En este último artículo, voy a hacer el análisis del tercer acto final del largometraje La última película. Si no habéis leído los anteriores, podéis hacerlo aquí (primer acto), aquí (primera parte del segundo acto) y aquí (segunda parte del segundo acto).
SONNY NO CANTA EL HIMNO
Sonny, desde que dejó el equipo de fútbol americano, no había vuelto al campo. Allí se reúnen, cada fin de semana, casi todos los habitantes del pueblo. Además, a diferencia de los resultados de la promoción de Sonny y Duane, este año tienen éxito y están a una victoria de ser campeones del condado después de muchas temporadas. Todo el mundo está ilusionado y apenas pueden contener las ganas de que empiece el partido.
Entre tanta alegría, hay una expresión de tristeza en el rostro de una persona que no encaja con el sentir local: la de Sonny. Intenta disimular su depresión, pero es imposible esconder exteriormente la apatía interna que él sufre. La cara es el espejo del alma.
El himno empieza a sonar en todas las megafonías y todos los asistentes se levantan. Son un gran coro que canta al unísono; los individuos, cada uno distinto, se vuelven uno solo mientras entonan la letra. Sin embargo, Sonny solo mueve los labios. Aunque se lo sabe, no le nace unirse ni cantarlo.
No se siente parte ni del equipo de fútbol americano, ni de los aficionados, ni de la comunidad. Anarene ya no es su mercado. Ahora él es un producto en busca de integrarse en otro lugar, consciente de que nadie puja por él y de que sus acciones no son deseables para ningún inversor.
El equipo ha ganado. Volviendo a casa, todos los vehículos tocan el claxon para celebrarlo, pero Sonny y Billy no se sienten parte de este éxito. Mientras caminan, Sonny le da a Billy su parche; él ya no lo necesita. Ha recuperado su visión y ve toda la realidad en su totalidad. Es su manera de proteger a Billy y cumplir la misión que Sam le encargó: prefiere que Billy siga viviendo en su ingenuidad y no sufra como él. El polvo de la vida es más sucio que el que Billy limpia en las calles; no hay escoba que lo pueda barrer.
Jacy lo había dejado ciego; no obstante, el dolor provocado por su partida le ha hecho percibir ahora todos los detalles de su vida. Este es el cambio principal de Sonny en esta escena: inicia el abandono de la inocencia adolescente y asume la dolorosa lucidez de la vida adulta, convirtiéndose en el faro moral de Billy. Sonny tiene que empezar a ser Sam. Ya no es un cachorro.
SONNY BUSCA A DUANE
Sonny se ha enterado de que Duane ha vuelto al pueblo y, por ello, decide ir a verle. Llega a su casa: una pequeña cabaña de tres habitaciones. Es una mañana fría y ventosa (los dos adjetivos con los que empieza el guion). La madre de Duane llama a su hijo y Sonny espera impacientemente. Desde que se pelearon, no se habían vuelto a ver cara a cara.
Duane abre la puerta y está vestido con el uniforme del ejército. Mañana se va a la guerra de Corea. Es su último día en Estados Unidos. Le confiesa a Sonny: «Llevo toda la semana pensando que me encontraría contigo». Sonny le responde: «He oído que te vas a Corea. Pensé que sería mejor pasarme a verte antes de que te fueras». Sonny le propone ir al cine, ya que hoy es la última sesión. Duane acepta.
Duane ha sido incapaz de ir a buscar a Sonny para hablar con él y disculparse. Sonny ha tenido que dar el primer paso; él es quien siente que no pertenece a ningún estamento social, a diferencia de un Duane que ya está validado por su rol de soldado. Esta dinámica demuestra, de nuevo, que Duane actúa como un cobarde que solo es capaz de perder su orgullo por Jacy. Acepta la tregua únicamente por la inminencia de su partida.
¿POR QUÉ VEN RÍO ROJO?
