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Querido Bollywood, tenemos que hablar

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Bollywood, llevas conmigo desde hace seis años. Han sido muchas las cosas que he descubierto y aprendido contigo: una nueva cultura, una forma distinta de hacer cine, actores y actrices fantásticos, nuevos detalles a los que darle importancia en una película… Teníamos nuestros desacuerdos y no siempre todo era color de rosa, aunque las alegrías nos ayudaban a superar estos pequeños obstáculos entre nosotros. Pero siento que nuestra relación ha cambiado, y sé exactamente por qué. No soy yo, eres tú.

Devdas (2002) fue una de las primeras súper producciones de la India que se cruzó en mi camino. La culpable no fue otra que Aishwarya Rai, quien forma parte del trío protagonista junto a Madhuri Dixit y Shah Rukh Khan. Con esta película descubrí a Sanjay Leela Bhansali, director al que me apresuré en colocar en un pedestal por su interesante uso de la dirección artística. La exuberancia de su puesta en escena, junto a las elegantes coreografías de danza clásica en sus números musicales, es el punto fuerte de este cineasta guyaratí.

Ávida de la marca Bhansali, disfruté de Hum Dil De Chuke Sanam (1999), que posiblemente sea la única película de Salman Khan que tolero, Saawariya (2007) y Guzaarish (2010), que toma inspiración de Mar Adentro (2004, Alejandro Amenábar). Con Goliyon Ki Raasleela Ram-Leela (2013) conocí a Ranveer Singh y a Deepika Padukone, que son dos de mis intérpretes predilectos. Aunque esta cinta es una de mis favoritas, abre una nueva era para la cinematografía de Sanjay Leela Bhansali.

De sus últimas producciones, Bajirao Mastani (2015) y la polémica Padmaavat (2018), lo más reseñable es el cantoso uso del CGI en la creación del espacio escénico. Aunque el uso de elementos digitales es un recurso más en la producción audiovisual, su abuso puede repercutir negativamente en la calidad del producto final. Especialmente cuando el guión no es el fuerte de una película. Solía esperar las películas de Bhansali como agua de mayo, pero tras estas dos decepciones ya no me emociona igual. Su nuevo proyecto, Gangubai Kathiwadi, protagonizado por Alia Bhatt, se estrenará en septiembre de este año.

Esto me lleva al segundo punto, el nepotismo. Siempre ha sido un ente endémico del mundo del espectáculo, pero en el Bollywood actual parece haberse convertido en la norma. Los nuevos debutantes provienen de familias bien posicionadas, y esto no sería un problema si no le cerrara la puerta a personas que trabajan mejor y podrían resultar más creíbles frente a la cámara. Bollywood funciona de manera similar al star system existente en la era dorada de Hollywood, ya que son los actores los que atraen a las masas.

Y esto, unido a la discriminación de la mujer mayor de 40 años, hace que se de la espalda a actrices fantásticas a las que se les echa en falta en nuevas producciones. Tabu, Vidya Balan, Aishwarya Rai, Madhuri Dixit… Todas ellas formaron parte de la élite hace algunos años, y pese a ser artistas más completas que sus compañeros masculinos (y conservarse mejor que ellos), las nuevas producciones no las tienen en cuenta.

Todas las películas parecen la misma. Las que más triunfan son del género masala, que a mí como espectadora no me llama en lo absoluto. Acción, acción y más acción, de manera similar al CGI en la creación de decorados totalmente artificiales. Aunque el cine asiático no se caracteriza por las escenas de lucha creíbles, en las cintas masala tampoco parecen buscar la estética de este tipo de secuencias. Por supuesto, la evolución de personajes en este tipo de producciones es nula, así como la intervención de la mujer más allá del estado florero. La divertida Gulaab Gang (2014) da la vuelta a estos estereotipos del masala, con unas fantásticas Madhuri Dixit y Juhi Chawla como enemigas acérrimas. Pero ejemplos como este, desafortunadamente, hay pocos.

Es ingenuo pensar que el espectador no tiene nada que ver con estas cuestiones. Las productoras invierten en proyectos que saben que van a ser rentables, da a la audiencia más de lo mismo porque es lo que consumen. Da igual que la calidad del producto sea cada vez inferior, la exigencia del público parece acompañar esta caída en picado. Es arriesgado apostar por algo diferente en una sociedad que no tarda en tachar de antinacionalista cualquier atisbo de autocrítica. Y aun cuando hay personajes que aprovechan su influencia para tratar de dar rentabilidad a este tipo de proyectos, no reciben la misma acogida por no seguir esos estrictos patrones de homogeneidad.

A pesar de todo lo expuesto, estoy dispuesta a hacer un pequeño esfuerzo para que esta relación siga adelante. No todo el cine producido en la India pertenece a la industria de Bollywood. Aunque será difícil acceder a películas independientes o cine regional, puede ser interesante analizar otras perspectivas del cine proveniente de la India.

Namaste, amigos.

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