
Filólogo, docente, escritor, ensayista, viajero…y crítico de cine. Se podría decir que Hilario J. Rodríguez (Santiago de Compostela, 1963) encarna la figura del humanista contemporáneo. Alguien cuyas inquietudes le han llevado a transitar por diferentes disciplinas, pero siempre con una misma voluntad. La de mirar más allá de la superficie y entender qué hay detrás de aquello que observa.
Autor de numerosos libros y ensayos sobre cine, su mirada se ha ido ampliando con el paso del tiempo hasta desarrollar una forma de entender las imágenes que nunca se limita a lo que sucede dentro de una pantalla. Para Hilario, el cine no es solo una pasión: es también una forma de observar, interpretar y comprender el mundo.
Esa trayectoria le ha llevado a colaborar en medios como ABC, La Vanguardia, Revista de Occidente o Dirigido por…, desde donde ha defendido una crítica alejada de la opinión inmediata y la valoración apresurada. Su escritura reivindica el tiempo, el análisis y la conversación con las obras. Una crítica capaz de dialogar con las películas y, al mismo tiempo, de llevar al lector más allá de ellas.
En los últimos años, además, ha extendido su actividad al ámbito editorial al frente de Sílex Portátil, una colección de libros en formato breve que busca aproximar el ensayo a nuevos lectores, explorando figuras, temas y territorios diversos de la cultura. Un proyecto que, en un contexto dominado por las redes sociales, los algoritmos y el ruido mediático, reivindica precisamente aquello que parece estar quedando en segundo plano: el estudio, la reflexión y la curiosidad.
En esta entrevista, Rodríguez aborda los cambios que ha experimentado el periodismo de cine en las últimas décadas, su proyecto al frente de Sílex Portátil y los desafíos a los que se enfrenta ante las nuevas pautas de consumo cultural. Porque hablar con Hilario es, en cierto modo, hablar de la necesidad de detenerse. De entender la cultura como un espacio para hacerse preguntas, establecer conexiones y aprender a mirar de otra manera la realidad que nos rodea
PREGUNTA: ¿Cómo nació tu interés por el cine y cuándo descubriste que querías escribir sobre él?
HILARIO J RODRÍGUEZ: Soy cinéfilo desde mi infancia, cuando con cinco años mis padres compraron un televisor y lo primero que se proyectó en la pantalla, después de sintonizar el aparato, fue la película Los cinco mil dedos del Dr. T (Rowland, 1953) Sus imágenes surrealistas me hipnotizaron para siempre. Descubrí que quería escribir sobre cine en cuanto me di cuenta de que un espectador es un médium, una especie de intermediario entre un relato y las personas dispuestas a escucharlo. Además, supongo que leí tantísimo sobre cine que, llegado un momento, también yo quise contar sus historias a mí manera.

P: ¿Cómo ha influido tu formación como filólogo y docente en tu manera de analizar películas, escribir ensayos y libros divulgativos? ¿Qué películas te han marcado a lo largo de tu trayectoria?
HJR: Convertirme en filólogo me ayudó a encontrar la estructura, el andamiaje que hay detrás de toda obra literaria. Muy pronto exporté mis conocimientos de literatura al mundo del cine. Dar clase, por si fuera poco, me ayudó a entender que la historia de cualquier medio siempre es colaborativa y dialéctica. En cine, nadie tiene una razón definitiva, porque el cine, como el arte. en general, es algo proteico, cambiante, que cobra forma en el diálogo y luego desaparece. Uno mismo lo ve si se fija en sus cambios de opinión con respecto a una película o un director a lo largo de su vida. No vemos cine, dialogamos con el cine.
Una de las cosas que más impactó en mi modo de ver cine es mi afición a viajar. Viajar me ha hecho entender que no es lo mismo el Taj Mahal que una imagen del Taj Mahal. Pero las imágenes que más me interesan no son las que tienen su réplica en las películas o en la realidad, las que más me interesan son las que no parecen tener un reflejo, las que solo parecen posibles en el mundo del cine (como las del futuro) o en la realidad (como determinados tipos de sufrimiento y humillación).
El western siempre ha sido el género que más me ha gustado, por su laconismo y eficacia (menos es más), por los conflictos que aborda (más culturales o mágicos que capitalistas). Y me impactaron mucho, cuando era más joven, las películas de Alfred Hitchcock, Orson Welles, Yasujiro Ozu, Fritz Lang y todos los grandes maestros del periodo clásico de Hollywood. Mi favorito de aquella época es Raoul Walsh. Ahora prefiero otras cosas, menos cinematográficas pero mucho más profundas y filosóficas, como los documentales de Chris Marker, las derivas de Jean-Luc Godard o Agnés Varda, las aventuras de Werner Herzog…
P: Después de tantas décadas viendo, escribiendo y reflexionando sobre cine, ¿qué sigue fascinándote de este arte? ¿Cómo ha cambiado tu mirada con los años? ¿Qué es capaz aún de sorprenderte como espectador?
