Campamento Miasma

Nostalgia del terror de los años 80 en ‘Campamento Miasma’

Título original: Teenage Sex and Death at Camp Miasma 

Año: 2026 

Duración: 112 min. 

País: Estados Unidos 

Dirección: Jane Schoenbrun  

Guión: Jane Schoenbrun 

Reparto: Hannah Einbinder, Gillian Anderson, Amanda Fix, Arthur Conti, Eva Victor, Zach Cherry, Sarah Sherman, Patrick Fischler, Dylan Baker, Jasmin Savoy Brown, Kevin McDonald, Quintessa Swindell, Jack Haven 

Música: Alex G 

Fotografía: Eric Yue 

Compañías: MUBI, Plan B Entertainment, Scythia Films 

Género: Terror. Thriller. Slasher

Crítica en Letterboxd

Si alguna vez se sintieron atraídos por el género slasher y tienen intención por revisitarlo desde una mirada actual, pero paródica y satiresca, entonces Adolescencia, sexo y muerte en el Campamento Miasma es la película que sin dudas deben ir a ver al cine. Protagonizada por la reconocida Gillian Anderson (Sex education) y Hannah Einbinder, este film promete dar que hablar y ya está en boca de los cinéfilos amantes del género de terror de los años 80.

Estrenada este mes de agosto prácticamente de forma simultánea en Estados Unidos, Argentina y México de la mano de MUBI y Plan B, y distribuida en Argentina por Maco Cine, esta película, dirigida por Jane Schoenbrun, retoma aquéllos lugares comunes del cine de terror que impregnaron las pantallas grandes y chicas de toda una generación y cuyas bases podríamos sentar en los años 60 con la icónica Psicosis de Alfred Hitchcock.

La idea de este género es siempre recurrente: un asesino serial, psicópata, generalmente enmascarado, que persigue y asesina de manera violenta a grupos de jóvenes o adolescentes utilizando armas punzantes como cuchillos o hachas. Claras alusiones a este género son las ya emblemáticas sagas de Halloween de John Carpenter, Viernes 13 de Sean S. Cunningham y Campamento sangriento de Robert Hiltzik, esta última sobre la cual Schoenbrun se ha inspirado para su Campamento Miasma. La directora concluye con esta película su trilogía de films del género de terror -desde una perspectiva de género y queer– antecedida por We’re All Going to the World’s Fair (2021) y I Saw the TV Glow (2024).

La trama se centra en Kris Williams (Einbinder), una joven directora de cine a la que un estudio encarga resucitar la franquicia de terror Campamento Miasma luego de décadas del último rodaje de la saga. Para ello, decide contratar a la actriz que de muy joven había protagonizado a la final girl (carácter prototípico de las slasher movies, siendo la última sobreviviente en estas películas) la actriz Billy Preston (Anderson), quien desde hace años vive recluida en soledad en lo que en su momento fue el set de aquélla trascendente película.

Kris la visita y, lentamente, va entrando en su mundo, comprendiendo el por qué de su aislamiento y soledad en ese set de grabación, que aún conserva ciertos decorados de la época. Billy empieza a hacer evidentes algunos momentos traumáticos relacionados con la filmación, y con ese monstruo llamado “Pequeña muerte” (Little Death), que no sólo le da nombre al personaje asesino sino que configura una cierta alusión metafórica a determinadas cuestiones planteadas en la película: el dejarse llevar y liberarse frente a ciertas situaciones como, por ejemplo, ser alcanzada por el asesino, y una asociación de esto mismo con el acto orgásmico (hay que señalar que lo sexual, está presente en la película de manera constante).

Si bien la historia propone un recorrido notable aludiendo al terror de los años 80, su reconfiguración en modo satírico con innumerables pinceladas de humor nos la devuelve ya renovada y con una invitación a pensar el tratamiento que esas películas tenían respecto al rol de la mujer y las diversidades. Así, Campamento Miasma convoca a revisitar necesariamente nuestros propios traumas –individuales y colectivos-, explorar nuestras fantasías y tomar el sendero del riesgo a contramano del sentido común de la sociedad.

Desde el punto de vista estético, el proyecto final está muy bien logrado a través de una fotografía que acentúa los colores de la naturaleza, con repetidos planos generales, a su vez que juega a mezclarse con el contraste entre el paisaje propio del campamento y la escenografía que imita la arboleda del set de la película. Asimismo, llama particularmente la atención la intencionalidad de utilizar el recurso del metalenguaje; en este caso, el cine dentro del cine y el entrecruzamiento de lo que es verídico y lo que pertenece a la ficción. 

No se puede negar que el mensaje de la directora cala profundo en la historia y es perfectamente legible. Hay una reivindicación en salirse de las expectativas sociales y de la misma industria del cine hollywoodense, en mostrar lo queer y las disidencias pero también en señalar los traumas y cómo es posible superarlos sin más ni menos que dándole lugar a través de las palabras: compartiendo, hablando con el otro. Cruzando hacia un lugar desconocido mediante esa ‘Petit mort’.

Campamento Miasma
Gillian Anderson y Hannah Einbinder en Adolescencia, sexo y muerte en Campamento Miasma. (Imagen: MUBI)
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Lo mejor: La reinvención y autocrítica del 'slasher' en clave de parodia.
Lo peor: La música elegida para ambientar algunas de las escenas puede resultar algo extenuante.