Series que son un buen negocio (LXXXIX): la aventura de trabajar en la ‘Pan Am’ y el desastre de ‘Lockerbie’

Una historia fascinante y también muy cinematográfica. Otra de esas empresas de película. La aerolínea, probablemente, más famosa del siglo XX. Así que para embarcarnos en sus años de máximo esplendor, podemos recurrir a la miniserie Pan Am.

Contenido que posiblemente apreciarán muchos viajeros profesionales. Aquellos que a menudo quedan atrapados en ese agujero negro que supone transitar por La Terminal de un aeropuerto casi rememorando al apátrida de Tom Hanks, o por todas las parafernalias en los controles de seguridad que se ven en Equipaje de mano. Al final, entenderemos porqué. No obstante, no todos los viajeros forzosos presentan el síndrome de Estocolmo aeroportuario de George Clooney en Up in the air.

Ambientada en 1963, Pan Am muestra el confeti y colorín que derrochaba la aerolínea con un nivel de máxima excelencia en el servicio. Con una reputación que provenía de sus primeros años de existencia (años 1930 y 1940) donde ofrecía la tan costosa y exclusiva experiencia de viajar por el mundo. Obviamente, sólo apta para celebridades y adinerados. Algo que buscan emular las aerolíneas asiáticas de nuevo cuño.

En los años 1960 en los que se centra la miniserie, el mundo de la aeronáutica civil ya se adentraba en lo que se ha denominado ‘The Jet Age‘. La era dorada del jet en la aviación civil. Reduciendo tiempos de trayecto y popularizando los viajes, manteniendo buena parte de ese servicio premium. Tan poco parecido a lo que hoy se puede experimentar al volar con cualquier aerolínea de bajo coste, o incluso de segmento medio. Impensable absolutamente hoy en día, salvo reservar a precio de oro con alguna de esas compañías aéreas asiáticas. Las cuales ofrecen lujos, y todo tipo de atenciones, cuidados y comodidades a sus viajeros. Tal cual ofrecen apasionadamente las azafatas de la serie.

La ‘estupenda’ tripulación de este avión de la transoceánica aerolínea ‘Pan Am’

A pesar de todo el costumbrismo sesentero que roza el publirreportaje social y comercial, la serie se afana en mostrar las aventuras varias transoceánicas del elenco de protagonistas. La tripulación de uno de sus aviones: un equipo de azafatas (entre ellas, Margot Robbie y Christina Ricci) y un par de pilotos se encargan de que esta aeronave Clipper tan característica surque el cielo uniendo famosas y exóticas ciudades de todo el globo terráqueo.

Principalmente se enfoca en mostrarnos a estas empleadas como gente que sólo quiere ver mundo y tener experiencias. Casi ni las aventuras de Tintín dieron para tanto. Es relevante el contexto histórico, donde el sueño americano estaba en auge. La mujer empieza a tener más presencia en el mundo laboral. Evidentemente no faltan los problemas de machismo y discriminación, aunque no tan expuestos como Mad Men hace sobre el sector de la publicidad. De cualquier forma, las azafatas son tratadas como modelos de altos vuelos, de grácil aspecto y con la obligación de ser excesivamente serviciales y complacientes. La mujer florero del sueño americano, pero con la oportunidad de ganarse muy bien la vida, y tener independencia económica como gran ventaja.

La fascinación que producía en la gente observar a estos profesionales queda patente desde el primer capítulo. Hoy equivaldría a la expectación que generan algunos ‘influencers’ o futbolistas de nuestros días. Hasta el propio Leonardo DiCaprio de Atrápame si puedes se encandilaba observando ese efecto embriagador en hoteles y aeropuertos, de la imagen de estatus y éxito que desprendía el uniforme de un piloto, o una azafata entre las mujeres. Impulsándole así a evolucionar todavía más en sus célebres impostaciones y engaños.

Un Leonardo DiCaprio muy impostor rodeado de jovencísimas azafatas (Fotograma: ‘Atrápame si puedes’)

Mucha aspiración social, ‘glamour‘ y búsqueda de estatus socioeconómico. Suele ocurrir con algunas profesiones. Similar al sueño aspiracional promocionado y alentado por ‘boomers‘ con aquello de estudiar en la Universidad y colocarse bien para vivir como un Rey en los 1990 ó 2000. A quién no le va a entusiasmar ganar un salario muy por encima de la media y darse unas vueltas por el Mundo. Repletas de excursioncitas, fiestas y paseos como el de estas azafatas veinteañeras entusiasmadas ante tantos estímulos.

