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La mujer trabajadora en la gran pantalla

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Con motivo del 8M (Día internacional de la Mujer trabajadora) en tan particulares circunstancias a causa de la pandemia, haremos un repaso a algunas de las múltiples películas que ponen en valor la lucha por una verdadera igualdad de oportunidades y erradicación de cualquier tipo de discriminación laboral o social por razones de sexo. Son muchos los ejemplos fílmicos de mujeres célebres, pero también de otras tantas anónimas con una notable destreza y heroísmo en el terreno personal y profesional.

La discriminación por razón de sexo se ha erigido durante muchos años como una gran barrera dificultando que las mujeres pudieran acceder a las mismas oportunidades que cualquier hombre en su misma situación, nivel de capacitación y formación.

Tanto por razones culturales e históricas como de otro tipo más irracionales, muchas mujeres han sufrido en muchas ocasiones el ostracismo social y laboral. Por el mero hecho de no ser hombres han sido infravaloradas y menospreciadas de forma absurda. Todo ello les ha supuesto un gran obstáculo para el desempeño de sus profesiones o aficiones y culminar su propia realización personal, siendo muy contraproducente para las propias empresas y la sociedad en general ante tal expulsión de talento y de mano de obra perfectamente cualificada.

Carey Mulligan y Helena Bonham Carter en ‘Sufragistas’

I. El feminismo “real” versus la discriminación “positiva”

Se puede entender el feminismo “real” como aquel que verdaderamente persigue la igualdad de las personas en lo social y en lo económico, y no simple y llanamente invertir las tornas de la desigualdad. Ya que mediante una visión más radical del feminismo, por muy bienintencionado que fuera, podría acabar por producir paradójicamente situaciones tan discriminatorias como las que se pretenden afrontar. Si bien todo esto supone una gran controversia dentro del propio movimiento feminista y es muy complejo de discernir.

Desde ese punto de vista podría interpretarse el hilo argumental de La costilla de Adán (George Cukor, 1949) en la cual se plantea esa disyuntiva entre la defensa de una igualdad real y justa como entiende el jurista que interpreta Spencer Tracy. Sea hombre o sea mujer el infractor de cualquier ley. En su contra, Katherine Hepburn le expone de una manera más vehemente que esa falta de igualdad ante la ley en perjuicio de la mujer ha de solucionarse teniendo un trato de favor que no es de recibo, ya que llega a justificar incluso la comisión de un delito por parte de una mujer. Ambos desarrollan sus argumentos y plantean ese dilema en el juicio en el que han de enfrentarse los dos cónyuges.

En realidad los dos defienden la idea de justicia e igualdad, aunque Tracy no tiene en consideración el sexo en relación a los roles de víctima-verdugo para abordar ese asunto del crimen. Hepburn por su parte, en su alegato feminista (bienintencionado) cae en la trampa de ser demasiado parcial, ya que con su postura acepta y justifica el delito sólo por tratarse del caso de una mujer despechada, incurriendo en la misma contradicción que formularía un machista por idénticas sinrazones.

A pesar de ese planteamiento inicial, Hepburn con buen criterio recapacita sobre ese posicionamiento más radicalizado y va hacia una defensa más centrada en una verdadera igualdad. En una de las escenas del juicio pone de relieve la perfecta capacitación de la mujer, mediante un par de ejemplos de mujeres con formidable formación académica y con elevadas responsabilidades laborales. Con ello evidencia lo irracional de que una mujer pueda ser discriminada por su sexo, y no se ponderen debidamente sus verdaderas cualidades y aptitudes personales. Claramente no hacen falta discriminaciones positivas ni paternalismos, “sencillamente” aplicar un criterio objetivo y basarse en la validez de una persona para ocupar un cargo o un puesto de trabajo: aplicar la meritocracia.

