La miniserie El magnate (Vanguard) repasa la biografía de Jan Stenbeck con algunos de sus hitos empresariales más importantes durante varias décadas (1970, 1980 y 1990). Desde que se hizo cargo del grupo empresarial familiar a pesar de sus reticencias iniciales, hasta el fin de una no tan exitosa vida personal.
Una buena oportunidad para conocer esta figura de los negocios, un magnate sueco desconocido para el gran público. No es puramente una biografía únicamente para poner de manifiesto sus logros profesionales, sino que por momentos emerge como telenovela ante tantos altibajos en las relaciones familiares y personales. Pese a ello, no deja de ser un buen drama filmeconómico.
En apenas cinco episodios veremos las andanzas de este financiero en sus años más activos como propietario y director de uno de los grupos empresariales más importantes de la Suecia socialista de aquellas décadas. Narrándose el complejo y arduo camino al éxito empresarial en el seno de esa saga familiar, que debe sortear problemas de sucesión. Las consabidas y habituales disputas de herencias sea cual es sea la envergadura del pastel. Por si gestionar un conglomerado industrial en decadencia económica, en plena desindustrialización europea, no fuera suficiente reto por si solo.
En realidad, tanto la sinopsis, la promoción o el propio póster de la serie induce a cierto engaño. Stenbeck lejos de ser presentado como un triunfador, aunque no escatima en méritos, se le muestra como una víctima del proceso. Pagando un peaje importante para obtener esos éxitos en los negocios, al convertir su vida en una zozobra. Renunciando a su anhelo de vivir en Estados Unidos donde tenía el sueño americano al alcance: una esposa estadounidense, un buen trabajo en Morgan Stanley, familia, casa con jardín… Y todo por satisfacer su ego personal en buena parte, y por otra por el compromiso moral de continuar la saga empresarial familiar ante tantas desgraciadas desdichas. Los fallecimientos consecutivos de su hermano primogénito y su padre le pusieron en la tesitura de gobernar los destinos de Kinnevik, para regocijo de la matriarca y desespero de sus dos hermanas. Litigantes y opositoras hasta que una OPA inversa les sometió por una maniobra astuta de la ingeniería financiera marca Wall Street.

Además de los aspectos relacionados con el trasvase de poder hacia Jan Stenbeck, apartando a sus hermanas del control societario, la miniserie retrata a este hombre de negocios como un visionario para el contexto socioeconómico de ese momento. Una Suecia hiperregulada por el gobierno socialista, con las industrias familiares del acero y la madera en declive. Este benjamín de la familia tenía un punto de vista mucho más vanguardista al vivir en una liberalizada sociedad como la setentera de los Estados Unidos. La imaginación de Jan fue su gran impulso. Aun cuando le supusiera una gran complejidad recomponer el accionariado y romper con la estrategia histórica familiar abandonando esas actividades tradicionales y centenarias.
Estando ya al mando en los 1980, este audaz emprendedor desarrolló a sus anchas la estrategia empresarial de fundar multitud de empresas: 50 nuevas cada año de las que obtener al menos un par exitosas. Visto ya como un tiburón financiero desmantelando industrias en su país natal, e imbuido sin duda por el espíritu aventurero de su experiencia yanqui. Sin aversión al riesgo ni miedo al fracaso emprendedor. La tecnología celular en telefonía, la televisión por satélite, el sector de la comunicación y el entretenimiento fueron su foco.
En la miniserie, no cabe duda que se enfatiza esa figura de Stenbeck como avezado empresario por la modernización de su corporación, además de presentarlo como un disruptor capaz de enfrentarse a los monopolios estatales y las regulaciones estrictas de la época que restringían la competencia. Su gran éxito fue la creación de el primer canal comercial escandinavo, con sede en Reino Unido, y emitiendo desde Luxemburgo. Todo para poder incluir la publicidad, por entonces restringida en Suecia. Pensaba, y acertaba, que la audiencia buscaba entretenimiento más que debates y contenidos aburridos.

Todo los aspectos empresariales, emprendimientos exitosos, su estrategia corporativa, son detalles relevantes para comprender esta personalidad del mundo de los negocios en Suecia. Sin embargo, la miniserie prefiere ahondar y reflejar las implicaciones personales y familiares por el gran sacrificio que supone entregarse en cuerpo y alma, sin descanso, a los grandes (y no tan) proyectos empresariales. La falta de conciliación, la disyuntiva que acertadamente plantea el cine de la vida versus el trabajo.
Echando la vista al principio de la miniserie, Jan era un tipo alegre con muy buen trabajo. Uno que le entusiasmaba, como asesor financiero en una de esas firmas rimbombantes de la industria de la Inversión. Vida nueva en una moderna sociedad como la estadounidense. Se le muestra además como un simpático caradura, con carisma para negociar y con don de gentes. Su felicidad inicial se va deteriorando a medida que tiene que viajar transoceánicamente de manera recurrente para ocuparse de sus negocios en Escandinavia. Alejándole de la familia (esposa e hijos), abocándole a una espiral ansiosa de ingesta de carne y dulces, seguramente para aliviar sus picos de enorme estrés.
En las reuniones con su fiel círculo de confianza, su equipo gestor, se comporta de manera agresiva y poco respetuosa, perdiendo los papeles en varias ocasiones. Ya observamos que se trata de uno de los puntos más destacados de ese decálogo que define la vida de los ‘yuppies‘ de las finanzas. El deterioro progresivo de la vida personal y familiar. Fracasar en ese aspecto es casi inevitable para un ‘workaholic‘.
La conclusión de la miniserie se entiende que no es la de desmerecer ni desincentivar el esfuerzo de una notoria vida profesional, pero sí a enarbolar aquello de ‘los ricos también lloran’ como moraleja. No olvidemos que este señor falleció a mediana edad (59 años), alejado a miles de kilómetros de su ex esposa y sus hijos. Tan desgraciado que murió únicamente rodeado de sus 800 millones de dólares de patrimonio…