HJR: El cine, como la vida, es algo todavía por cobrar forma, algo que espera su futuro. Yo sigo esperando el futuro del cine. Y mientras lo espero, siguen haciéndose grandes películas, sigue habiendo grandes cineastas, hoy en día de cinematografías en las que antes nunca pensábamos.
Mi mirada ha cambiado porque ahora suelo necesitar más cine de evasión, porque el cine de autor o de arte y ensayo es más severo, produce películas más largas y difíciles de ver. Como espectador, me sorprenden los compromisos de actores como Tom Cruise o directores como Christopher Nolan, que lo quieren hacer todo a escala humana, sin utilizar efectos.

P: Has colaborado con medios tan diversos como ABC, La Vanguardia, Revista de Occidente o Dirigido por…. ¿Cómo ha cambiado el periodismo cultural desde que comenzaste?
HJR: Ahora el periodismo en gran medida es creación de contenido, pero sigue habiendo medios serios que quieren trabajar con gente seria. En cine, casi todo el mundo cree que es muy importante la opinión: me gusta, no me gusta, por qué. Desde mi punto de vista, la cultura del like aplicada a la crítica de cine es una pérdida de tiempo, sobre todo porque anima a tener opiniones intocables y actitudes arrogantes y maleducadas. Tampoco creo que la crítica de cine deba generar una sensación de que el arte tiene una gramática que puede codificarse, porque es falso (la mitad de los encuadres y movimientos de cámara son inmotivados, tienen motivos peregrinos o responden a criterios que tienen que ver con la repetición y la imitación. Hay que saber qué activar en torno a una película, para crear metáforas combinatorias que nos hagan pensar. Para eso, no obstante, hace falta una enorme cultura y una actitud cultural no impositiva. Y eso es difícil de encontrar.
Lo que menos me interesa de la crítica actual y pasada es el hecho de que la mayoría de los críticos apenas saben de nada fuera del mundo del cine y se quedan en él y lo convierten en algo sofocante. Un buen crítico es el que te saca de tu zona de confort y te anima a introducirte en otros campos de conocimiento. Deambula con brújula.
P: ¿Cómo valoras la evolución de la prensa cultural y cinematográfica en España durante las últimas décadas? ¿Existe aún hoy espacio para la crítica cinematográfica reflexiva en los grandes medios?
HJR: Hay medios que reclaman solo critica reflexiva, aunque cada vez menos. Entre la buena y la mala crítica sigue estando el dinero. Los medios no le pagan a cualquiera y tampoco le dan un sueldo a los becarios de los que se nutren a menudo los medios de comunicación. Hay escuelas de crítica, cursos presenciales, online, conferencias… Se estudia el cine, la crítica, pero no son suficientes. No concibo que alguien pueda ser un buen crítico sin ser un gran lector y sin saber algo de sintaxis y morfología. Sin que se muestre un poco de comprensión hacia el mundo, que pasa por rendirse ante él y no por domarlo enteramente con nuestras ideas.
P: ¿Qué papel puede desempeñar la crítica de cine en una época dominada por los contenidos audiovisuales y los algoritmos?
HJR: El algoritmo, para empezar, no genera opiniones, porque eso pasa por hablar sin que te lo pidan, por intentar crear y no por combinar, sintetizar y exponer. Sin duda, sin un periodo previo lleno de incertidumbre, jamás se puede llegar a nada. Si no prestas atención, estás muerto. Cuando no se nos escucha, gritamos, nos encolerizamos y destruimos (o sea que la IA, los algoritmos y todos los avances que se produzcan artificialmente deberían andarse con ojo, porque si hay algo que los seres humanos no aceptamos durante mucho tiempo es la esclavitud: escuchar sin ser escuchados, trabajar para un banco de datos que solo nos paga con datos exactos y opiniones fulminantes).
Defender hoy la opinión humana, no como algo exacto, unívoco y perfecto, sino como algo imperfecto pero variado, empático, es esencial. ¿Cómo se podría establecer un criterio exacto y definitivo? ¿A costa de quiénes? Porque la IA, los algoritmos y cuanto tiene que ver con el mundo 2.0 es occidental y nos representa a los occidentales, pero no a los beninenses (y digo a los beninenses porque me habéis pillado viajando por Benín y Togo).

P: ¿Qué cineastas crees que están generando nuevas formas de pensamiento crítico? ¿Hay alguno que consideres imprescindible abordar en los próximos años?
