Que «el sexo vende» es algo muy evidente. Tanto en la publicidad, el cine o en las series. Siempre ha sido un recurso muy atractivo para el espectador y por eso en lo que se refiere a las series de las que hablaremos a continuación, también subyace una notable motivación pecuniaria.
A priori estas tres series parecen diversas, por sus diferentes procedencias (estadounidense, española e italiana), pero comparten trama argumental y alicientes bastante similares. En todas ellas, las protagonistas son mujeres al borde de un ataque de nervios. Cada una con sus particularidades familiares y personales, pero en definitiva con la necesidad de buscar una salida para sus problemas económicos y financieros.
La solución en común es la de encontrar un nicho de mercado con el que solventar sus problemas y llevar a cabo sus iniciativas empresariales. Y ello pasa por la industria del sexo.

Como bien se observa a través de Nines (Malena Alterio), la protagonista de la miniserie española Cochinas, las necesidades fisiológicas del sexo no implican sólo filias y pulsiones varias sino conexión emocional. Algo básico y esencial para el marketing. Y dado que por lo general, para el bienestar y salud mental de las personas se necesita tener cubiertos este tipo de estímulos, Nines ha hallado la forma de hacerlo y satisfacer a sus clientes.
Una ama de casa tradicional en el Valladolid de los albores del segundo milenio, no tiene más remedio que aventurarse a dirigir el negocio familiar, un videoclub de barrio. La mala gestión de su accidentado marido, y la competencia agresiva de las franquicias estadounidenses (del tipo Blockbuster) ponen en un brete la supervivencia del Dorothy. Así que si la competencia no cubre la demanda latente de «pelis guarras, verdes, porno o XXX»; será una oportunidad para generar ingresos y mantener a flote el negocio.
La miniserie, más allá de las consideraciones moralistas, del recatamiento forzado, sirve como una ilustración de la explosión para un negocio si se consigue una buena atracción comercial de clientes. Propiciada por una buena estrategia en la definición en la política comercial y de producto. Además de una buena promoción basada en el boca a boca confidencial entre «degenerados» y «modernas», apodadas inicialmente de forma peyorativa en el barrio como «cochinas». Aunque la serie va más por los derroteros de exponer las bondades de la educación sexual en una sociedad con una pátina de mojigatería muy palpable, es un claro ejemplo de cuán relevante es identificar al público objetivo y el tipo de producto a ofrecer para una buena diferenciación de la competencia.
Algo similar sucede con la protagonista de la italiana Sra.Playmen. Basada en la historia real de la empresaria italiana que revolucionó el mundo editorial desafiando además las leyes de la moralidad imperante en los años 1970, en una ultracatólica Italia.
Asumiendo la dirección en funciones de la empresa editorial por incomparecencia del sinvergüenza de su marido fugado, evadiendo sus responsabilidades por malversación y fraude. En un momento en el que el divorcio no era legal ni factible…
De igual forma que en el caso del videoclub de Nines, debe competir contra otro gigante (la revista estadounidense Playboy), y sortear las trabas de la justicia y los prejuicios sociopolíticos para hacer sobrevivir el negocio. La policía moral, no importa la época ni el signo político dominante, siempre aparece. En una recatada sociedad italiana, moralista y conservadora; las portadas y los contenidos eróticos eran perseguidos. El secuestro judicial de las copias de las revistas estaba a la orden del día para Playmen.
Por lo que generar contenido atractivo era la solución. Crímenes, sucesos, cotilleos, desnudos. Marketing editorial en pura esencia. Además de competir contra Playboy, los temas tabú le diferenciarán de la artificial visión yanqui.
El logro de la revista fue destapar la problemática social: sexualidad, machismo, conservadurismo. Luchando contra la poca libertad de prensa y expresión limitadas. Y por el camino hacer viable el proyecto empresarial. Una visión estratégica en la que nuevamente, el sexo es un contenido muy aceptado entre el público objetivo, además abriendo el campo de temáticas rehuyendo caer en lo banal, morboso y sórdido.
Y por último, Margo tiene problemas de dinero. Elle Fanning es la protagonista acuciada por varias circunstancias al mismo tiempo. Estudiante de universidad que comparte piso, afronta la inesperada maternidad tras una relación casual con uno de sus profesores. De ahí todo se complica personal y financieramente. Sin apoyo económico del desentendido padre de la criatura y con una familia disfuncional, ha de ingeniárselas para salir adelante con todo.
Además de esos problemas de la maternidad temprana y las dificultades económicas para pagar un alquiler, compaginar trabajo-estudios-cuidados del bebé, surge un aspecto interesante en relación a cómo monetizan algunos internautas bajo la faceta de creadores de contenido.
Margo se inicia en la corriente de las redes sociales, convirtiéndose en AlmaInsaciable en TikTok y OnlyFans. Un nuevo paradigma que se inició con tuiteros y youtubers y que ya ha trascendido a otras plataformas y nichos de contenido.
El valor principal de la serie, quizá sea el entender cómo en las nuevas generaciones existe la posibilidad de generar ingresos atípicos pero elevados mediante la creación de contenidos diversos. Personas con capacidades creativas originales, extravagantes o extraordinarias. Algo que tiene su propio público objetivo, con su demanda y con un mercado monetizable.
Veremos en carnes de la propia Margo que no es tan simple como crear y monetizar, hay que encontrar ese nicho al que aportar valor de contenido, generar interés. Su habilidad literaria y la escritura le lleva a iniciarse como comentarista de reseñas, una suerte de ‘copywritter’ de penes de sus seguidores. Para luego evolucionar con un enfoque más visual a través de una cuidada fotografía y vídeos de contenido erótico, mostrando su sexualidad de una manera curiosa. Terminando por cooperar con otras creadoras de una forma más artística y profesionalizada. Como si de ‘performances’ entremezclando arte contemporáneo y erotismo se tratase.
Y por el otro lado, superar las barreras de la moralidad y sus estigmas. Las casi inevitables críticas de los ‘haters’ y los ciberacosadores, y los problemas familiares…
En definitiva, tres series entretenidas e interesantes abordando diferentes épocas y situaciones. Independientemente de los prejuicios o reservas que cada telespectador pueda tener en relación a las expresiones acerca de la sexualidad. Series que lejos de frivolizar, ahondan en las relaciones personales y tienen efectos terapéuticos en los personajes.
Revelando cómo una ama de casa puritana de los 1990, una separada italiana en los 1970 y una madre estudiante y trabajadora de la actualidad; han de superar las barreras sociales y morales para intentar progresar en los negocios con ideas arriesgadas para su época. Demostrando que el sexo es una industria o un negocio que todavía vende y que: «el cine es mucho más que diversión, que una distracción, es una ventanita al mundo, un refugio que abre la mente».


