Sombra nómada: La colonización de una vida

Título original: Nomad Shadow

Año: 2026

Duración:  82 min.

País: España, Sáhara Occidental

Dirección: Eimi Imanishi

Guion: Eimi Imanishi

Reparto: Nadhira Mohamed, Suleiman Filali, Omar Salem

Fotografía: Frida Marzouk

Música: Clara Aguilar

Productoras: Dialectic, Incognito Films

Distribuidora: Silencio Cinema

Género: Drama, Inmigración

En una época no muy lejana España tenía 53 provincias en su poder. La última, la 53, era bien conocida como el Sáhara Español. Desde finales del siglo XIX hasta el año 1976, España ocupaba un gran trecho del desierto del Sáhara. Y no un trozo pequeño precisamente: su extensión llegó a medir lo mismo que la distancia entre Fisterra y Murcia (por ahí). Con la muerte de Franco y la llegada de la democracia, España descoloniza el territorio del Sáhara occidental y deja desamparado a todo el pueblo saharaui. Un acto de cruel organización que acabó por hundir, hasta día de hoy, a toda una cultura y sus gentes que danzaban por el desierto.

Por lo general, cuando un país descoloniza otro país es porque ya poco queda que absorber de esa tierra. Pero ese proceso, que con un simple vistazo puede parecer un: “Me piro y ya” está muy lejos de ser un simple: “Me piro y ya”. España, con sobradas dotes para colonizar (aunque por detrás de Inglaterra) debería haber ejecutado un proceso de rehabilitación y protección del pueblo saharaui. Una reorganización de sus instituciones y búsqueda de diplomacia y paz con sus países vecinos. En su lugar, decidieron fijarse en la persona más guapa del baile. España cedió la soberanía a Marruecos sin tener en cuenta la opinión de los que importan: el pueblo.

A día de hoy, bajo el acoso y derribo de Marruecos y sus aliados, la lucha saharaui continúa. Un muro de arena y cemento de 2.700 kilómetros de distancia separa dunas infinitas en las que miles de historias se entrelazan. La arena de Sáhara pertenece a quien la cuida, no a quien la pisa.

Imágen de una protesta por el pueblo saharaui en «Sombra nómada»

Y parece que “Sombra nómada” (2026) de Eimi Imanishi habla de esto, pero en realidad esto es solo el telón de fondo. La historia va por otro lado. Un retorno al hogar donde una creció. Una joven saharaui es deportada a su país de origen después de pasar 10 años en España. En la vuelta, las heridas que nunca se cerraron aparecerán de nuevo para recordarnos que tan dura puede ser la ida como la vuelta. Eimi entremezcla una narrativa más clásica (la vuelta a casa, el reencuentro: el viaje del héroe a la inversa) con retazos más poéticos en los que el significado se expande. Pero un recurso que funciona puede dejar de funcionar tan pronto se gaste, y esto mismo sucede en “Sombra nómada”. Una buena idea que se ve avocada a su repetición y a su escaso desarrollo. Como habréis notado, casi me mantuvo más interesado el contexto político del Sáhara, que apenas adquiere importancia, que la reiteración de imágenes y situaciones en las que nuestra protagonista sufre el desprecio de su familia y vecinos. La idea es potente, pero se queda ahí, en una idea.

Quizá la película no consiga desarrollar todo aquello que plantea, pero sí logra despertar una pregunta que va más allá de sus imágenes: ¿Qué ocurre cuando volver a casa significa regresar precisamente al lugar del que un día tuviste que marcharte?

“Sombra nómada” es precisamente eso, alguien que debe vagar por tierras a las que no pertenece, una sombra que desaparece cuando se esconde el último rayo de luz. Y es que hay muchas sombras nómadas a nuestro alrededor.

La gente no escapa de su país por placer, y quizá ahí resida la mayor virtud de la película. En recordarnos que detrás de las fronteras, los tratados y los mapas hay personas que llevan décadas esperando poder decidir qué significa para ellas la palabra hogar. La sombra de ese pasado continúa extendiéndose sobre el Sáhara, y películas como esta ayudan a que no dejemos de mirar hacia ella.

 

 

 

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El tratamiento del conflicto saharaui
El escaso desarrollo de sus ideas
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