‘Un hijo’, un recordatorio de lo que es ser niño

 

Título original: Un hijo

Año: 2025

Duración: 94 min

País: España

Director: Nacho La Casa

Guion: Nacho La Casa y Juan Apolo

Fotografía: Santiago Racaj 

Música: Zeltia Montes 

Reparto: Ian Cortegoso , Macarena García, Hugo Silva, Jesús Carroza, Javier Aguayo, Chema del Barco.

Compañías: Capitán Araña, Guion Alto, Veleta Films AIE, Vicinema, Televisión Española, Movistar Plus+, Canal Sur

Distribuidora: Filmax

Género: Drama | Enseñanza. Infancia 

Las relaciones entre padres e hijos en el cine suelen reflejar emociones universales: el amor, la protección, los conflictos generacionales y la búsqueda de identidad. A través de estas historias, el cine muestra cómo los vínculos familiares pueden ser tan complejos como profundos. Muchas películas presentan padres que intentan guiar a sus hijos mientras luchan con sus propios errores y miedos, y jóvenes que buscan independencia sin dejar de necesitar afecto y comprensión.

Dentro de estas emociones el director Nacho La Casa estrena su primer largometraje propio, titulado “Un hijo” la película cuenta la historia de María, una psicóloga escolar sin experiencia, intuye que, tras la aparente felicidad de un niño de 8 años recién llegado al cole, se esconde un secreto de imprevisibles consecuencias. Para averiguarlo deberá descifrar lo que la mente de Guille traduce en dibujos y, además, vencer la intransigencia de su padre.

Macarena García e Ian Cortegoso en una escena de «Un Hijo» (Imagen: Filmax)

Basada en la novela Un hijo, de Alejandro Palomas, publicada en 2015, la película consigue trasladar a la pantalla toda la sensibilidad y la carga emocional que destacan en la obra. Tanto la novela como su adaptación cinematográfica hablan de la fragilidad de la infancia, del dolor silencioso que muchas veces esconden los niños y de la incapacidad de los adultos para comprender aquello que no se dice con palabras. A través de una historia íntima y profundamente humana, la película aborda temas como la soledad, la pérdida, la incomunicación y la necesidad de sentirse querido y escuchado.

Sin duda, estamos ante una de las películas más emotivas y sinceras del cine español en este año. Lejos de caer en el dramatismo excesivo, la historia apuesta por la sensibilidad y la cercanía, construyendo un relato que emociona precisamente por su naturalidad. La película destaca especialmente por el mensaje que transmite sobre la empatía, la importancia de escuchar a los demás y el valor del cariño familiar, incluso en los momentos más difíciles. Gran parte de la fuerza de la película reside en sus interpretaciones. Ian Cortegoso, en el papel de Guille, es la gran revelación de la historia. Su actuación resulta sorprendentemente madura y auténtica, consiguiendo transmitir con enorme delicadeza la inocencia, la imaginación y la vulnerabilidad de un niño que utiliza la fantasía como refugio frente a una realidad dolorosa, un personaje lleno de ternura y sensibilidad, un niño que todavía cree en la magia y que afronta el mundo con una mezcla de miedo y esperanza que conmueve desde el primer momento. Frente a él aparece Manuel, su padre, interpretado por Hugo Silva, un personaje complejo, marcado por el sufrimiento y la dificultad para expresar lo que siente. Aunque ama profundamente a su hijo, no sabe cómo acercarse a él ni cómo gestionar el dolor que ambos arrastran. La relación entre padre e hijo se convierte así en el verdadero corazón de la película: dos personas que se quieren, pero que son incapaces de comunicarse de la manera adecuada. Dentro de esta dualidad aparece María, interpretada por Macarena García, su personaje aporta calma, comprensión y empatía, convirtiéndose en una figura fundamental para entender a Guille y ayudar a Manuel a enfrentarse a sus propios conflictos emocionales. María no solo escucha al niño, sino que también actúa como puente entre padre e hijo, permitiendo que ambos comiencen a romper el silencio que los separa.

En conjunto, los tres personajes construyen una historia profundamente humana en la que rebosan el amor, la ternura y la necesidad de sentirse acompañado. La película no solo emociona por lo que cuenta, sino también por la forma tan honesta y delicada en la que lo hace, dejando una reflexión muy poderosa sobre la importancia de cuidar, escuchar y comprender a quienes más queremos.

Hugo Silva en una escena de «Un Hijo» (Imagen: Filmax)

Aun así, la película no consigue escapar por completo de algunos clichés propios del género familiar y dramático. En determinados momentos, la historia puede resultar algo predecible, especialmente en la manera en la que se encamina hacia su desenlace. Hay situaciones y conflictos que el espectador más acostumbrado a este tipo de relatos probablemente vea venir con antelación, lo que hace que la película no termine de ofrecer algo especialmente novedoso dentro de su propuesta narrativa. Sin embargo, esto no llega a convertirse en un problema grave, ya que la fuerza emocional de la historia y la sinceridad con la que está contada consiguen mantener intacto su impacto. Aunque algunas decisiones sean previsibles, la película sigue emocionando gracias a la honestidad de sus personajes y al enorme corazón que transmite en cada escena.

Como conclusión, «Un hijo» es una de esas películas capaces de tocar al espectador desde la sencillez y la sensibilidad. Una obra hecha con muchísimo cariño, cuidada en cada detalle y sostenida por unas interpretaciones sobresalientes que aportan verdad y humanidad a todos los personajes. Más allá de su historia, la película deja una reflexión muy bonita sobre la importancia de escuchar, comprender y acompañar emocionalmente a quienes queremos. Además, confirma el enorme talento de Nacho La Casa, que se posiciona como una de las grandes promesas del cine andaluz actual.

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LO MEJOR: LA RELACIÓN PADRE E HIJO Y TODA LA SENSIBILIDAD DE LA HISTORIA
LO PEOR: ALGUNOS CLICHÉS DEL GÉNERO
7.5