Por momentos la serie parece un documental o una guía visual colorista de viajes en aquellos años, no tan colorista como las películas de Wes Anderson, pero sí con la animosidad fantasiosa de los viajes de Cary Grant o los paseos de Vacaciones en Roma de Gregory Peck y Audrey Hepburn. Actualmente sería muy instagrameable gracias a la parafernalia de las redes sociales y los cuentos de viajes y estilo de vida en formato TikTok.

Lógicamente, la azafata representada por Adèle Exarchopoulos en la película de Generación Low Cost no estaba muy en la línea de nuestras protagonistas. Trabajar (y viajar) en Ryanair es nada equiparable a la Pan Am de aquellos años.

Aunque por otro lado, cierto es que los vuelos de la Pan Am empezaban a ser más accesibles para las clases medias estadounidenses atraídas por la pedantería de viajar a París o Roma, y chapurrear francés e italiano como las grandes estrellas de cine de la época.

La serie Pan Am edulcora el día a día de este colectivo profesional, donde no caben (todavía) problemas de conciliación familiar al estar liberados de ataduras morales y convenciones sociales, de momento… Pilotos, azafatas y pasajeros pasan las horas de vuelo y sus estancias en lujosos hoteles entre morbosos coqueteos y amoríos. Gancho del que se vale el guión para activar varias subtramas.

 

Afortunadamente, la serie va mucho más allá de ese artificio, superficialidad y engreimiento de pasajeros y tripulación. Es la época de postguerra de los grandes conflictos mundiales, en consecuencia el espionaje en plena Guerra Fría entra en escena para los personajes. La sombra de los servicios de inteligencia del mundo polarizado (Mi5, KGB y CIA) queriendo controlar el tráfico de información y el movimiento de elementos sospechosos. El aumento de la frecuencia de los desplazamientos por el mundo ya era enorme.

Hacer de correo, espiar diplomáticos o ejecutivos corporativos durante los vuelos transoceánicos entre Europa y América son tareas a las que se dedican algunas de las azafatas. Y aunque por momentos parezcan jueguecitos de los Boy Scouts o yincanas infantiles, animan la intriga ante tanta sonrisa forzadita y cocteleo pasillero. De no ser por la fastuosidad de vestidos elegantes, los destinos paradisíacos y las buenas actrices; estaríamos al límite de la simple telenovela vespertina de televisión.

Si se buscara más dramatismo, o incluso tragedia, se puede revisar el atentado terrorista del vuelo transoceánico de Frankfurt-Londres a Nueva York-Detroit. El cual explotó sobrevolando un pueblo escocés en 1988. Hechos reales en los que se basa la serie Lockerbie protagonizada por Colin Firth como padre de una víctima de ese vuelo. Una interesante intriga judicial e investigación criminal. Similar a Bomba en el Pan Am 103. Que además de todas las víctimas personales y daños materiales, fue seguramente el punto definitivo para la quiebra de la compañía Pan Am que ya atravesaba problemas financieros tras las dos grandes crisis: la del petróleo de 1973 y el Crash de 1987.

Un caso peliagudo por los errores de seguridad aeroportuaria, ignorando amenazas terroristas por negligencia de la inteligencia gubernamental, y que terminó por arrastrar a la Pan Am a la debacle económica por imposibilidad de afrontar las multimillonarias indemnizaciones con unas ya maltrechas finanzas.

 

Lockerbie es una buena serie sobre errores judiciales por las reticencias de las autoridades británicas a resolver el caso adecuadamente. Y sobre todo, por el trasfondo de intereses económicos y geopolíticos. Ya se sabe que es algo que siempre está rondando todas las causas que agitan el mundo: ya fuese en la Libia de Gadaffi o en cualquiera de los puntos candentes actuales…

En definitiva, son dos buenas miniseries para conocer un poco más de la historia de una gran compañía, hoy extinta. Con todo tipo de temas transversales. Además de su auge y caída. El mercado laboral femenino incipiente, el impulso del turismo mundial y los viajes entre clases medias, y la economía con los ecos de la geopolítica siempre al acecho.