Título original: Kuángyě Shídài
Año: 2026
Duración: 160 min.
País: China, Francia
Dirección y argumento: Bi Gan
Guion: Bi Gan, Zhai Xiaohui
Reparto: Jackson Yee, Shu Qi, Mark Chao, Li Gengxi,
Huang Jue, Chen Yongzhong
Fotografía: Dong Jingsong
Montaje: Bi Gan, Bai Xue
Música: M83
Productoras: Huace Pictures, Dangmai Films, CG Cinemá,
Arte France Cinéma, Oluda Films
Distribuidora: Madfer
Género: Ciencia ficción, Fantástico
Crítica en Letterboxd
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¿Qué es aquello, que una vez perdido, no se puede recuperar? En realidad la respuesta de Bi Gan, y de la propia película, a esta pregunta tan compleja es muy simple. De ahí reside no solo la maravilla, sino la conmoción que és, no solo por la formalidad, sino también la fuerza del manifiesto de la que es, su película más ambiciosa y personal hasta la fecha.
El cineasta y poeta chino Bi Gan, inició su carrera a la temprana edad de 26 años, con Kaili Blues. Volvió en 2018, con sólo 29 años, a la festival de Cannes, apostando por todo lo alto con su segundo largometraje, ‘Largo viaje hacia la noche‘. Fue alabada por la crítica especializada, con su nombre ya empezando a sonar en el circuito del cine de autor. Al haber empezado su carrera tan joven, sus dos anteriores obras se sienten llenas de ilusión , aunque un poco inmaduras y artificiales en contenido. En esos primeros largos, se hacía muestra de su sensibilidad en cuanto las imágenes y la narrativa visual, aunque le faltaba el salto para lanzarse emocionalmente a su cine.
Bi Gan sabe crear desde el inicio de su temprana carrera, una ambientación que hipnotiza y conmueve visualmente al espectador. Tiene claro sus referentes, los cuales vendría desde el cine de Andrei Tarkovsky o Apichatpong Weerasethakul, con un toque de Federico Fellini, David Lynch y la colorimetría romántica de Wong Kar-Wai. Pero ya es en su tercer largometraje, tras 7 años de espera, donde por fin parece haber encontrado un estilo propio y personal. Los conceptos se sienten como el conjunto de algo más emocional y sincero, en vez de un simple ejercicio fílmico impresionante.
Esta es una distopía fantástica que no está situada en ninguna línea temporal específica. No se siente como una advertencia de un posible futuro en base a la actualidad, sino una manifestación de algo tan atemporal como presente. La gente descubre que el secreto de la inmortalidad reside en el duro pero simple hecho de no soñar. Los que sueñan son denominados como deambulantes, unos monstruos feos que mueren por dentro. A pesar del dolor y la fealdad, el monstruo representado no se inmuta ante la muerte. Él no tiene razón para temerla.
El arte es el reflejo del alma humana, cuya complejidad emocional suele estar influenciada por los sueños. Ahora bien el cine, no solo inmortaliza estas ideas, sino que además les da una vida y forma física reconocible. Empezamos con un maravilloso prólogo, siendo este tal vez, de las mejores piezas fílmicas que se ha visto en el siglo. Su estética, lírica y narrativa visual, no solo destaca por los homenajes que se le hacen al expresionismo alemán mediante las sombras y formas, sino también por qué se siente como un avance de estos homenajes.
El color en vez de quitarle, le da identidad, y con solo un pequeño texto, consiguen crear un inicio divertido e impresionante. El impresionante diseño de producción, decorado, maquillaje y hasta el uso de una mayor frecuencia por imagen similar a los orígenes del cine, crean una pieza tan clásica como modernista. Esta es la base para unos 4 relatos, distribuidos a lo largo de 100 años, que pueden parecer desconexos, pero cuentan una narrativa sobre las vidas pasadas de este soñador. Los mismos actores retoman diferente papeles, en sus diferentes encarnaciones.

En estos cortometrajes, Bi Gan pone sobre la mesa diferentes tonos, estilos y géneros. Empezamos con un film noir, seguimos con un relato espiritual, luego un drama social, y concluimos con una distopía romántica. También se meten ciertos elementos como son los monstruos, el surrealismo y el metacine. De manera milagrosa, no sólo Gan hace suyos los géneros y tonos, mediante el uso especial de la fotografía, color y espacio, sino que consiguen que todos se sientan bienvenidos cómo una obra especial y ambiciosa. Por fin se deja guiar por las emociones internas en unas historias que es mejor no revelar.
La experiencia cinematográfica es única, dejando la sensación de que has salido de ver algo nuevo. En sus homenajes, también se haya una madurez al encontrar su propia narrativa emocional. No se puede revelar de qué van las siguientes historias, porque cada una es especial, y él descubrirlas forma parte de la magia de la experiencia. Te hipnotiza, pero también emociona, durante las 3 horas de metraje que se pasan volando. Lo que sí se puede decir es que el plano secuencia largo, marca identificable de Gan, que vuelve actuar como clímax, es el punto de emoción y originalidad más fuerte para concluir.
En sí cada uno puede tener una experiencia distinta, aunque la reflexión de Gan se deja clara mediante su narrativa visual. Tal vez la magia tenga truco, los demonios nunca te puedan abandonar o que mueras por amor, pero merece la pena soñar. Al final puede destruirte, pero irónicamente, es esa ilusión lo que crea la motivación y razón por la que todos vivimos. Esa supuesta inmortalidad, se siente más muerta que el propio vampiro del mismo modo que una industria automatizada, y un lenguaje que cada vez está muriendo. El cine es la representación más absoluta de lo que és la sociedad, y cómo avanza.
La inteligencia artificial, los algoritmos rápidos que destruye la capacidad de atención, o los diálogos automatizados del cine de plataformas o el comercial, son reflejo de una sociedad que se encuentra en un estado automático. ¿Pero por qué merece la pena soñar? Lo más probable es que te hagan daño, te abandonen o que vayas a morir. Precisamente la ilusión y el sueño es lo que permite, no solo conocernos a nosotros mismos, sino darnos una vida interna.
La pelea es dura hasta la exhaustion, pero hay esperanza, siempre quedará algo que hacer. Lo mismo se puede decir de un arte de tan solo 100 años como el cine, siempre tendrá la capacidad de hacernos soñar y evolucionar. La respuesta más simple al soñar, es que la búsqueda del sentido será eterna o insignificante, y por eso hay que disfrutarla.
Una de esas obras tan épicas, ambiciosas, únicas, y sobre todo personales, que no dejará indiferente a nadie. No se puede explicar, uno debe ser testigo de esta experiencia. El hecho de que un director de menos de 40 años haya reunido el talento, la ambición, y hasta madurez artística a ese punto, es impresionante.
Es tan honesta y emocional como los sueños son. Te da esperanza en no solo lo que el cine depara sino también tener esperanza en un futuro cada vez más incierto, por muy duro que sea, porque al final siempre es así. Una de las experiencias más únicas que se han ofrecido en el siglo XXI, y una de las mejores películas de la decada.