Sin esa meritocracia y mediante una falsa cortesía o trato preferencial se consigue un efecto pernicioso. Es decir, impulsando la discriminación “positiva” basada en la creencia de que es necesario favorecer a la mujer por el hecho de serlo. Esa idea es lo que exaspera a Demi Moore en La teniente O’Neil (Ridley Scott, 1997). Casualmente el mando superior de O’Neil muestra lo peor de las dos posturas: por una parte mantiene una actitud excesiva y forzada de cortesía para no mostrar su verdadero machismo, y por el otro lado se ve obligado por un exagerado correccionismo político a beneficiar y dar un trato preferencial a la teniente por el hecho de ser mujer.

Esta circunstancia es la que motiva a O’Neil a esforzarse con mucho más tesón, llegando a reclamar a sus superiores (entre ellos un duro instructor Viggo Mortensen) que no se le apliquen beneficios con respecto a sus colegas varones a la hora de evaluar los ejercicios de su instrucción militar. Simple y llanamente solicita ser tratada como sus compañeros varones, con los mismos requisitos y poder demostrar que está tan capacitada como ellos para desempeñar sus funciones.

Una discriminación “positiva” no es sino un reconocimiento implícito de una supuesta e inexistente inferioridad o menor capacitación de la mujer por el hecho de serlo, y por ello se le intenta favorecer con respecto de los hombres. Con lo que resultaría contradictorio en sí mismo y perjudicial para la noble y necesaria idea de igualdad real en la que debiera apoyarse el feminismo.

II. Revisión crítica del propio feminismo

Lo cierto es que los mayores progresos se han logrado en los países más desarrollados, los llamados occidentales del entorno OCDE. En muchos de los países fuera del entorno de este selecto grupo desgraciadamente la situación está a años luz en materia de avances en la igualdad.

Aunque no debemos olvidar que los grandes avances en esta materia han supuesto grandes sacrificios personales de activistas como las que representan Meryl Streep, Carey Mulligan o Helena Bonham Carter en Sufragistas (Sarah Gravron, 2015), y que apenas hace cien años luchaban todavía por el derecho a voto y la igualdad social del sexo femenino.

Además del cuestionable uso de la violencia y el terror del movimiento sufragista, y esa llamada discriminación “positiva”, existen algunas otras versiones críticas como las del siempre polémico actor Sacha Baron Cohen. Es un excelente exponente de la sátira y la controversia independientemente de que su comicidad sea más o menos del agrado del espectador. Lejos de ser un humor absurdo, algunas escenas de sus películas dejan bastante margen para la reflexión crítica.

En varias de ellas retrata de manera muy burda e irónica la situación en países de Oriente de la mujer y cómo se enfoca su participación en la sociedad. En Borat (Larry Charles, 2006), mostrada como un documental ficticio y apellidado como “lecciones culturales de Estados Unidos para beneficio de la gloriosa nación de Kazajistán”, el actor expone de forma descaradamente insultante la consideración que se tiene de las mujeres en algunos países en los que la discriminación es sólo comparable a la de varios siglos atrás, con un machismo impensable en una sociedad avanzada como la actual.

En otra de ellas, en El dictador (Larry Charles, 2012) se muestra en esa misma línea la visión del mundo de un déspota y cínico tirano de un país musulmán ficticio, tan machista o más como el del ejemplo anterior. Asimismo, Baron Cohen en una lúcida y crítica escena también pone de manifiesto lo absurdo y exagerado de ciertas posiciones del feminismo más radical y dogmático de Anna Faris, caricaturizándolo por ser excesivamente hiperreflexivo y por alcanzar un nivel de compromiso con las causas verdaderamente ridículo.

III. Luchando contra el machismo social imperante

Los efectos de la desigualdad por sexo y la discriminación de la mujer en el mercado laboral tienen origen sociocultural y antropológico en tanto que se basan en estereotipos y convenciones sociales por las que las tareas que se asociaban a las mujeres carecían de la importancia que sí recibían las propias de los hombres. Esos llamados roles de género perpetuados históricamente, van superándose hoy en día gracias a la educación en valores.

