Creo que uno sabe bastante bien qué va a encontrarse cuando asiste a un concierto de la Film Symphony Orchestra. Y, aun así, siempre hay un momento en el que la experiencia termina superando esa expectativa previa. Quizá porque la FSO no se limita a interpretar bandas sonoras, convierte cada concierto en una experiencia. En una celebración de la cultura pop, la nostalgia y la magia del cine.
El pasado sábado, la orquesta regresó a Sevilla con una única parada de su gira Toon Story, un espectáculo pensado como un sincero homenaje a las películas de animación que marcaron la infancia de millones de personas de todo el mundo. Desde Disney y Pixar, hasta Dreamworks y Studio Ghibli, la FSO ha presentado por toda España un repertorio musical que recorre todas esas míticas historias que han permanecido intactas en el imaginario popular décadas después incluso de su estreno en salas.
El Auditorio del Palacio de Congresos y Exposiciones de Sevilla (FIBES) fue llenándose poco a poco de padres que sostenían las manos de sus hijos, de grupos de amigos que discutían por si es mejor Hans Zimmer o John Williams, y de abuelos que compartían miradas de complicidad con sus nietos. Y gracias a un entusiasta grupo de cosplayers locales que, entre destellos de flashes y sonrisas, insuflaban alegría al photocall de la entrada, en el ambiente se podía percibir esa emoción previa que caracteriza los grandes conciertos.
Tras entrar en el patio de butacas y un breve aviso, las luces se apagaron de repente y el escenario mutó su piel cromática. La inconfundible sintonía de los Looney Tunes rompió cualquier atisbo de solemnidad que podía esperarse de una orquesta sinfónica, recibida por los espectadores entre aplausos y sonrisas inmediatas. Poco después irrumpió en escena Constantino Martínez-Orts, director de la FSO desde hace más de una década y figura esencial para entender el éxito del proyecto.
Más allá de su faceta como director, Martínez-Orts ejerce también como narrador y divulgador. Y es que antes de cada pieza, el valenciano dedicaba unos minutos a contextualizar las composiciones, explicar referencias musicales o compartir anécdotas relacionadas con sus autores y películas. Lejos de ralentizar el ritmo del espectáculo, esas intervenciones sirvieron para acercar aún más al público a unas partituras que muchos reconocían de memoria, pero cuyo trasfondo desconocían por completo.
El concierto arrancó con “The Incredits”, la composición de Michael Giacchino para Los Increíbles de Pixar. Antes de que la batuta diera el primer corte en el aire, Martínez-Orts explicó que aquella partitura no era un mero acompañamiento para los títulos de créditos del final de la película, sino una elegante y sofisticada suite con la que el compositor quiso rendir homenaje a aquellas populares películas y series de espías de los años 50 y 60, al más puro estilo de Misión Imposible o el James Bond de John Barry.

Y en cuanto comenzó la interpretación, quedó claro el nivel de la propuesta. La sección de viento metal asumió el protagonismo con una fuerza arrolladora, marcando desde el inicio el tono de una noche que reivindicó la música de animación posee la misma complejidad, grandeza y madurez que cualquier clásico. La FSO empezó con ello a invocar la la infancia del publico presente, demostrando que la gran música de cine, cuando se ejecuta con el corazón, es capaz de detener el tiempo.





