Título original: Le città di pianura
Año: 2025
Duración: 98 min.
País: Italia
Dirección: Francesco Sossai
Guion: Adriano Candiago, Francesco Sossai
Reparto: Filippo Scotti, Sergio Romano, Pierpaolo Capovilla, Roberto Citran, Lea di Leo, Andre Pennachi
Fotografía: Massimiliano Kuveiller
Compañías: Vivo Film, Rai, Maze Pictures, Rai Cinema, BKM, Eurimages, Ministero della Cultura, Regione del Veneto, Veneto Film Commission, Filmförderungsanstalt
Género: Drama, comedia, Road Movie
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Hace justo dos años que fui al Veneto de vacaciones. Iba a casa de mi amigo Giorgio, compañero de piso en el Erasmus y de noches en el Barrio Alto de Lisboa. Hacía justamente otros dos años desde que no nos veíamos, pero vimos la ocasión perfecta de reunirnos en su ciudad de origen, Padova, en estas fechas de 2024, en plenos Juegos Olímpicos, y cuando la canícula más aprieta.
Este meridionale que escribe (o terroni de España, como me gustaba autodenominarme para más aclamación de los forofos italianos) llegaba un poco desnortado. En su primer trabajo serio, ya habiéndose olvidado de sus experiencias laborales en Lisboa, y metiéndose en una vida adulta que parecía que le desbordaba por las aspiraciones que se proyectaban sobre él.
¿Y qué hicimos Giorgio y yo? Pensar siempre en la última ronda, esa que nunca llegaba, pero que era el motor para la siguiente aventura. No negarse a nada y fluir a pesar de la adversidad. Desde esa primera noche donde me tuve que quedar con sus amigos y conocí a la Barbra Streisand padovana; hasta esa despedida de soltero con desconocidos en Rimini que culminamos cantando ‘Hasta siempre, Comandante‘.
Y es que la aventura puede que (no) sea el sentido del mundo, tampoco nos lo aclaran en La última ronda en Venecia, la tremenda ópera prima de Francesco Sossai, que le ha valido ocho Davide de Donatello. Puede que la odisea (ahora que está de moda la de Nolan, que, ya anticipo, he visto por partida doble en salas) sea un camino difuso guiado por el azar con un destino que muchas veces no sabemos si queremos afrontar. Ya sea la reminiscencia de la crisis de 2008, que expulsó del mundo productivo a los dos alegres alcohólicos protagonistas de esta película; o por el amor de esa chica que le espera en Verona al más joven.
Y es que aunque la carretera una varios pueblos, ¿para qué sirve si no vas a ningún lado? Al menos, te proporciona un plan de escapada, como en este Il Sorpasso (Dino Risi, 1962) contemporáneo, en el que los kaurismakianos Doriano y Carlobianchi (Pierpaolo Capovilla y Sergio Romano) embarcan a Giulio (Filippo Scotti, al que conocimos en Fue la mano de Dios) en su BMW desvencijado para mostrarle su filosofía de vida, a través de un paisaje rural que se quiere parecer cada vez más a la gran ciudad, pero con una pobreza material que solo le permite compartir su sensación de soledad y abandono.
Una mirada amarga, pero con sabor dulce, que enseña el valor a Giulio aunque sea a base de Gin-tonics, Daiquiris y cafés con Grappa. Porque la vida no suele dar otras oportunidades y somos demasiado mayores como para permitirnos envejecer. Y nunca está de más gritar por la ventana del coche, y entender que desviarse del camino es parte del mismo.
Si me preguntan, supongo que la última ronda de esta película fue en Verona. La mía, desde luego, no terminó en la ciudad de los capuletos y montescos.



