Título original: Kiss of the Spider Woman
Año: 2025
País: Estados Unidos
Duración: 128 min
Dirección: Bill Condon
Guion: Bill Condon
Reparto: Jennifer López, Diego Luna, Tonatiuh Elizarraraz
Música: John Kader
Fotografía: Tobias A. Schliessler
Compañías: 1000 Eyes, Artists Equity Josephson Entertainment, Nuyorican Productions
Distribuidora: Sony Pictures
Género: Drama. Musical
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El beso de la mujer araña es el título de la novela que el escritor argentino Manuel Puig publicó en 1976 y también de las múltiples versiones teatrales y cinematográficas que inspiró su obra. Bill Condon reúne en esta nueva interpretación del texto elementos de todas las versiones previas y toma como punto de partida el musical de Terrence McNally estrenado en Broadway en 1993.
La película cuenta la historia de Valentín (Diego Luna) y Molina (Tonatiuh Elizarraraz), dos presos que comparten celda en una prisión y que van construyendo un vínculo especial al compás de la voz de Molina y su relato de la trama de una película protagonizada por una diva de Hollywood (Jennifer López). Elizarraraz y Luna forman una pareja magnífica en la piel de estos dos presos que representan dos formas de vida, dos formas de afrontar el encarcelamiento y la tortura.
Molina, un escaparatista que lucha por expresar su identidad de género, encuentra en la actriz Ingrid Luna y en sus películas no sólo una vía de escape, sino una figura que canaliza su deseo más íntimo: ser mujer. Valentín, en cambio, vive anclado a la lucha revolucionaria, a las torturas y a sus secretos, y considera trivial la obsesión de Molina por sus películas. Poco a poco, estos dos personajes tan diferentes empiezan a entenderse y a confundirse: si al principio Valentín escucha reticente la narración de Molina, pronto empieza a ser él quien quiere escapar a la trama de esa película de Ingrid Luna, El beso de la mujer araña.
Bill Condon trata con mucha más libertad que la versión cinematográfica anterior la relación de amor entre Valentín y Molina, y la identidad de género de esta última. Aunque el romance aparece de forma abrupta, la dinámica entre los dos personajes – y la química entre los dos actores principales – es el corazón de la película y los momentos más memorables del filme ocurren entre las cuatro paredes de la celda que comparten.
La otra parte de la película, esa escapada musical al mundo de Hollywood, es una distracción – como también lo es para Valentín y Molina –. Condon no consigue imprimir ningún peso emocional a esta historia paralela que, paradójicamente, es la representación ficcionada de los temas que atormentan a los protagonistas: el amor, el sacrificio por una causa, la sexualidad y el deseo de ser alguien diferente. De hecho, el final de El beso de la mujer araña ya anuncia de forma inequívoca el final de Molina.
Como los números musicales suceden sólo en la película de Ingrid Luna, acaban resultando tan triviales como ella. Jennifer López brilla en esos momentos en los que canta y baila, pero desaparece entre canción y canción. La parte musical de la película termina siendo un elemento añadido que no deja ninguna huella en el espectador y que parece responder a la pregunta de por qué hacer una adaptación musical con otra pregunta: ¿y por qué no? El resultado final es una película correcta que entretiene, pero no emociona.
A pesar de todo, Condon logra evocar una reflexión importante: el cine siempre ha sido un refugio, una vía para escapar de la realidad. Pero incluso el cine tiene sus límites, en algún momento, las luces se encienden, las palomitas se acaban y la vida llama a la puerta de nuevo. El beso de la mujer araña es, en cierto sentido, el reflejo del cine como esta huida frenética y desesperada desde una realidad llena de sufrimiento hacia un mundo en tecnicolor, donde las posibilidades son infinitas y, sobre todo, donde nada es real.



