Título original: The dog stars
Año: 2026
Duración: 118 min
País: Reino Unido
Dirección: Ridley Scott
Guion: Mark L. Smith, Christopher Wilkinson (basado en la novela de Peter Heller)
Reparto: Jacob Elordi, Josh Brolin, Margaret Qualley, Guy Pearce, Benedict Wong, Allison Janney, Alara-Star Khan
Música: Harry Gregson-Williams
Fotografía: Erik Messerchmidt
Compañías: Scott Free Productions, 20th Century Studios (Distribuidora).
Género: Ciencia ficción. Acción. Thriller.
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Ridley Scott, director de Alien (1979) Blade Runner (1982) y Marte (2015), vuelve al cine de ciencia ficción con La constelación del perro, adaptación de la novela de Peter Heller, y lo hace con una historia de supervivencia bastante menos interesada en el apocalipsis que en lo que queda de nosotros después de él.
La humanidad ha quedado reducida a pequeños grupos de supervivientes tras una pandemia. Hig (Jacob Elordi) vive aislado en un aeropuerto abandonado junto a su perro Jasper y Bangley (Josh Brolin), un hombre que parece haber asumido que confiar en los demás es una manera bastante rápida de morir. Desde ahí, la película construye un mundo en el que escasean tanto las personas como las certezas que pueden encontrar en el. Y durante buena parte del metraje, funciona.
Scott dedica mucho tiempo a observar la rutina de sus personajes. Hig vuela, pesca, arregla cosas, pasea con Jasper y recuerda cómo era su vida antes de que todo terminara. No hay demasiada prisa por llegar al siguiente giro de guion y, personalmente, creo que es cuando la película más brilla. La relación entre Hig y Bangley también encuentra sus mejores momentos en esos pequeños roces cotidianos, en lo que se dicen y, sobre todo, en lo que no se dicen. La película entiende que sobrevivir no consiste únicamente en encontrar comida o defenderse de quienes quieren matarte. También consiste en tener a alguien con quien hablar cuando ya no queda nadie más.
Jasper, por supuesto, ayuda bastante a que esa idea funcione. El perro no está ahí simplemente para provocar ternura (aunque lo hace), sino que representa el último vínculo de Hig con una vida que ya no existe. Su relación es probablemente una de las partes más emotivas de la película y también una de las más sencillas.

El problema llega cuando La constelación del perro empieza a parecerse demasiado a otras películas que ya hemos visto. El género posapocalíptico lleva años explorando las mismas preguntas y utilizando recursos muy parecidos: comunidades cerradas, supervivientes que desconfían de todo el mundo, amenazas que aparecen desde el exterior y personajes obligados a decidir hasta dónde están dispuestos a llegar para seguir vivos. Scott rueda todo esto con solvencia, pero cuesta encontrar una mirada especialmente nueva.
Y se nota todavía más cuando la película entra en terreno de acción. Las escenas están bien rodadas, pero rompen un poco con el tono que había conseguido durante su primera mitad. La historia parecía interesada en la soledad y en el duelo y, de repente, ¡pam! necesita recordarnos que también estamos viendo una película de supervivencia. No siempre le sienta bien.
Jacob Elordi tiene aquí un papel bastante contenido y consigue que Hig resulte vulnerable sin convertirlo en un protagonista excesivamente pasivo. Josh Brolin, en cambio, se mueve por un registro más áspero y directo. La relación entre ambos es sencilla, pero funciona porque ninguno de los dos necesita explicar constantemente lo que siente, nos lo muestran.
Scott sigue teniendo algo que muchos directores de su generación han perdido: sabe mirar. Los paisajes, los espacios abandonados y esa sensación de un mundo enorme en el que ya casi no queda nadie están filmados con mucha elegancia. Hay planos que consiguen transmitir mejor la soledad del protagonista que cualquier palabra. Es una película que, visualmente, está muy por encima de lo que termina ofreciendo su historia. Quizá por eso la sensación final sea un poco agridulce.
La constelación del perro no es una mala película. De hecho, tiene suficientes momentos buenos como para recomendarla. Pero tampoco me parece una película especialmente memorable. Se deja ver con facilidad, tiene buenas interpretaciones, una atmósfera conseguida y algunas escenas realmente bonitas, pero rara vez consigue sorprender. Porque después de tantas historias sobre el fin del mundo, sorprender era probablemente lo más difícil.
Scott demuestra que todavía sabe construir una película sólida alrededor de una idea sencilla: cuando todo desaparece, lo que más importa no es cuánto conseguimos conservar, sino quién permanece a nuestro lado. Lástima que La constelación del perro no confíe siempre en esa idea y termine recurriendo a caminos que conocemos demasiado bien.
Una película correcta, sensible y visualmente impecable. Pero también una de esas que terminan y te dejan pensando que, con un poco más de riesgo, podríamos haber salido del cine hablando de ella durante mucho más tiempo.



