lo rural como telón de fondo.

Bauer y Carnicer construyen una historia de verano, alegre la mayoría del tiempo, irónica en ocasiones, cruel y realista en otras y, como el olor a leche quemada cuando has apagado un incendio con ella, penetrante y persistente en la memoria. Bauer demuestra aquí, pues, que tiene mucho que decir y que es capaz de aportar una voz propia dentro del panorama del cine europeo.

Pese a todo, creo que le falta un punto de valentía, de ir un paso más allá y acabar de contar la historia. La falta de un conflicto claro, más allá del embarazo de Anna o los anhelos de Katinka, y la ausencia de clímax  crean sensación de divagación y de no tener una idea clara; el arco de personaje de Anna, que es tan mínimo que apenas puede justificarse como voz narradora (sin su narración la película seguiría funcionando igual); el recurso -ya un poco manido- de mostrar gatitos adorables seguido de gatos destripados para explicar la crudeza de la vida o incluso la trama del vecino, poco integrada y de la que tan solo nos ofrecen un sorbo, acentúan esa sensación de estar viéndole a la película unas costuras demasiado tirantes. 

Fotograma de 'El olor a leche quemada'
Fotograma de ‘El olor a leche quemada’ (imagen: #ConUnPack Distribución)
Nota de lectores0 Votos
0
LO MEJOR: EL USO DE LA FOTOGRAFIA PARA POTENCIAR EL RELATO
LO PEOR: LA SENSACIÓN DE NO IR A NINGUNA PARTE
6.7