Al llegar al cine, ven que la película elegida para ser la última proyección es Rio Rojo. Me he visto el western para poder entender la razón detrás de los guionistas de elegir esta película. Estas son mis conclusiones:
- Es un cierre temporal perfecto: En la película de Howard Hawks, el motor es el inicio de un viaje que nunca antes se había hecho. Dunson (John Wayne) pretende llevar a sus diez mil cabezas de ganado desde Texas hasta Misuri. Él está arruinado y solo puede salvar su futuro si emprende esta odisea. En contrapunto, en La última película, el viaje se ha acabado. Simbólicamente, esto significa que la antigua Texas (Río Rojo) ha desaparecido y ha cedido su terreno a un nuevo Estado alejado de sus valores fundacionales.
- Los horizontes se han convertido en fronteras: En el largometraje protagonizado por John Wayne y Montgomery Clift, las fronteras no imposibilitan los propósitos de los personajes. Son unos obstáculos que pueden ser superados y que pierden peso respecto al fin que se puede alcanzar. De este modo, todo el país es percibido como un horizonte por conquistar. Sin embargo, para los personajes del filme de Bogdanovich, la juventud de Anarene está atrapada por los límites del pueblo. No ven nada más allá. A no ser que se tenga el dinero suficiente para escapar, como Jacy. Ya no es que no sientan que puedan llegar a Misuri, es que ni siquiera tienen la fuerza ni el espíritu para intentarlo. Soñar no es un trabajo.
- La muerte del sueño americano: La ideología del sueño americano dicta que una persona consigue alcanzar el éxito si se lo propone. Para ello, se debe ser un emprendedor activo que no se deja doblegar por las dificultades; su tesón individual y su esfuerzo personal le harán conseguir todas sus metas. Lo logra el WASP (blanco, anglosajón, protestante) personificado por Dunson (John Wayne), que rechaza la ayuda estatal. El éxito no te lo dará nunca el sistema. Si una persona es pobre es porque es un vago que no se esfuerza lo suficiente por lograr sus fines. Estos parásitos que viven de las pagas estatales no merecen ayuda, sino el desprecio de la sociedad. Sin embargo, en el largometraje de Bogdanovich, ese ideal proyectado en la pantalla les es negado en la realidad a Duane y Sonny. En resumen: el sueño americano es una ficción cinematográfica. Duane y Sonny nunca cruzarán el «Río Rojo«.
LA TELEVISIÓN LE GANA LA GUERRA AL CINE
Hay solo ocho personas viendo la película. Antes, la sala estaba llena en todas las sesiones. La gente ya no va al cine. Al acabar el largometraje, Sonny le plantea a Duane irse a Wichita Falls a beber cerveza. Su amigo lo ve perfecto. Antes de coger el coche, se despiden de la dueña del cine. Ella les dice: «Ya nadie quiere venir al cine: el béisbol infantil en verano, el colegio en invierno… la televisión todo el tiempo». Comentemos esta escena por partes.

Primero, Sonny le sugiere a Duane irse a beber a Wichita. Sonny nunca bebía alcohol. Desde que Jacy le dejó, sí. Duane, lo mismo. La primera vez que aparece bebiendo whiskey es en la escena en la que Jacy se ha ido con Lester. No es coincidencia… Genevieve ya les avisó: «Jacy trae más desgracias que alegrías».
Segundo, la lucha entre el cine y la televisión. Está presente desde el inicio y recorre toda la película. La razón principal por la que el cine cierra es: «La televisión todo el tiempo». En 1952 (el largometraje va desde noviembre de 1951 hasta octubre de 1952), el cine empieza a perder la batalla contra la televisión y debe reinventarse.
La gente ya no salía de sus casas para ir a las salas de cine, sino que se quedaba viendo la televisión. En ella podían ver programas y series que les entretenían tanto como las películas. El cine era el lugar de reunión en los pueblos. El cine une, la televisión separa (porque la ves en tu casa). Ese carácter comunitario desaparece con la televisión.