En El becario (Nancy Meyers, 2015) Anne Hathaway es una directora general de una empresa (‘start-up‘) tecnológica mientras su marido se ocupa de las labores domésticas, así pues contemplamos la inversión de los roles de género entendidos como tradicionales. Cualquiera de los dos o ambos pueden asumir los roles que consideren siempre que se consigan los fines de no descuidar la vida profesional ni personal en familia, en eso los países escandinavos son los abanderados de la conciliación familiar e igualdad real.

A lo largo de los siglos XX y XXI, hemos evolucionado hacia una mayor y lógica integración de las mujeres tanto el ámbito laboral como en el académico.

Los avances en esa lucha por la igualdad se deben forjar sobre los pilares de los valores socioculturales, cambiando mentalidades anticuadas y basadas en creencias y actitudes poco objetivas e ilógicas. Aún habiendo bastante margen de mejora en relación a las actitudes machistas, en líneas generales el cambio de esa mentalidad ha mejorado la situación en un espacio de tiempo relativamente breve.

Por ejemplo, en el caso de los llamados micromachismos como el que sufría Julia Roberts en Erin Brockovich (Steven Soderbergh, 2000). Recién contratada en su trabajo ha de afearle un comentario desafortunado a su jefe (Albert Finney) sobre su forma de vestir. Lo más curioso es que el propio jefe no parece hacerlo de manera ofensiva ni desdeñosa sino más bien para ayudarle a ser aceptada por sus otras compañeras de oficina que parecen considerar que su vestimenta es provocativa y poco adecuada. Esos estereotipos y valores socioculturales poco deseables.

Una película bastante aclamada por el movimiento feminista es Las mujeres de verdad tienen curvas (Patricia Cardoso, 2002), en la que una joven mexicana residente en EEUU ha de luchar contra los valores anticuados de su propia familia y la concepción que tienen de ella como mujer y que le impiden llevar con naturalidad su sexualidad, sus propias aspiraciones de estudiar en la facultad e incluso aceptar su forma física y belleza.

En tono humorístico y en ejercicio de pura empatía, No soy un hombre fácil (Eleonore Pourriat, 2018) es una comedia francesa en la que el protagonista sufre uno de esos golpes del karma. Un redomado machista que ha de pasar por una de esas típicas inversiones mágicas de roles como Mel Gibson en ¿En qué piensan las mujeres? (Nancy Meyers, 2000). Son las mujeres de su alrededor las que le tratarán de manera vejatoria y humillante, que habrá de sufrir en carne propia. Forzosamente acabará por empatizar con ellas, habituales víctimas de su machismo.

IV. Educar en valores pero sin adoctrinar

Las decisiones han de ser necesariamente libres y deben primar sobre las ideologías políticas o las creencias religiosas, que no terminen por estar supeditadas a dogmas ni visiones sectarias que impidan a las personas encontrar su camino, y ejercer su libertad individual.

Julia Roberts en La sonrisa de Mona Lisa (Mike Newell, 2003) interpreta a una profesora de Historia del Arte en una escuela secundaria privada de élite, y con segregación femenina para más inri. Puesto que posee una mentalidad mucho más abierta de lo establecido en aquella sociedad de los años 1960, termina por enfrentarse a los padres de las alumnas, a la dirección del centro e incluso con varias de sus alumnas (principalmente con la malvada Kirsten Dunst). Y todo por oponerse a la asunción de ese papel social a la que debían destinarse sus discípulas dadas las directrices socialmente establecidas: convertirse en una perfecta esposa y solícita ama de casa.

Con la finalidad de que no abandonen sus aspiraciones académicas ni profesionales, la profesora intenta inculcarles esa motivación por desarrollar sus carreras y no renunciar a todo ello a consecuencia de esas rígidas convenciones sociales y familiares. Para ello, alterando el programa lectivo de su asignatura, en una de sus clases les muestra una selección de anuncios publicitarios de la época en los que se pone en evidencia el rol al que quedaban relegadas las mujeres de entonces.

A pesar de esa noble beligerancia de la profesora en cuanto a la emancipación de la mujer, en la película hay una enseñanza adicional a la de su alegato feminista ya que se ofrece una reflexión acerca de la necesaria defensa de las libertades individuales y la libre elección.

