Series que son un buen negocio (LXXXVI): ‘Privilegios’, lujos y toxicidades

Para una joven reclusa en régimen de libertad condicional sólo hay una opción para la reinserción laboral: trabajar en el programa entre su centro penitenciario y el hotel parisino de súper lujo Le Citadel. El segundo por detrás del celebérrimo Ritz, tan inmortalizado por artistas y famosos. La serie Privilegios relata la vida en el interior de ese majestuoso hotel, y lo más interesante, las dinámicas entre clientes, empleados, directivos y propietarios.

Al principio, como nueva empleada debe adaptarse rápidamente al estricto código de conducta y de vestimenta para estar a la par con el selecto grupo de clientes y el ambiente distinguido y elegante del hotel. Como cualquier persona que comienza en un nuevo empleo, es recomendable que esté al tanto cuanto antes de las dinámicas internas del personal. De captar la personalidad de cada uno, así como los usos y costumbres del lugar.

La cultura de una empresa, de naturaleza tóxica o no, el microcosmos de los que ahí cohabitan, es uno de los aspectos más importantes para poder integrarse razonablemente bien en un ambiente laboral. En él se ha de vivir y sobrevivir durante más de ocho horas al día. Así que ojo avizor. Hay que saber quién espera ‘heredar’ la empresa, quién tiene el complejo del negrero Samuel L. Jackson en Los odiosos ocho. De qué pie cojea cada uno. Entender cómo funciona el mercadeo de favores, afinidades y rivalidades. Y aquí en particular, los recados y ¡¡las propinas!!. Obviamente, lo más importante es desvelar las intrigas entre todos los que circulan por pasillos, recepciones y estancias del palacete.

«Uno no mendiga su trozo de pastel, lo coge» (Fotograma: HBO Max)

Otro aspecto bien relevante en la serie es la búsqueda de la excelencia. «En un hotel de lujo todo se hace a medida». Un servicio pormenorizado, extremadamente al detalle vistas las peticiones o manías extravagantes de sus huéspedes. De sobra son conocidas las peculiaridades de las personas de las altas esferas y personalidades famosas. Arrogancia, desprecios, insatisfacción por los detalles más nimios. La serie deja muy patente las desigualdades sociales entre los personajes. De ahí los contrastes entre las habitaciones decoradas al extremo, y las profundidades del edificio con hormigón frío, angostos pasillos y vestuarios diminutos para los empleados. Y por supuestísimo, las puertas de acceso traseras y discretas para el personal frente al imponente portón principal.

Por ello, hay que anticiparse a los acontecimientos, y cumplir sobradamente con las expectativas del cliente. Complacer, aun siendo de manera poco ortodoxa, es toda una obligación. La reputación de este tipo de hoteles reside en su discreción y servicio ultrapersonalizado, como a Reyes y Emperadores. El cliente ultrarrico siempre tiene (aún más) la razón… Mientras el cliente esté satisfecho, nada más importa… Si la calidad del servicio en el sector del turismo suele tener trascendencia, en el sector hotelero del lujo, es esencial e ineludible.

Y cómo no, no pueden faltar las exigencias de los superiores. No tarda en darse cuenta de que su programa de inclusión laboral es un pretexto ideado por el intrigante director, yendo directo al grano en sus ambiciones de control y poder. Un manipulador y urdidor de tramas que necesita de una esbirro leal y dispuesta a hacer lo que se le ordene. El control de la información es vital para el director, y para todos.

Una arriesgada experiencia laboral (Fotograma: HBO Max)

Una de las grandes lecciones que aprenderá la inexperta y neófita botones, convertida fulgurantemente en recepcionista y asistente de clientes VIP, dada su destreza para las intrigas y las operaciones especiales. Prácticamente su formación barriobajera y experiencia carcelaria, le permite convertirse en una muy útil topo infiltrada para el director. Capaz de desenvolverse con las malas artes propias del espionaje, y escabullirse de todo tipo de problemas.

Las luchas corporativas por el poder son el epicentro de las tramas en este hotel, desenvolviéndose casi a todos los niveles. Por supuesto, como una empresa familiar que enfrenta a sus herederos, y también contra potenciales compradores. Asimismo, como no puede ser de otra manera en toda empresa que se precie, se despiertan recelos entre recepcionistas, aparcacoches y cualquiera que crea que tiene algo que obtener, o un puesto de trabajo que defender.

En definitiva, una buena intriga de marcado carácter laboral, de mucha toxicidad y que desencadena en una verdadera historia de espionaje. Una lucha por el control de la información, vital para desenvolverse a la hora de conspirar en este hotel de los líos. Una visión descarnada de lo que puede ser el mundo de la empresa, y la perspicacia laboral. Evidenciando que «todos somos parte de la estrategia de alguien».