Inicio El Filmeconomista Series que son un buen negocio (X): algoritmos millonarios

Series que son un buen negocio (X): algoritmos millonarios

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¿Google Earth fue idea suya?

La alemana El código que valía millones (Robert Thalheim,2021) nos trae una temática de lo más actual. El incalculable valor de un algoritmo, por su utilidad para el usuario y por el rendimiento económico para anunciantes e inversores.

Esta es una de esas series apoyadas y distribuidas por el gigante Netflix. ¿Por qué en su catálogo? Estamos ante el desconocido caso de un juicio sobre una patente contra la todopoderosa Google. Y por supuesto, basada en hechos reales.

La única salvedad es que se haya elegido el formato miniserie. De “mini” tiene bien poco ya que viene empaquetada en cuatro horas en sendos episodios. Una duración excesiva para la trama. Es evidente que este producto está en auge y el marketing audiovisual lo exprime en consecuencia. En una película de un par de horas bastaba para desenmarañar el entuerto. Más todavía existiendo la posibilidad de ver el documental de 28 minutos, también en Netflix. Éste resultará lo suficientemente ilustrativo para aquellos menos propensos a invertir tantas horas en un tema.

Otro aspecto que no termina de funcionar bien es la estética y esa producción ‘pseudotelefílmica’ que puede ahuyentar a los reticentes. Las caracterizaciones y las réplicas de ambientes estadounidenses no terminan de ser del todo creíbles. En cualquier caso de lo que se trata es que el argumento sea atractivo, generando interés e inquietud como para seguir estos extensos capítulos.

Un algoritmo que lo cambiaría todo en los años 1990

Básicamente el argumento principal es el de hacer justicia poética con una empresa alemana (Art+Com) que desarrolló el algoritmo para cartografiar el planeta Tierra y mostrarlo en ordenadores personales. Y es que resulta que su Proyecto Terra Vision, como tantos otros, fue copiado o imitado al dedillo por Google en su aplicación Google Earth.

Toda la miniserie versa sobre ello, centrándose en sus tres primeros capítulos en explicarnos los orígenes de esta empresa formada por artistas digitales, algo «bohemios y soñadores» de la Alemania reunificada noventera. El cuarto y último, aborda ya el juicio final en territorio estadounidense para dirimir esa presunta infracción de Google por la violación de la patente de los germanos.

Estas disputas son todo un clásico en el sector de la tecnología y el mundo digital. Se ahonda en toda esa delgada línea entre lo que es invento, imitación, innovación o fraude. No es tan potente como La red social (David Fincher, 2010), pero siendo una temática muy similar, es peculiar por tratarse de un caso prácticamente desconocido. Es análoga a la controversia judicial que implicó a Mark Zuckerberg por copiar y apropiarse de la idea de negocio con la que fundó Facebook.

Otros grandes del sector como Bill Gates o Steve Jobs se han visto envueltos en turbulentos casos relacionados con proyectos, espionajes, imitaciones, apropiaciones y guerras comerciales y judiciales. Basta repasar Piratas de Silicon Valley (Martin Burke, 1999), la biografía de Jobs de Ashton Kutcher o la de Michael Fassbender, u otras del género. La competitividad en la industria puede llegar a ser hiperbólica. Valdría para hacerse una idea El poder del dinero (Robert Luketic, 2013) que muestra a Gary Oldman y Harrison Ford enfrentados en una guerra tecnológica sin cuartel.

Al final de lo que hablamos no es tanto de quién inventa algo sino de quién es capaz de desarrollarlo para que tenga una aplicación real útil, diferencial y valiosa en términos económicos. Inventar versus innovar. En el vertiginoso mundo de la tecnología y lo digital, importa poco quién fuese el inventor del ratón, de las hojas de cálculo o de la cartografía satélite que muestra la miniserie. Lo verdaderamente fundamental es cuál empresa es capaz de encontrar la forma de explotar la idea en forma de software, algoritmo o aplicación que tenga una utilidad real o percibida por los usuarios. Ahí es donde el algoritmo de turno se convierte en una máquina de hacer millones.

Una vuelta digital por el mundo

Y no es exclusivamente dinero. «La información es el arma del futuro, quien la controle, controlará el mundo». Esta rimbombante aseveración la pudo decir cualquiera. Y es que siempre ha sido así. Con la tecnología de por medio se vuelve más potente, para muestra lo que se puede llegar a conseguir como en el caso Brexit. El algoritmo y los datos son el arma definitiva.

La miniserie es un buen antecedente a esta segunda etapa actual de la eclosión de las innovaciones tecnológicas mediante las llamadas ‘start-ups’, pymes o empresas emergentes. En décadas anteriores ya se daba el fenómeno en garajes domésticos de hippies californianos. Desarrollo de software y tecnología, captación de grandes sumas de dinero y la aparición de los vendedores de humo de las puntocom noventeras. Un calco a la actualidad.

En definitiva, la miniserie es reivindicativa con los inventores y generadores de ideas, concediéndoles el mérito de ser unos genios aunque los millones cayeran en manos de otros.

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Filmeconomista. Disfruto del séptimo arte, e intento continuar aprendiendo economía a través del cine: La Filmeconomía.

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