Además, el Decreto Paramount de 1948 rompió el monopolio de Hollywood al prohibir que los grandes estudios controlaran la producción y la exhibición simultáneamente. La obligación de vender sus salas de cine dejó desprotegidos a los pequeños locales de pueblo, como el Royal, acelerando su quiebra. Esta reestructuración debilitó el modelo comercial del cine y empujó a la audiencia, desencantada y huérfana de salas locales, a buscar el entretenimiento en el televisor de sus hogares.
DUANE SE VA A COREA
Mientras esperan al autobús del ejército, Sonny y Duane pasan sus últimos momentos juntos. Duane se baja del coche y se queda unos segundos en silencio. Luego, le pregunta a Sonny si sabe algo de Jacy. Él le responde que Jacy no viene casi nunca al pueblo, ya que está en Dallas. Ha cambiado a un mercado superior.
Ella, finalmente, se ha ido para matricularse en la universidad. Aunque al principio no quería irse del pueblo y deseaba vivir junto a Duane, la cruda realidad se ha impuesto. Los ricos tienen el privilegio de irse a estudiar, mientras que la clase obrera está obligada a elegir una de las dos ofertas: morir en la guerra o trabajar en sitios precarios hasta que se jubilen.
Duane se abre con Sonny y le confiesa: «Todavía no la he olvidado, ¿sabes? Todavía no la he olvidado… Es lo más raro del mundo. Esa es la única razón por la que tú y yo nos peleamos aquella vez. ¿Te parece que le va bien en Dallas?». Sonny le contesta: «Es difícil de decir… quizá sí. ¿Crees que tú y ella lo habríais aclarado todo si yo no me hubiera metido?».
Duane, sinceramente, dice: «Ay, no… me habrían anulado a mí también, aunque lo hubiéramos hecho. ¿Ni siquiera llegasteis al motel?». Sonny, escuetamente, le deja claro que no llegaron a ir. Duane se sube al autobús y sus últimas palabras a Sonny son: «Nos vemos dentro de un año o dos, si no me matan». El autobús se va. Duane cruza la frontera y Sonny, sin su amigo, se queda aún más encerrado en ella.
Con esta partida, Duane acepta su trágico destino. Es plenamente consciente de que siempre será esclavo de la ilusión de pasar su vida con Jacy, pero también comprende que esa habría sido su peor condena. En la guerra puede sufrir una muerte física; ella le habría destruido lentamente. Sin banderas blancas que lo pudieran evitar. Hay batallas, piensa Duane, en las que es mejor aceptar la derrota antes de iniciarlas. Jacy es un conflicto que nunca podría superar.

LAS CALLES SIEMPRE TENDRÁN POLVO
Billy está, como todos los días, barriendo el polvo de las calles del pueblo. Por segunda vez, está desconcertado y triste: hoy es el primer día que el Royal está cerrado. Por eso, cruza la calle y se sienta al bordillo mientras mira al cine. Siente que le han arrebatado su refugio.
Sonny, desde dentro del salón de billar, escucha un ruido provocado por un gran camión de ganado al pasar por las calles. El vehículo está parado frente al juzgado y hay varias personas de pie delante de él. Sonny estaba volviendo al salón cuando, de repente, ve la escoba de Billy tirada en la carretera. El sheriff, un camionero, dos vaqueros, el encargado de la gasolinera y su empleado se han reunido alrededor de Billy. Está tirado en el suelo muerto.
Sam le encomendó a Sonny el deber de proteger a Billy. Un solo momento de distracción ha precipitado la muerte de Billy. Sonny ha quebrado la promesa que le hizo a su mentor. El resto de los presentes contempla el cadáver con una mezcla de indiferencia y desprecio; para estos individuos despojados de sentimientos, es solo un perdedor con una discapacidad cognitiva.
Billy, para Sonny, es la última muestra de la inocencia que tuvo en su adolescencia y representa su nexo con lo que un día fue. Para el resto, es solo un bien improductivo que no merece salir a bolsa en el desalmado mercado de Anarene.
