Basado en empresas reales…

Uno de los ganchos comerciales más utilizados por las plataformas audiovisuales, junto con los ‘true crimes’ y las docuseries. También ocurre con series de último cuño sobre empresas tecnológicas, casos de súper éxito. Quizá por la morbosidad de los casos reales, para el público es interesante dilucidar cómo vidas o experiencias de personas sencillas terminan en tan brillantes desenlaces. Por el asombro que causan personalidades con destellos de genialidad. No obstante, muchas otras veces el declive y la tragedia es también un buen factor de atracción.

En cualquier caso, más que humanismo y divulgación, lo que hay detrás de ello es marketing audiovisual. Es simplemente ver la mención de ‘basado en hechos reales’, ‘inspirado en una historia real’ o incluso que la historia ha recurrido a ciertos elementos de ficción; y es más que suficiente para que despierte un inusitado interés en el espectador.

En el particular subgénero de lo filmeconómico, es posible ir más allá del horizonte de las ‘start-ups‘: La red social (Facebook), WeWork, Spotify, aquellos alemanes contra Google MapsÜber, Steve Jobs, Sillicon Valley, etc. Tan fascinantes y atractivas. Tanto por la envergadura de los ceros que hay tras de esos emprendimientos, como por ser grandes historias de súper éxito empresarial. Por suerte, hay historias menos rimbombantes, pero igualmente sugerentes y motivadoras sin perder esa denominación de origen cinematográfica: lo ‘basado en empresas reales’.

Desgraciadamente, son en su mayoría estadounidenses. No hallaremos la historia de ChupaChups, la fregona, ni siquiera el invento del submarino. En España la industria se esfuerza por estirar la temática guerracivilista, habiendo encontrado un nuevo filón con la secuela del terrorismo. De entre el resto de propuestas, comedias muchas veces de dudosa calidad, algunas buenas de misterio y similares. Se echa en falta cualquiera que pudiera cristalizar en una peculiar historia empresarial. Ni siquiera por chovinismo económico, por puro afán de curiosear.

De cualquier manera, existen innumerables relatos en otras latitudes, aunque estadísticamente es raro que no se trate de producciones estadounidenses. Encontraremos ejemplos llamativos bajo la pátina de gente corriente, mundana, que merecen la atención. Resultan peculiares por sus logros, invenciones y desarrollos más que interesantes.

 

Particularmente relevante, es la historia de cómo un artilugio se convirtió en elemento imprescindible en manos, mochilas y bolsillos de muchos. El caso es que una Blackberry no era sólo un teléfono móvil, por entonces ladrillos con antena y pantallas con dos líneas de texto, cuadriculadas e ilegibles. Fue todo un avance notable en el campo de las telecomunicaciones. Implicaba meter un ordenador en el tamaño de un teléfono, lo que suponía cambiar el mundo de los negocios. Por un lado, permitía tener la oficina en el bolsillo, y mensajearte con todos: clientes, compañeros, familia… Por el otro, fue el inicio de ese gran dilema de la desconexión digital, de la desintoxicación laboral. Un aparato convertido en arma de doble filo. «La autosuficiencia en un puño». Correo electrónico en un teléfono y mensajería instantánea ilimitada y gratis con el terminal. Revolucionario era poco, en los primeros años 2000.

Esta película narra esta idea excelente de un par de canadienses que recurrieron a un ambicioso inversor para que impulsara el marketing y el nombre comercial. Para que esta evolución del ‘smartphone‘ no resultase inadvertida. Además, como valor añadido queda muy de manifiesto lo complicado de moverse entre tiburones financieros, piratas empresariales y genios informáticos. Desarrollar el producto a marchas forzadas para ganar la carrera a grandes competidores y no cometer errores estratégicos graves, no es nada sencillo. Algo que Blackberry constata bien con su declive de un 45% de cuota de mercado a la nada absoluta. Incapaz de resistir la competencia de otro producto mejorado, táctil, de pantalla de gran dimensión: el tan marquetiniano iPhone de Apple.

 

Otra historia bien curiosa es la de Richard Montáñez (Flamin Hots), un inmigrante mejicano que resultó ser el inventor de uno de los snacks más famosos del mundo, los Cheetos/Doritos/Papas picantes. Otro momento cumbre de la contribución de la gastronomía yanqui, obviando las hamburguesas ultraprocesadas… El tal Montáñez, trabajando como operario de almacén y limpieza en una de las fábricas de Frito Lay de la gran corporación de la alimentación PepsiCo, cayó en la idea de desarrollar una línea de productos con la que satisfacer al mercado hispano en auge. Siempre ávidos de sabores picantes, acostumbrados a los burritos, fajitas y cocina cargada de chile. Un mercado sin explorar, y que gracias al marketing de guerrilla entre miembros de su comunidad, se convirtió en un éxito para la compañía. Y de paso le sirvió para ascender fulgurantemente a director de marketing multicultural… Un estudio de mercado sustentado en la intuición de este señor.

 

¿Y qué decir de La fiebre de los peluches Beanie? Una verdadera historia de éxito casi inexplicable, unos peluches algo más perfeccionados por mullidos, coloridos y variados de lo habitual. Un buen estudio de innovación y desarrollo de un producto que contó con una demanda estratosférica. Quien tenga hijos constatará el inmenso acopio que se puede llegar a tener en una casa de este tipo de productos. Ty Warner (Zach Galifianakis) fue un tipo narcisista y excéntrico que se valió de varias mujeres para impulsar su negocio de los peluches, a nivel mundial, generando una demanda enorme. Todavía existen peluches Ty en las tiendas. Pero fue allá por los años 1990, cuando se convirtieron en lujuriosos objeto de deseo gracias a la sensación de exclusividad, escasez y el afán de coleccionismo de los consumidores. Favorecido por el marketing que les proporcionaba la plataforma eBay, con subastas inconcebibles. Una de las grandes virtudes de la expansión de este producto. Una especie de burbuja de los tulipanes, en versión peluches de colorines…

 

Por último, podríamos mencionar otra singular historia, la del sesudo y entretenido videojuego Tetris. Junto con el Comecocos, probablemente de lo más exitoso y perdurable de la industria del videojuego arcade. Probablemente todavía se siga jugando en cualquier tipo de plataforma (móvil, ordenador, videojuegos). La película muestra el descubrimiento del juego por parte de un ejecutivo de ventas que ha de ingeniárselas para convencer a su creador ruso para comercializarlo. El opaco estado soviético y comunista ostentaba la licencia del juego (y de cualquier cosa). Así que esta historia es toda una trama de espionaje industrial y gubernamental, y con las grandes firmas niponas que dominaban el panorama del entretenimiento, muy interesadas en obtenerlo, de por medio. Nintendo (GameBoy), Atari,….

En definitiva, claros ejemplos de lo buenas y descriptivas que pueden ser las iniciativas empresariales que campan a lo ancho y profundo de las plataformas audiovisuales. Y que incluso pueden ser utilizadas como casos de estudio. Permitiendo ahorrar tiempo y dinero en esos costosísimos másteres online o presenciales sobre negocios. Preferiblemente desde la comodidad del salón, y con una suscripción (cada vez menos) económica…