HJR: Creo que Nolan es un caso paradigmático, una especie de Steven Spielberg del siglo XXI, que lee el mundo y su historia a través del cine. También Paul Thomas Anderson es importante, aunque menos porque básicamente representa con su obra a Estados Unidos y espero que Estados Unidos vaya perdiendo su hegemonía política, militar, económica y cinematográficamente, y que el resto del mundo comencemos a valorarnos un poco más. El mundo digital nos ha hecho más espectadores del mundo que otra cosa. Ahora casi no necesitamos interactuar, vivir fuera de ciertas imágenes, capaces de hacerlo todo por nosotros. Creo que esto último debemos pensarlo. Por eso creo que en el futuro inmediato proliferarán películas sobre películas, directores o actores, películas sobre rodajes y en general todas las narrativas que exploran qué es una ficción, hasta qué punto una ficción es enteramente ficticia…
P: ¿Cómo nació la propuesta de crear Sílex Portátil? ¿Qué te motivó a asumir el reto de dirigir esta colección y en que se diferencia de otras publicadas en España?
HJR: Hace años comencé una colección de libros en la revista Versión Original porque quería diseñar hojas de ruta culturales que nos representasen a todos y no solo a unos pocos.
La idea de Sílex Portátil es un mejoramiento de lo que hice antes como editor. Y consiste en crear nuevos lectores, con textos breves y ante todo del siglo XXI. Frente a editoriales que solo venden álbumes de fotos en lugar de libros o qué solo exploran segmentos culturales afines a concepciones freak de la cultura (la televisión en los ochenta, la obra de Jess Franco o el cine de artes marciales de los 70), nosotros proponemos temas y personas más plurales y significativas. Aceptar este reto supone un enorme riesgo, como de costumbre, porque la mala educación, la prepotencia, la ira, la ignorancia y el atrevimiento siguen siendo los grandes enemigos de la cultura. Pero yo sigo aquí, como diría Anne-Marie Mièvile.
P: ¿Cómo se eligen a los autores que participan en la colección? ¿Buscan especialistas en un tema concreto o escritores con una mirada más personal?
HJR: Los autores son personas admiradas, admirables y a veces amigos, aunque pocas. No hay una cerrazón por mi parte. Quiero integrar y no desintegrarme en mí mismo. Quiero todas las edades, todas las creencias y cualquier sexo. Y quiero atender a los intereses generales, como Pier Paolo Pasolini o el cine de terror; quiero que nada que sea cinematográfico me resulte ajeno. Me gustaría pensar que los libros servirán de instrumentos exploratorios para los autores y que apenas tendrán las cosas claras sobre lo que van a escribir, antes de hacerlo. Queremos ser puntos de referencia, puntos de paso, no voces definitivas, implacables, qué miedo.

P: ¿Qué riesgos asume una colección especializada como esta en el contexto editorial actual? ¿Qué recepción han tenido los primeros títulos entre lectores, libreros y críticos?
HJR: El primer riesgo es que la editorial no se implique lo suficiente y no dediqué esfuerzos a la promoción de los libros, el segundo -y particularmente triste- que los autores firmen un libro y se olviden de defenderlo, promocionarlo y dignificarlo. El tercero es que las librerías no tengan físicamente ejemplares y que la distribuidora no apoye los libros de la colección convenientemente. Y cuarto, que el público lector no responda a la propuesta. Hay otros factores, pero los que acabo de mencionar son los más importantes.
Con los primeros títulos hemos tenido suerte por ahora, porque el libro de David Lynch que escribió Pilar Pedraza se ha distribuido y vendido bien, y mi libro Después de Auschwitz tenido una gran recepción crítica, con lo cual podemos decir que hemos comenzado con buen pie.
P: ¿Qué has aprendido como editor que no habías aprendido como escritor y crítico?
HJR: Como editor, te das cuenta del escaso compromiso que tienen la mayoría de los escritores con su oficio y con su obra, el profundo ego de algunos y lo pedestres que son las ideas de otros que se creen genios. También te das cuenta del enorme trabajo que hay que poner en un libro para que llegue razonablemente bien al mercado.
P: ¿Qué te gustaría aportar a las nuevas generaciones a través de Sílex Portátil? ¿Es posible atraer a lectores jóvenes hacia el ensayo cinematográfico?
HJR: Me gustaría que las nuevas generaciones se dieran cuenta de que el cine y el mundo entrega más felicidad y conocimiento cuanto más esfuerzo pones en entenderlo y situarlo. Los jóvenes se darán cuenta solos de que, para que tu voz no se desestime, es preciso estudiar, mejorar y explorar las películas desde muchos puntos de vista, a menudo extracinematográficos.
P: Si tuvieras que recomendar tres libros de cine imprescindibles, ¿cuáles serían?
HJR: Notas sobre el cinematógrafo, de Robert Bresson, Movie mutations, de Jonathan Rosenbaum y Adrian Martin, y Zona, de Geoff Dyer.
P: ¿Qué consejo le darías a alguien que hoy quiere empezar a escribir sobre cine?
HJR: Estudia, invierte tu tiempo y tu dinero, lee, comparte, dialoga y piensa. Y no dejes de viajar y ver películas.