El conductor del camión se quita la responsabilidad: «Nunca me fijé en él, nunca pensé que hubiera alguien en la calle». El empleado de la gasolinera define a Billy: «Era un chaval un poco vagabundo, siempre por la calle». El sheriff continúa: «Ay, no hacía nada. No era más que un chaval ingenuo —nunca tuvo dos dedos de frente».
El cowboy exculpa al conductor: «Era un poco tonto, ya sabes. No fue culpa tuya». Otro hombre se une a ellos: «No era más que un chaval tonto, nunca servía para gran cosa». El cowboy, con el cuerpo presente, propone irse a desayunar. Ya es tarde y tiene hambre. Antes de abandonar a Billy, el conductor que lo mató dice: «Aun así, me gustaría saber qué hacía cargando con esa escoba a estas horas del día».
Sonny no aguanta más y les chilla a todos: «¡Estaba barriendo, hijos de puta! ¡Estaba barriendo!». Es el único que muestra respeto por él (curiosidad: el actor Sam Bottoms (Billy) es su hermano en la vida real). Esta sociedad no tiene ningún lugar asignado para Sonny. Él es un extranjero condenado a ser un apátrida el resto de su vida.

Llorando, Sonny agarra a Billy por debajo de los brazos, recoge su gorra y lo arrastra hasta el otro lado de la calle. Lo tumba en el bordillo frente al edificio que le hacía feliz y le permitía evadirse del mundo: el cine. Sonny se quita su chaqueta de fútbol (Charlene le echó en cara que estaba descosida y Ruth se la cosió) y cubre a Billy con ella.
El grupo de hombres que había visto morir a Billy mira con curiosidad, pero no hace el esfuerzo de ayudar. Sonny observa, durante unos segundos, la icónica gorra de Billy. Se la deja junto a él y se aleja. Billy ha sido el único personaje que era feliz. El resto, ya sean ricos o pobres, no lo son.
Sonny vuelve a su lugar de trabajo. Ha dejado la puerta abierta. Desde el umbral, ve cómo el viento entra a raudales en el salón de billares. Se da de bruces con su realidad: su futuro es estar regentando un lugar tan vacío como él. La diferencia es que la vida no es un juego y a Sonny ya solo le falta que alguien meta la bola negra. Y no, él no tiene la posibilidad de comenzar una nueva partida.
Sube al coche de Duane y, llorando, comienza a conducir. Ahora que ya no está Jacy, él vuelve a conducir. Sonny pasa a toda velocidad por el cartel que indica el final del término estatal. No obstante, decide reducir las marchas y parar el coche. El viento sopla muy fuerte. Sonny se lo piensa y hace un cambio de sentido. Vuelve al pueblo. No es como Duane. Él no huye.
Quiere irse de Anarene, pero hay una razón para quedarse que parecía olvidada: ella. No, Jacy, no. Ella es Ruth: su última apuesta. Todo o nada. No hay otra opción.
SONNY VUELVE A VER A RUTH
Sonny camina aturdido por la acera y llama a la puerta. Ruth la abre luciendo un aspecto muy demacrado y descuidado. Sorprendida por ver a Sonny, hace un gesto para sujetarse el albornoz. Él apenas le echa un vistazo. No es capaz de sostenerle la mirada. Le pregunta: «¿Puedo tomarme un café contigo?». Ruth, reacia, le contesta: «Supongo». No le da un sí rotundo.
Ruth está desmaquillada y abandonada tanto física como emocionalmente. Sonny la revitalizó y su pérdida la mató. Ahora es él quien pregunta si puede pasar a tomar algo con ella. En las otras escenas había sido Ruth.
Entran a la cocina. Vuelve a estar desordenada. Sonny se sienta en la mesa. Ruth empieza a hacer el café. Mientras sostiene la taza, sus manos no paran de temblar. No de nervios, sino de rabia. La radio se escucha de fondo. En su casa sigue sin verse la televisión. Ella se ha quedado estancada en el pasado y no ha pasado a vivir el futuro que Sonny le negó.
