Título original: Corredora
Año:2026
Duración: 96 min.
País: España
Dirección: Laura García Alonso
Guión: Laura García Alonso, Pol Cortecans
Reparto: Alba Sáez, Marina Salas, Àlex Brendemühl, Marta Bessa, Jordi Farrés, Claudia Gallego
Música: Susana Hernández ‘Ylia’
Fotografía: Gina Ferrer
Compañías: Distinto Films, Elastica Films, Dos Soles Media, Radio Televisión Española (RTVE), 3Cat
Género: Drama
Crítica en Letterboxd
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A simple vista, Corredora podría parecer otra película más sobre superación en el deporte. Pero basta muy poco para entender que aquí no importa la meta, ni las medallas, ni siquiera la competición. Lo que realmente plasma la película es el desgaste interior de alguien que ha convertido la autoexigencia en su única forma de vida.
Desde el principio vemos como Cris (Alba Sáez) vive atrapada dentro de una autoexigencia brutal. Competir no es una opción para ella: es una necesidad física. Tiene que ganar, demostrar, llegar lo más lejos posible. Siempre un poco más. La película retrata muy bien esa obsesión silenciosa que muchas veces se esconde detrás del éxito y que acaba pasando factura cuando el cuerpo y la mente ya no pueden sostener el ritmo.
El gran acierto del film está en cómo aborda la salud mental sin grandes discursos. No busca convertir el sufrimiento en espectáculo. Lo muestra desde un lugar mucho más humano y doloroso. Las paranoias de la protagonista, sus delirios, el miedo constante, la sensación de estar perdiendo el control… todo aparece integrado en la rutina cotidiana con una naturalidad inquietante. Hay escenas realmente duras porque la película nunca intenta romantizar el colapso emocional.
La directora Laura García Alonso cuida mucho que la película no caiga en el morbo ni en el exceso. Deja que las emociones aparezcan poco a poco, como en la vida misma. Y quizás lo más bonito de su dirección es que consigue romper la típica épica de las películas deportivas. Aquí no importa ganar. Importa entenderse a uno mismo cuando todo se viene abajo.

Cris se ve abocada a un período de descanso obligatorio. Esto supone una condena para una mujer incapaz de entenderse a sí misma fuera de la competición. Y ahí aparece una de las ideas más interesantes de la película: la incapacidad de separar identidad y rendimiento. La protagonista no sabe correr sin competir. No sabe vivir sin exigirse más allá de lo saludable. Incluso después de tocar fondo, su primer impulso es apuntarse a una competición.
Resulta curiosa y muy reveladora la conexión de Cris con la música máquina. Ese refugio casi hipnótico, acelerado y mecánico parece dialogar perfectamente con el estado mental del personaje. Como si necesitara vivir permanentemente al límite del ruido para no escucharse del todo a sí misma.
A nivel actoral, los personajes interpretados por Marina Salas y Àlex Brendemühl son una delicia. El personaje de Marina Salas funciona como refugio emocional sin caer en el paternalismo fácil. No intenta salvar a Cris constantemente. Simplemente está ahí escuchando y entendiendo que a veces acompañar a alguien también significa respetar sus silencios y sus contradicciones. Hay mucha química entre ambas.En el caso de Àlex Brendemühl, su interpretación se mueve entre el silencio, la incomodidad y la ternura, construyendo un personaje lleno de matices. Brendemühl entiende perfectamente el tono íntimo de la película y consigue que cada escena tenga un peso humano muy reconocible. Es una de esas actuaciones que no buscan lucirse, pero que terminan quedándose contigo cuando acaba la película.
Por supuesto, es imposible no destacar el trabajo de la actriz protagonista Alba Sáez. Su interpretación evita cualquier exceso dramático y encuentra precisamente en la fragilidad contenida sus mejores momentos. Hay miradas y pequeños gestos que transmiten mucho más que cualquier gran escena emocional.
El final de la película es muy interesante puesto que no estamos ante soluciones milagrosas. El film opta por un cierre agridulce, mucho más honesto, donde lo importante no es la victoria sino la pequeña comprensión interior que empieza a abrirse paso. La sensación de que quizás, por primera vez, Cris ha entendido algo sobre sí misma. Y esa contención emocional termina dejando huella en el espectador.
En conclusión, estamos ante una propuesta valiente, incómoda y profundamente humana. Corredora no deja indiferente porque nos muestra algo que rara vez se enseña cuando se habla del éxito: el desgaste invisible. La ansiedad que genera no darte cuenta que te has pasado de la raya. Y, en esos momentos, es de vital importancia el tener alrededor a personas capaces de sostenerte. Lo demás es secundario.



