El cine, desde su nacimiento, ha sido una disciplina indisociable de la revolución tecnológica: del mudo al sonoro, del celuloide al digital, y de los efectos prácticos al CGI. Hoy, la industria se asoma a su siguiente gran abismo creativo: la Inteligencia Artificial. En este escenario de incertidumbres y debates encendidos, el director Íñigo Echávarri rompe lanzas con SuperEscolares 2: Una mente sana, un cortometraje de animación que desafía los prejuicios del sector.
Lejos de entender la tecnología como un sustituto del autor, Echávarri la utiliza como un acelerador del lienzo creativo, demostrando que detrás de cada pixel generado por un algoritmo sigue siendo indispensable la mirada, el rigor psicológico y la sensibilidad humana. Nos sentamos con el director para desgranar un workflow pionero de más de 16 herramientas, los desafíos de la consistencia visual y el encendido debate sobre los derechos de autor en el nuevo orden cinematográfico.
PREGUNTA: ¿Qué te empujó a usar IA desde el principio en lugar de animación tradicional o híbrida? ¿Fue una decisión plenamente creativa o práctica (recursos, tiempo, accesibilidad…)?
ÍÑIGO ECHAVARRI: Fue una decisión tanto creativa como práctica, aunque si pongo ambas razones en una balanza, pesa mucho más la parte creativa.
Este proyecto deriva de un primer cortometraje realizado con animación vectorial tradicional. Era una obra que tuvo cierto recorrido en festivales, pero el estilo visual limitaba mucho más la narrativa, las emociones y el enfoque del guion. Para esta nueva historia las herramientas de Inteligencia Artificial me permitían rediseñar a los mismos personajes con mucho más encanto, expresividad y versatilidad, especialmente para conectar con un público infantil. La IA me abrió posibilidades visuales y narrativas que antes no podía alcanzar con los recursos, materiales y softwares de los que disponía.
P: ¿Crees que el hecho de estar hecho con IA es parte del mensaje del corto, o esperas que el espectador se olvide de la tecnología y se centre solo en la historia?
IE: La IA es simplemente la tecnología de las herramientas con las que se ha realizado la obra. El mensaje del cortometraje es profundamente humano.
De hecho, la película habla precisamente de los peligros del abuso tecnológico y del daño que determinadas dinámicas digitales pueden provocar en el desarrollo físico y emocional en edades tempranas. Además, el cortometraje está dirigido a un público infantil, y los niños no se plantean cómo está hecho, cuánto ha costado o cuánto tiempo ha llevado producirlo. Ellos solo saben si lo que han visto y oído les gusta o no. Y, sinceramente, creo que es el público más objetivo que existe, porque su opinión nunca está condicionada.
Por supuesto que espero que el espectador se olvide de la tecnología, igual que se olvidaba cuando veía a Gollum en El Señor de los Anillos, creado mediante captura de movimiento y efectos digitales; cuando entra en Pandora en Avatar, construida casi por completo con entornos digitales; o cuando ve los escenarios de The Mandalorian, realizados en gran parte con producción virtual y pantallas LED en tiempo real. La historia del cine es una historia llena de cambios y avances tecnológicos. Pasó con los dinosaurios de Jurassic Park, que revolucionaron el CGI pero que el público recuerda por la emoción y el asombro que generaban, no por la tecnología utilizada. Incluso en películas de animación como Toy Story o Frozen, nadie salía del cine pensando en los motores de render, en los ordenadores utilizados o si el tedioso trabajo del colorista se hacía en un instante apretando el botón de un teclado. El espectador conecta con los personajes, con la historia y con las emociones.

P: ¿El guión fue una idea original vuestra que la IA tuvo que interpretar u os apoyásteis en ella para generar los diálogos y la trama?
IE: El guión es completamente original y está desarrollado a dos manos junto a una científica y psicóloga, que ha ayudado a garantizar el rigor del mensaje y del enfoque emocional. En esa fase previa a la producción no utilizamos IA. La historia, los personajes y la estructura narrativa nacieron desde un planteamiento completamente humano.
P: ¿Escribiste el guion pensando en lo que la IA podía hacer bien o escribiste la historia que querías y luego peleaste con la herramienta para que se adaptara a ella?