Ruth se disculpa ante Sonny: «Perdóname por seguir vistiendo el albornoz». Otra vez pide perdón. Sonny no puede ni mirarla. Al servir el café, toda su ira se muestra en su cara y lanza la taza a la pared. Luego, tira la cafetera y la rompe. Una gran mancha marrón se extiende en el papel pintado. El mercado está a punto de explotar. Viene el crack.

Ruth verbaliza finalmente todos los sentimientos reprimidos desde que Sonny le abandonó por Jacy. En un estallido de dignidad herida, le grita: «¿Qué hago disculpándome ante ti? ¿Por qué siempre te estoy pidiendo perdón, pequeño cabrón? Llevo tres meses disculpándome ante ti, sin que tú estés siquiera aquí. Yo no he hecho nada malo… ¿Por qué no puedo dejar de disculparme? Tú eres el que debería pedir perdón. No estaría en albornoz si no fuera por ti; me habría puesto la ropa hace horas. Tú eres el que me ha hecho dejar de preocuparme por si me visto o no. Supongo que solo porque mataron a tu amigo quieres que olvide lo que hiciste y que todo quede bien. ¡No siento nada por ti! Tú también habrías dejado a Billy, igual que me dejaste a mí. Apuesto a que lo dejaste muchas noches, cada vez que esa chica silbaba… ¡Yo ni a un perro lo trataría así!».
Sonny intenta articular alguna palabra, pero Ruth le recrimina con amargura: » Supongo que pensabas que era tan vieja y fea que no me debías ninguna explicación. Que no tenías por qué tenerme en cuenta (hace una pausa, con dificultad). No había nada que pudiera hacer respecto a ti y a ella… ¿Por qué ibas a tenerme en cuenta? No me querías. ¡Mírame! (Se sienta frente a él) ¿Ni siquiera puedes mirarme?».
Él, incapaz de defenderse, procura los ojos de Ruth con su mirada. Es una búsqueda de amparo y de tregua. Su silencio es el de una persona que sabe que es culpable. Ruth, remata su reproche dictando el juicio final: «¿Lo ves? No deberías haber venido aquí. Lo has arruinado y se ha roto por completo. El simple hecho de que me necesites no hará que vuelva». Analicemos lo que ocurre en este monólogo de Ruth:
Ella explota y se lo dice todo de una manera muy directa. Ruth no pregunta, actúa. No tiene nada de lo que pedirle perdón porque la culpa ha sido toda suya. Su único pecado ha sido vivir por y para él.
El perro de la última frase es él. Solo con escuchar el silbido de Jacy dejaba todo por estar con ella. Jacy no le vio nunca ni siquiera como un producto deseable; para ella, él era su manera de empezar desde lo más bajo del mercado para poder volver a tener estatus e irse con los codiciados chicos de la ciudad.
Sin embargo, la mujer mayor aislada de la comunidad, lo amaba e hizo todo por él. Le apreciaba, le hizo un regalo por su graduación, cambió la habitación, se preocupó por él y fue a verle al hospital. ¿Y qué recibió por todo esto? Su espalda y su olvido. Sin explicaciones. ¿Para qué dárselas? No quería saber nada de ella. Era rebajarse demasiado.
Ruth le muestra su dolor: «Lo has arruinado todo y se ha perdido». Si estás aquí es porque me necesitas, no porque me ames. Y yo no pienso cubrir ese hueco en tu vida. Me merezco respeto. Y tú no me lo has tenido. Vete.

LAS MANOS DE RUTH Y SONNY SE ENTRELAZAN
Luego de haberle dicho todo esto, Ruth deja sus manos en la mesa. Las tiene entrelazadas y muestran su nerviosismo. Sonny extiende una de sus manos y le coge una mano a Ruth. Ella se muestra rígida, no quiere que Sonny la coja. Él no suelta su mano. Al final, Ruth se relaja y le permite que la sostenga. Ella, mientras sus dedos se entrelazan con los de él, le mira con cautela.
