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Un zombi en Triana

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Tengo la suerte de hablar con Bartolomé Fernández y Miguel Ángel Pérez, responsables del cortometraje ‘Cambio y Corto’, rodado en plena Triana y que buscará hueco en el Festival de Sitges

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Uno no espera que un local, una peña, en el corazón de Triana, dónde hacía poco se jugaba al dominó y se gritaban goles, sirva ahora de escondite para un zombi. Pero así ha ocurrido gracias a Miguel Ángel Pérez Gómez y Bartolomé Fernández García, directores – y éste último también guionista – del cortometraje Cambio y Corto. Han sido dos días intensos de rodaje, con balas de fogueo, maquillaje y efectos especiales, pero por fin está terminado. Y mientras se guarda el material y se apagan los focos, consigo hablar con ellos, buscando un lugar tranquilo y a salvo del sol de julio en Sevilla.

Bartolomé me da las primeras pinceladas sobre este proyecto y me explica que “al final no deja de ser una persona encerrada en una habitación con un peligro externo que está totalmente focalizado y una necesidad incompleta de comunicarse con el exterior”. Mar Barranca es esa persona encerrada, aislada del exterior por una catástrofe, pero no está encerrada sola. “Es una historia sobre el fracaso”, puntualiza Bartolomé.

Tanto Bartolomé como Miguel Ángel parecen querer mantener el misterio sobre el argumento.  “Al personaje al final no le funciona nada, es decir, la persona con la que tiene que comunicarse no puede y con la que quiere la otra parte no está muy receptiva”, dice Miguel Ángel. No importa el contexto, no importa lo que ha sucedido fuera de esta antigua peña trianera.  Importa el mensaje.

Porque con un guión escrito hace dos años, y tras algunas revisiones, lo que sí que se ha mantenido es la esencia, lo que buscan transmitir: la incomunicación y el aislamiento. Una incomunicación tratada en varias vertientes.  “Por un lado la imposibilidad de comunicarse con quién está más cerca y [por otro] la necesidad de comunicarse con quién está lejos” me continúa aclarando Miguel Ángel. Querían contar la historia de una persona adulta que quería salir y no podía, de una persona quería hablar por la radio o que quería comunicarse con alguien y no podía.

A pesar de su nada desdeñable trayectoria en el mundo del cortometraje – seis en total – Bartolomé considera este como su segundo proyecto a nivel profesional: “Antes era más cine guerrilla. Antes lo hacíamos todo, y con todo es todo, desde la fotografía, buscar la música, casi actuar y este es el segundo que tenemos un equipo de rodaje”

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Son partidarios de dar libertad a las distintas partes que integran el proyecto. Por ejemplo, a Mar, la actriz, le dicen cómo empieza y cómo tiene que acabar el plano, y le dejan libertad para meterse en el papel. Bartolomé resume: “Si tienes que coger un vaso no te voy a decir cómo tienes que coger el vaso”

Y es que, bajo la dirección de Miguel Ángel y Bartolomé, unas quince personas han estado involucradas en el proyecto. Entre ellas, profesionales de efectos especiales. “Ha sido la primera vez que trabajábamos con efectos. La complicación que supone no sólo trabajar; que haya algún problema técnico, los tiempos de preparación se alargan…” expone Miguel Ángel.

Tampoco resulta fácil cuando la financiación que se posee proviene de “ahorros personales”. Hablan de cómo muchas veces no conviene buscar ayudas externas porque  según Bartolomé, “si te quieres meter en tema ayudas son procesos muy largos y creo que nosotros seríamos incapaces de estar un año para un corto”.

Pero hay una pregunta que ronda mi cabeza con más fuerza a medida que avanza la entrevista. Estando los zombis de moda, ¿qué les diferencia del resto de producciones? La respuesta de Bartolomé es tajante: “Lo primero que no es un zombi”. Me dejan claro que el zombi es un arquetipo, una excusa como motor para el argumento. “El corto hubiera sido exactamente el mismo si la protagonista en vez de haber sido una superviviente de una especie de desastre hubiera estado vestida con ropa raída y en vez de haber salido un monstruo hubiera salido un oficial de las SS”, continúa Bartolomé. Aún así, me piden que no publique fotos sobre la criatura; se perdería el efecto.

Tras un rato hablando, decido interesarme por la vida que le espera al cortometraje, ahora que ha finalizado y me cuentan que será el festival de terror y fantasía de Sitges el primero en recibir su trabajo. Tienen hasta el 31 de julio para presentar su ‘Cambio y Corto’ en el conocido festival, una fecha que les ha ayudado a movilizarse y trabajar mejor.  “Sitges es la excusa”, cuenta Bartolomé, y añade, “si no te pones una fecha esto se puede encallar de una manera muy peligrosa”.

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Cuando finalizamos la entrevista, regresamos al sol de Sevilla. Vuelta a la realidad. Me despido de Bartolomé y de Miguel Ángel. Ellos se unen al resto del equipo a recoger todos los materiales de rodaje y entran en la peña abandonada. Una peña que, por dos días de julio, se había convertido en el escenario de una historia de zombis en Triana.

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