Título original: & Sons
Año: 2025
Duración: 119 min.
País: Reino Unido
Dirección: Pablo Trapero
Guion: Sarah Polley, Pablo Trapero. Novela: David Gilbert
Reparto: Bill Nighy, Noah Jupe, George Mckay, Johnny Flyn, Imelda Stauton, Dominic West
Música: Cristobal Tapia de Veer
Fotografía: Diego Dussuel
Compañías: Infinity Hill, Bankside Films,Dauphin Films, Matanza Films, Prisma Cine, DK Entertainment International, Nativa Contenidos, Elevation Pictures
Género: Drama
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Memento mori. Recuerda que vas a morir. Susurrada al oído, más como una premonición que como un recordatorio, esta frase perseguía a los generales que volvían victoriosos de la guerra mientras desfilaban por las calles de la Antigua Roma. Un siervo les repetía estas dos palabras una y otra vez, encargado de ahuyentar la soberbia, de hacer que un hombre que recibía los vítores de todo un pueblo no perdiera de vista su propia mortalidad. No es una tarea fácil. Hay pocas cosas más adictivas que la fama, el reconocimiento y el éxito, por las que siempre se paga un precio. Pero, ¿vale la pena pagar ese precio? A esa pregunta intenta responder la última película del director argentino Pablo Trapero, Sus hijos.
En el filme, Bill Nighy (A 500 millas de casa) encarna a Andrew Dyer, un escritor ultra famoso que lleva veinte años sin salir de casa ni escribir, con la única compañía de su criada, su hijo menor Andy (Noah Jupe) y su cóctel particular de pastillas y botellas de whisky. Hace años tuvo una aventura que acabó con su matrimonio y destruyó la vida de sus dos hijos mayores, Richard (Johnny Flynn) y Jamie (George Mckay), el primero un dramaturgo drogadicto en recuperación, el segundo un documentalista en ciernes.
Andrew tiene su propio memento mori en el funeral de un antiguo amigo cercano y, consciente de que no le queda mucho de vida, decide reunir a sus hijos para contarles la verdad sobre el nacimiento de su hermano pequeño. Hasta aquí, la película tiene una forma conocida, uno de esos dramas familiares sobre hijos abandonados y padres ausentes que el cine ha explorado una y otra vez. Pero la revelación de Andrew va dinamitar todo lo que el espectador cree conocer: Andy no es su hijo, es su clon.
Sus hijos es la adaptación de la novela de David Gilbert, con la que comparte título. Tanto en la novela como en la película, la clonación sirve como herramienta para explorar la culpa, la redención y, al mismo tiempo, la libertad. ¿Qué pasaría si tuviéramos la oportunidad de vivir nuestra vida de nuevo? ¿Seríamos mejores hijos, mejores hermanos, mejores padres o madres?
Andrew Dyer se ve a sí mismo con apenas dieciocho años, con todas las posibilidades abiertas, toda la vida por delante y miles de errores que aún no ha cometido. Para él, su clon es un «reflejo autónomo», es él y, al mismo tiempo, no lo es. Andy le ha ofrecido la posibilidad de ser un padre mejor y también de intentar redimirse, no a través del perdón y la expiación, sino haciendo borrón y cuenta nueva, confiando en una nueva versión de sí mismo. A sus hijos, Richard y Jamie, e incluso a Andy, que nunca se enterará de sus orígenes, no les bastará.
Hay una historia conmovedora debajo de esta trama artificiosa, una historia de padres que no han debido serlo e hijos que siempre sentirán la huella de esa ausencia, pero todo se pierde en lo rocambolesco de la situación. Da la sensación de que la supuesta clonación sólo es un pretexto para hablar de los temas que tanto Gilbert como Trapero quieren abordar. Las conversaciones más interesantes, las que más pueden resonar con el espectador, no tienen nada que ver con el clon y eso vacía de significado la película. Trapero abre demasiados frentes y obstruye su propia narración con una sucesión de preguntas sin respuestas.
Sus hijos es, sin embargo, una película entretenida que no deja de hacer pensar al espectador y que tiene su valor reflexivo e incluso filosófico. Al salir de la sala, muchos pensarán en la vida que han llevado, en sus propios errores, en las personas que se fueron, en las que ellos mismos dejaron marchar. Algunos se arrepentirán, otros no, pero hay pocas personas que no desearían cambiar nada de su pasado.