Se da el caso de que alguna de las alumnas tras haber superado el curso ha elegido valorar en mayor medida un proyecto familiar por encima de otras consideraciones académicas o profesionales, contrariamente a lo que predica esta profesora.

Con esta escena se ejemplifica la improcedencia de imponer voluntades e ideas preconcebidas a la propia libertad de elección de cada persona que de manera libre e individual debe escoger su propio camino. Ya sean imposiciones bajo la forma de una visión machista y retrógrada de la mujer, o bajo la forma de un feminismo radical que de una manera similar trata de regular la concepción que se ha de tener sobre la mujer y cómo ésta ha de actuar. La propia Julia Roberts acaba por comprender que la decisión de su alumna (Julia Stiles) es claramente personal y libre, a pesar de que ella no la comparta y la considere errónea según su respetable punto de vista.

V. El “techo de cristal” en las finanzas

Sin duda uno de los sectores donde resulta más complicado acceder a puestos de responsabilidad para las mujeres. Por ese motivo, tanto Whoopi Goldberg como Melanie Griffith se ven obligadas a llevar a cabo todo tipo de estratagemas y se las ingenian para ejercer las responsabilidades que se les niega en sus empresas.

Aunque Sigourney Weaver es la jefa de Griffith en Armas de mujer (Mike Nichols,1988), posee una actitud poco displicente con ese mundo de hombres y se vale de una feminidad basada en el erotismo y sensualidad, bajo una concepción de los hombres más machistas en lugar de utilizar sus capacidades meramente profesionales. El ambiente y comportamiento machista de compañeros y jefes actúa como barrera para acceder a mejores oportunidades, pese a que Griffith resulta tener muy buenas habilidades para analizar los mercados y entender las finanzas. Por ello parece no tener más remedio para destacar y liderar un departamento de una firma tan importante de Wall Street, que recurrir a la picaresca para suplantar a su jefa y poner en valor su valía.

Es muy similar al argumento de Cómo triunfar en Wall Street (Donald Petrie, 1996) donde Whoopi Goldberg, de innegables cualidades para el mundo financiero, debe fingir tener un socio varón para que otros financieros valoren sus propuestas y proyectos.

No sólo en el mundo de las finanzas existen tales dificultades, en la alta judicatura o en otros campos como la ciencia la mujer ha tenido que hacer gala de unas condiciones realmente extraordinarias para tener un papel importante o simplemente contar con la posibilidad de demostrar sus capacidades. Tanto en Una cuestión de género (Mimi Leder, 2019) como en Figuras ocultas (Theodore Melfi, 2016), basadas las dos en casos reales, tenemos a mujeres que pudieron acceder a sectores profesionales acotados para caballeros aunque necesitaron de un talento innato y verdaderamente fuera de lo común, y no sin pocas dificultades.

En el cine y en los medios todavía hoy en día se pueden encontrar escenas sexistas de perpetuación de roles y convenciones sociales, aunque sea una situación cada vez menos frecuente y sólo se enmarca en la tónica de décadas pasadas.

Dicho todo lo anterior, el movimiento feminista y su evolución ha permitido afortunadamente concienciar a la sociedad y los políticos para alcanzar mayores niveles de igualdad. Y a pesar de que todo desarrollo siempre es mejorable, echando la vista atrás no cabe duda que ha sido notable, principalmente desde la mitad del siglo XX.

Aún así es necesario insistir y fortalecer la lucha feminista para reclamar lo que es justo, reivindicar el Día de la Mujer cada 8 de Marzo, para haya una igualdad real en el mercado laboral y por supuesto que no se discrimine socialmente bajo ningún concepto a nadie.

En consecuencia, resulta muy razonable ante todo lo expuesto anteriormente que esto se haga desde una perspectiva moderada, rechazando el radicalismo y criterios paternalistas que usen argumentos victimistas y de manera hipócrita busquen invertir la situación convirtiéndola en innecesariamente igual de injusta…

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