Titulo original: Tanit
Año: 2026
Duración: 108 min.
País: España
Dirección: Pep Garrido
Reparto: Dolça Salvans Portell, Sara Espígul, Isabel Rocatti, Sergio Caballero, Núria Molas, Mia Vinyoles
Música: Clara Peya
Fotografía: Asia Julia La-Roca
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Las brujas, los bosques y los hechizos son lugares comunes en las historias por una razón. Durante siglos, la magia era la única explicación que quedaba para aquello que no tenía explicación. Sin embargo, en nuestro mundo actual de empirismo y ciencia, la fantasía ha quedado relegada al entretenimiento para los adultos, aunque sigue siendo una parte esencial de la manera en la que los niños se asoman al mundo. Este tema es el que explora de una manera tierna y conmovedora Tanit, la nueva película de Pep Garrido (Sense Sostre) que se estrena este viernes 18 de septiembre en cines.
Esta pausada película, adaptación de la novela de Nùria Àlbo, nos traslada a los bosques de Montseny para seguir la historia de Tanit, interpretada por Dolça Salvans Portell. La acompañan Sara Espígul (Ciudad de sombras) y Sergio Caballero (La cena) quienes encarnan a los padres de la niña, que atraviesan un embarazo de riesgo. La acción arranca cuando Tanit encuentra en mitad del bosque la casa de La Perona, una vieja conocida en el pueblo y temida por los niños por considerarla una bruja. La protagonista, sin embargo, no le tendrá miedo a la hechicera, con la que entablará una tierna relación a lo largo del filme.
Tanit es una película que demanda paciencia al espectador. No es larga, no llega a las dos horas. Sin embargo, parece que la acción trata de acompasarse con el ritmo de las montañas y el bosque. Todo ocurre despacio. El largometraje está lleno de diálogos minimalistas y llenos de significado que ayudan a construir poco a poco una emocionalidad que se alarga hasta el final para estallar de una manera poderosa. No es trepidante. La banda sonora de la compositora Clara Peya consiste en un piano que aparece y desaparece misteriosamente, dejando que sean los mismos sonidos del bosque los que acompañen la mayor parte de las escenas.
El gran tema de Tanit es la infancia. La cámara, siempre colocada al nivel de la niña, no parece querer despegarse en ningún momento de ella. Todo lo que ocurre en el mundo de los adultos alrededor de Tanit lo vemos filtrado por su mirada. La niña, que ha perdido a su abuela y que parece vivir con miedo el nacimiento de su nueva hermana, no para de hacer preguntas. Muestra un enorme deseo de comprender cosas tan complejas como la enfermedad o la muerte. Cosas que se escapan incluso a su lenguaje.
En una de las escenas iniciales, Tanit le pregunta a su padre, sanitario, si “se te ha ‘morido’ alguno en el trabajo”. Su padre trata de evitar el tema corrigiendo a la niña: “se dice muerto”. Finalmente la protagonista consigue que le responda que sí, que alguien se ha muerto hoy en el hospital, a lo que ella responde volviendo a preguntar: “¿Ya le tocaba?”. La niña, callada y un tanto taciturna durante toda la película, se dirige constantemente a los adultos con preguntas como esta, demostrando el inicio de la conciencia de la muerte. Nadie parece darle a Tanit una respuesta satisfactoria.
Todo cambia a partir de sus encuentros con la bruja Perona, interpretada por Isabel Rocatti (L’àvia i el foraster). Esta hechicera sirve de contraparte al resto de personajes adultos de la película. Al contrario que sus padres, La Perona dibuja un mundo que está al alcance de la niña. A través de este personaje medio folclórico medio de cuento, Tanit descubre el mundo de las plantas medicinales y los amarres, no como algo oscuro, sino como un lenguaje mediante el cual puede procesar sus nuevos descubrimientos sobre el mundo.
Uno de los mayores éxitos de la película es la perspectiva. Al estar tan centrada en la niña, la narración se divide entre lo que ella ve y lo que nosotros como espectadores entendemos que está pasando. El duelo y el llanto de los padres de Tanit aparece de forma soterrada. Por otro lado, escenas cotidianas como una verbena de pueblo en la que las mujeres se visten de brujas o un juego infantil con sus amigos cobran una dimensión fantástica a través de los ojos de la protagonista.
No es casualidad que los padres de Tanit sean sanitarios y que la niña entable una relación con una curandera. Ambas caras de la moneda representan el pasado y el futuro de la medicina. La película recalca lo que hemos perdido con la razón sin llegar a hacer apología de la pseudociencia. Se limita a señalar una realidad incómoda: la verdad da miedo. “No me da la gana hacerme mayor” grita Tanit en uno de los momentos más poderosos de la película. Porque hacerse mayor implica aceptar el sinsentido y a veces todos necesitamos algo de magia para soportarlo.



