Título original: Rietland
Año: 2025
Duración: 105 min.
País: Países Bajos (Holanda) Países Bajos (Holanda)
Dirección: Sven Bresser
Guión: Sven Bresser
Reparto: Gerrit Knobbe, Anna Loeffen, Loïs Reinders, Lola van Zoggel, Susan Beijer
Música: Lyckle de Jong, Mitchel van Dinther
Fotografía: Sam du Pon
Compañías: A Private View, BNP Paribas Fortis Film Fund, Belgian Tax Shelter, Cobo, Eurimages, Netherlands Film Production Incentive, VPRO, Viking Film
Género: Intriga. Drama. Thriller | Vida rural
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“La joya oculta del Festival de Cannes”, como la ha mencionado la crítica, ha llegado a los cines argentinos en la última semana de agosto de la mano de la distribuidora Zeta Films. O más bien, podríamos decir, la joya que ha estado ahí, bien a la vista para los críticos y el público que la ha querido ver en el Festival de Cannes. Y es que la ópera prima del neerlandés Sven Bresser, no puede pasar desapercibida, porque trae a la pantalla grande la poesía visual de grandes directores como, por mencionar un par, Andréi Tarkovski o Michelangelo Antonioni, quienes creaban composiciones estéticas a través de planos secuencia o planos generales en donde la naturaleza era protagonista o, tal vez, lo eran ni más ni menos que un color, un objeto, un detalle. Y con la señalización de eso, ya no eran necesarios más diálogos ni narraciones en off para contar una (sus) historias. Y eso mismo sucede con Rietland o Tierra de Crimen, como se ha conocido en habla hispana.
La trama se basa en Johan, un hombre entrado en años que vive con su nieta Dana en su pequeña casa, una zona campestre de los Países Bajos, dedicando su vida a cortar y comercializar cañas y juncos. El puntapié de esta historia es el cuerpo de una joven asesinada, hallado por Johan en uno más de sus días laborales. A partir de aquí, se suceden las sospechas entre vecinos de la zona y las investigaciones policiales pertinentes mientras la vida debe seguir su curso normal: Dana continúa yendo al colegio, los niños, niñas y adolescentes siguen sus quehaceres cotidianos y las noticias políticas, sociales y económicas del mundo se suceden y entremezclan con las historias del pueblo. Más allá del crimen, de manera delicada, sutil, se nos muestra que algo en este pueblo no cuaja, no anda bien.
Desde el punto de vista estético, el aprovechamiento de los planos generales de la naturaleza es, sin rodeos y acorde con la crítica en general, perfecta y precisamente poético. Asimismo, acompañan a esta poesía visual, la elección de diálogos justos y necesarios, sin más ni menos palabras, lo que da lugar al pensamiento crítico y contemplativo de lo que se vé y se oye por parte del espectador. En cuanto a la historia en sí, el comienzo de la película ya nos anticipa que algo ocurrirá, lo que podemos percibir mediante el suspenso que genera la música -un tanto Hitchcockiana– en los créditos. Inmediatamente, algo similar ocurre con la primera escena a partir de la cámara encuadrando un plano general de los juncos y cañas en pleno movimiento provocado por el viento, sucedido, a continuación, por un encuadre en zoom a una porción de ese paisaje. Aquí la cámara, con su conciencia propia (como Deleuze ha sabido resaltar) y con sus recursos metafóricos, nos susurra al oído (¿o al ojo?), lo que posiblemente pasará.
Se ha mencionado que esta película tiene un dejo a David Lynch, y creemos que, quienquiera que haya hecho esta especie de comparativa, está en lo cierto. De por sí, este comienzo centrado en la naturaleza -el campo, las cañas y juncos- indicando que algo se nos está ocultando y que rebalsa lo racional, podría asemejarse al principio de Blue Velvet (1986), en donde la cámara se adentra en la tierra profunda del jardín doméstico de una casa burguesa, para mostrarnos -mediante el ojo omnipotente de la cámara- el detrás de escena de la vida superficial: aquéllo que el ojo humano no puede ver y que se escapa de su vista, ya sea porque le es minúsculo -imposible de ver físicamente- ya sea porque aborda lo metafísico, lo sobrenatural, apuntando no tanto ya a la visión sino a la mirada. A propósito de esto, Slavoj Žižek en “The Pervert’s Guide to Cinema” analiza cómo ese jardín donde todo se ve perfecto, no es más que una fachada o fantasía, mientras que debajo de esa superficie se inscribe un caos pulsional, oscuro y monstruoso.
Adentrarse en la historia de Tierra de Crimen implicará, precisamente, el descubrimiento, el desvelo de las apariencias de lo mundano mientras la curiosidad (¿o sabiduría?) de Johan lo acercan a un mundo que se encuentra más allá.



