‘Mortal Kombat 2’, golpe de nostalgia

Título original: Mortal Kombat II

Año: 2026

Duración: 116 min.

País: Estados Unidos

Dirección: Simon McQuoid

Guion: Jeremy Slater

Reparto: Karl Urban, Adeline Rudolph, Jessica McNamee, Josh Lawson, Ludi Lin, Tati Gabrielle

Música: Benjamin Wallfisch

Fotografía: Stephen F. Windon

Compañías: New Line Cinema, Atomic Monster, Broken Road Productions, Fireside Films.

Distribuidora: Warner Bros.

Género: Acción. Comedia. Videojuegos

Crítica en Letterboxd

En los años 90 los videojuegos de lucha eran poco menos que una religión para muchos chavales. Las recreativas estaban siempre llenas, nos dejábamos las monedas de cinco duros en máquinas imposibles y discutíamos en el patio del colegio sobre quién era mejor, si Sub-Zero o Scorpion. Era inevitable que Hollywood terminara intentando explotar aquel filón. El problema es que la mayoría de adaptaciones daban bastante vergüenza ajena. Ahí están Street Fighter (1994), con un Jean-Claude Van Damme pasadísimo de rosca, o aquella Mortal Kombat de 1995 que, pese al cariño nostálgico que algunos le tienen, era un auténtico delirio kitsch.

La versión de 2021 intentó endurecer el tono y acercarse más a la violencia del videojuego, pero seguía sin encontrar del todo el equilibrio. Ahora llega Mortal Kombat 2, nuevamente dirigida por Simon McQuoid y producida por James Wan, con la sensación constante de querer contentar al fan de toda la vida sin complicarse demasiado la existencia.

La película tiene un claro componente nostálgico. Basta con ver aparecer el mítico logo del dragón o escuchar cierta música machacona para que a muchos nos venga automáticamente el recuerdo de aquellas tardes jugando a las recreativas. McQuoid sabe perfectamente cuál es el público objetivo y no tiene ningún reparo en lanzar guiños constantes al videojuego. A veces funcionan y otras parecen puro fan service metido con calzador, pero al menos el film nunca oculta lo que realmente quiere ser. Y se agradece esa honestidad dentro de un Hollywood cada vez más obsesionado en convertir cualquier blockbuster en algo supuestamente trascendente.

El relato gira principalmente alrededor de Johnny Cage, Kitana y Shao Kahn, aunque el reparto coral hace que constantemente entren y salgan personajes conocidos de la saga. El torneo Mortal Kombat es la excusa argumental principal, acompañado esta vez por la búsqueda de un amuleto y las habituales traiciones entre reinos, alianzas imposibles y resurrecciones varias. Porque si algo queda claro aquí es que la muerte dura muy poco. Resulta complicado tomarse demasiado en serio un universo donde los personajes reaparecen cada veinte minutos. No obstante, uno entiende que lo mejor es dejarse llevar y aceptar las reglas absurdas del juego.

mortal-kombat-2-critica
Fotograma de ‘Mortal Kombat 2’ (Imagen: Warner Bros)

Donde Mortal Kombat 2 muestra cierta personalidad es en las escenas de combate. Cuando la película se centra únicamente en repartir mamporros funciona bastante mejor que cuando intenta desarrollar su mitología. Hay combates rodados con energía, buenas coreografías y algún momento pensado directamente para arrancar los aplausos del público más gamer. Los inevitables “Finish Him” siguen teniendo ese punto de celebración colectiva que conecta muy bien con el recuerdo del videojuego. Eso sí, quien espere una brutalidad salvaje quizá salga algo decepcionado. El gore existe, pero bastante más dosificado de lo esperado. Y el CGI, aunque por momentos cumple, también deja varias escenas con un acabado digno de videojuego antiguo.

La gran incorporación de esta secuela es Karl Urban (El engaño) como Johnny Cage. Y, sinceramente, era justo el tipo de actor que necesitaba la película. Urban entiende perfectamente el tono: un héroe fanfarrón, algo ridículo, pero con suficiente carisma como para sostener media película él solo. Su Johnny Cage funciona porque nunca intenta parecer profundo. Es un actor de acción venido a menos que acaba metido en una guerra salvaje sin tener siquiera poderes especiales. Y precisamente esa vulnerabilidad, escondida tras la chulería constante, es lo que hace que el personaje termine cayendo bien. De hecho, cada vez que la película decae un poco, él aparece para devolverle algo de vida.

En el lado contrario aparece Martyn Ford como Shao Kahn. Más presencia física que interpretación, pero probablemente eso sea exactamente lo que requería el personaje. Cada vez que aparece en pantalla parece capaz de atravesar una pared de un cabezazo. Kitana, por su parte, aporta el conflicto más interesante de toda el film gracias a sus vínculos con Shao Kahn y Jade, aunque el guión tampoco profundiza demasiado en ello. Da la sensación de que algunas subtramas podrían haber dado algo más de sí.

Simon McQuoid vuelve a demostrar que es un director eficaz para la acción, pero bastante plano en todo lo demás. La película visualmente cumple, las peleas están bien coreografiadas y el ritmo aguanta durante buena parte del metraje, aunque en el tramo final empieza a hacerse repetitiva. Tras tantas batallas, el desenlace termina sintiéndose inevitablemente rutinario, preparando además futuras secuelas de forma bastante evidente. Warner quiere franquicia y la película tampoco intenta disimularlo demasiado.

Mortal Kombat 2 no va a cambiar la historia del cine ni pretende hacerlo. Es un entretenimiento palomitero consciente de sus limitaciones, construido para fans del videojuego y para espectadores que simplemente quieran ver tortazos, criaturas chungas y nostalgia noventera durante cerca de dos horas. Tiene bastantes defectos, sí, pero también entiende algo importante que muchas adaptaciones olvidan: este universo siempre fue más divertido cuando abrazaba su absurdo sin complejos. Y solo por eso ya mejora claramente la entrega de 2021. No es la gran adaptación definitiva que muchos llevan décadas esperando, pero tampoco intenta engañar a nadie. Va de lo que va. Y quizá ahí reside parte de su encanto.

mortal-kombat-2-critica
Fotograma de ‘Mortal Kombat 2’ (Imagen: Warner Bros)
Nota de lectores0 Votos
0
LO MEJOR: Karl Urban y las peleas marca de la casa
LO PEOR: La sensación de déjà vu y los agujeros de guión
6