La respuesta de Sonny a Ruth es entrelazar sus dedos con los de ella. No tiene palabras. Esto es lo que mejor expresa lo que él quiere decirle. A continuación, os comparto la descripción completa que Bogdanovich y McMurtry escribieron. Es preciosa. Este es mi regalo para quienes me habéis acompañado en todo este análisis.
Disfrutadla: «Con los dedos de la otra mano, empieza a alisar el vello de la parte posterior de su muñeca, luego le da la vuelta a la mano, recorre las líneas de la palma hasta la muñeca, presiona las yemas de los dedos contra las venas azules de su muñeca y sube por debajo de la manga de su camisa. De repente, se le llenan los ojos de lágrimas. Toma la mano de Sonny y la presiona contra su garganta, contra su rostro húmedo. Está a punto de decir algo bonito, algo sabio o valiente o hermoso, jadea al hacerlo, le aprieta la mano, pierde las palabras. Tras un momento, más tranquila, le pone la mano sobre la mesa, le acaricia los dedos con los suyos. Se da cuenta de que el cuello de su camisa está arrugado, bajo la chaqueta, y se inclina con ternura para enderezarlo». Ruth, en la última línea del guion, le tranquiliza: «No te preocupes, cariño. No te preocupes».
Ella se lo está diciendo a los dos. Estas palabras encierran que ambos han asumido que solo pueden vencer al vacío de Anarene si se unen. Por separado, no valen nada para nadie. Por otro lado, Ruth vuelve a asumir el único rol que el pueblo le ha permitido tener: el de cuidadora. El de mujer deseable ya se lo habían asignado a Jacy. Por último, esta oración funciona como una anestesia emocional y sirve para recordarse que el mercado ha quebrado y que ellos deberán crear uno nuevo en el que solo estén ellos dos. Ningún comprador invertirá en ellos. Si están juntos, no los necesitan.

Al presenciar esta secuencia, se comprende mejor el empeño del guion por remarcar el papel de las manos en la relación de Ruth y Sonny. Cada movimiento entre sus palmas y sus dedos está minuciosamente detallado. Es la descripción física más específica de todo el guion.
Este detalle encierra un matiz fundamental. En escenas anteriores, Sonny buscaba con sus manos aproximarse carnalmente a Charlene y a Jacy. Era rechazado porque se consideraba que era un pecado o un simple juego de manipulación.
Sin embargo, ante Ruth, la caricia de Sonny no persigue un fin sexual; va mucho más allá. Con ella, sus manos buscan otras manos, otros dedos con los que entrelazarse, pidiendo a gritos ser sostenidas. Quieren ser amadas. Las manos de Ruth y Sonny desean amor, cariño, compañía, ternura y calor; mientras, con las otras dos exigían fuego, pasión, carne y sexo. Entre ellos nunca habrá una mano invisible que pueda, como al resto de habitantes, manipularlos.
Ruth y Sonny no sabrán mantener unas relaciones físicas íntimas perfectas, pero siempre tendrán sus manos para cogerse cuando haga falta. Eso es lo que los dos buscan y eso es lo que tendrán si están juntos. Nunca estarán solos. Ya no serán unos fracasados, pues tendrán algo que otros solo pueden soñar: plenitud y compañía. Como escribió Lope de Vega: «Esto es amor, quien lo probó lo sabe».


PLANO FINAL
La película comenzaba con un paneo que mostraba el cine Royal en la desértica calle principal. El plano final muestra lo siguiente: «La calle está desierta, al igual que la plaza. Sopla el viento, levantando el polvo, y el cine está cerrado». Las puertas del cine ya no están abiertas. Se ha acabado una época.
¡Qué maravilla de película!


