Título original: Sbormistraka
Año: 2025
Duración: 106 min.
País: República Checa
Dirección: Ondrej Provazník
Guión: Ondrej Provazník
Reparto: Katerina Falbrová, Juraj Loj, Maya Kintera, Anna Linhartová, Lucie Zácková, Zuzana Sulajová, Aneta Novotná, Anna Michalcová, Martina Jindrová, Marek Cisovský, Ivana Wojtylová, Lucie Ingrová, Anezka Novotná
Fotografía: Lukás Milota
Compañías: Coproducción República Checa-Eslovaquia; Czech TV, Endorfilm, Innogy Ceska Republika A.S, Punkchart films, Studio Barrandov – Film Laboratories
Género: Thriller. Drama
Crítica en Letterboxd
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El cine checo lleva décadas mirando el poder con ironía y mala leche. La Nueva Ola de los sesenta, con directores de la talla de Milos Forman, Jiri Menzel o Věra Chytilová, convirtió esa mirada en una de sus señas de identidad. Chytilová, además, hizo de la rebeldía femenina un territorio propio: Las margaritas (1966) sigue siendo una de esas películas clave en lo que a dinamitar las reglas se refiere. El coro de Praga se mueve por un terreno bastante más oscuro, pero comparte esa desconfianza hacia las estructuras de poder.
El film en cuestión nos cuenta la historia de Lucie y Karolina, dos hermanas adolescentes que forman parte de un coro femenino. Es un coro de cierto prestigio donde hay que esforzarse mucho para destacar y que te elijan. La ultra competencia es bastante notoria. Al frente está Mácha, el director del coro: de mediana edad, exigente, carismático, admirado por sus alumnas y muy consciente (demasiado) del enorme poder que tiene. Corrige a unas, premia a otras, decide quién está dentro y quién empieza a quedarse fuera. Y así, poco a poco, las distancias entre profesor y alumna empiezan a desaparecer.
Lo interesante es que el abuso no aparece de golpe. Primero están las confianzas. Después, el generar la sensación de que la alumna es especial. Una conversación que se alarga demasiado, una invitación a la sauna, un trato diferente al resto. El depredador sabe perfectamente cómo construir esa intimidad.
A lo largo de la película me doy cuenta de que este coro podría ser perfectamente una secta. No hace falta cambiar demasiado: un líder al que todos admiran, un grupo que busca su aprobación a toda costa y una jerarquía en la cual enfrentarse al que manda tiene terribles consecuencias.
Las adolescentes que conforman el coro no aparecen nunca como un grupo unido. Se tienen celos, compiten, quieren destacar a toda costa. Hay muchas batallas por ser la favorita y eso Mácha sabe muy bien cómo aprovecharlo. Cuando todas quieren gustar al que manda, controlar el grupo resulta sencillo.
La actriz Kateřina Falbrová (Mención interpretativa en el BCN Film Fest 2026) es un gran descubrimiento. Su Karolina no necesita explicarnos continuamente lo que está sintiendo. Es muy expresiva tanto en su mirada como en sus silencios. Apreciamos perfectamente cómo va cambiando su relación con Mácha. Hay un momento en el film (especialmente incómodo) en el que empieza a comprender que aquella atención que tanto deseaba se le está volviendo en su contra.
La labor del director de fotografía Lukáš Milota es formidable. El 16 mm le da a la película una textura cálida y granulada, casi como si estuviésemos ante un vídeo doméstico familiar. Los interiores y los paisajes nos acercan a la vida cotidiana. Cabe destacar que la fotografía no busca en ningún momento embellecer el horror. Lo que sí consigue (y con creces) es que el mundo en el que sucede resulte más reconocible.
El director Ondrej Provazník maneja temas muy candentes: El consentimiento, el abuso de poder, el silencio y toda la conversación que hoy asociamos al MeToo están presentes. Y, en vez de ponerse la toga de juez, la película hace todo lo contrario y te deja que saques tus propias conclusiones como espectador. Eso, en una película que toca temas tan delicados, es una decisión valiente y se agradece.
Por supuesto, no todo me convence. El ritmo es pausado y en algunos momentos demasiado uniforme. Su voluntad de sugerir puede dejar con ganas de que determinados conflictos tengan algo más de recorrido. Pero también entiendo esa elección. Cuando llega el tramo final, Provazník no necesita convertir el horror en espectáculo. Lo deja fuera de campo y consigue que resulte todavía más incómodo.
Porque El coro de Praga habla de un depredador sexual, sí. Pero también de todo lo que tiene a su alcance para que siga siendo admirado y encubierto. Siempre hay quienes prefieren conservar su posición o bien mirar hacia otro lado. Cualquier excusa es buena para no enfrentarse al líder.
Pienso en la distorsión que supone ver un coro cantando perfectamente afinado mientras, entre bambalinas, alguien ha empezado a destrozarlo todo. Contando, además, con el beneplácito hipócrita de ciertas instituciones. La película llega en el momento adecuado y con un mensaje claro: Cuando se tolera el abuso de poder las consecuencias pueden ser devastadoras.