IE: Hay que tener en cuenta que este proyecto comenzó a gestarse a mediados de 2024. La IA estaba muchísimo menos avanzada que hoy y las limitaciones eran enormes. Yo ya llevaba más de un año trabajando con herramientas audiovisuales de IA y conocía medianamente bien sus puntos fuertes y débiles. Aun así, estuve semanas haciendo pruebas porque no conseguía alcanzar el nivel de calidad y consistencia que buscaba. De hecho, tuve que retrasar unos meses el inicio de la producción porque en aquel momento la IA todavía no estaba preparada para mantener correctamente la continuidad visual entre planos, la consistencia de personajes o los diálogos sincronizados en boca, entre otras cosas. Así que sí, hubo una parte importante de adaptación y de “pelearse” constantemente con la tecnología.
P: ¿Has tenido que renunciar a alguna idea porque la IA no llegaba?
IE: Sí, varias. A principios de 2025 todavía había movimientos de los personajes, de cámara y tipos de realización que no daban resultados suficientemente sólidos para la calidad que yo buscaba En varias ocasiones tuve que replantear secuencias enteras para adaptarlas a lo que las herramientas podían resolver bien en ese momento.
P: ¿Qué cadena de herramientas utilizaste?
IE: Utilicé una combinación de más de 16 herramientas distintas entre generación de imagen, vídeo, voz, composición, edición y postproducción: ChatGPT, Midjourney, Flux 1, Flux Kontext, Google Imagen 2, Kling AI, Minimax, Runway, Seedance 1, ElevenLabs, Hedra, MagnificAI, TopazAI, Photoshop, After Effects y Premiere Pro, entre otras. En realidad, uno de los grandes retos de trabajar con IA no es solo dominar una herramienta concreta, sino construir un workflow coherente entre muchas tecnologías diferentes.
P: La IA a veces genera cosas aleatorias. ¿Cómo lograste mantener la consistencia visual de los personajes y escenarios?
IE: Principalmente, probando muchísimo y entendiendo muy bien qué podía aportar cada herramienta. La clave fue diseñar la realización y el flujo de trabajo a favor de las ventajas específicas de cada tecnología. En IA, hoy en día, gran parte del trabajo consiste en tomar decisiones constantemente para minimizar errores y maximizar coherencia.
P: ¿Tuviste que recurrir a herramientas de upscaling para alcanzar una resolución cinematográfica?
IE: Sí. Utilicé upscaling tanto de imagen como de vídeo. En ese momento muchos de los planos generados directamente por herramientas de IA solo podían exportarse en 720p, así que fue necesario recurrir a procesos adicionales de mejora de resolución para alcanzar un mejor acabado.

P: ¿Has buscado referencias humanas o te has dejado llevar por la estética que la IA sugería?
IE: Desde el principio tuve muy clara la estética que quería. Buscaba un estilo visual que conectara emocionalmente con los niños y que, al mismo tiempo, fuese muy versátil para transmitir emociones de forma clara y cercana; que los niños y sus familias pudieran aceptar y comprender el universo de la obra con solo ver un fotograma. El estilo tipo Pixar, adoptado también por muchas películas comerciales de animación internacionales y grandes producciones españolas de éxito desde hace treinta años, funciona extraordinariamente bien con este tipo de público, y eso era fundamental para mí. Lo importante era aplicar un criterio visual que ayudara a conectar mejor con el mensaje y las emociones de la historia. La IA no definió el estilo, pero fue la herramienta para lograr el resultado visual que tenía en mente.
Trabajé por separado cada personaje, fondo y entorno de las distintas secuencias, buscando siempre que todo mantuviera una armonía visual coherente. De hecho, para llegar al diseño definitivo de cada uno de los protagonistas estuve aproximadamente una semana completa trabajando únicamente en cada personaje, refinando expresiones, proporciones, estilo, color y personalidad hasta encontrar el resultado que funcionaba.
P: Si pudieras haber hecho este corto de forma tradicional, ¿se vería igual o la IA ha impuesto su propia huella estética?
IE: Todo depende del dominio técnico y artístico de cada creador. La IA es, sobre todo, un gran acelerador creativo y de tiempo. Yo llevo muchos años trabajando en motion graphics, postproducción y contenidos audiovisuales para grandes marcas, y estas herramientas me han permitido dar un paso más allá y realizar una obra de animación 3D que ha competido en festivales dentro de las mismas categorías que trabajos de grandes animadores tradicionales con Goyas, Premios Platino o Premios del Cine Europeo, profesionales a los que admiro profundamente.
Además, estoy convencido de que muchos de esos grandes animadores, en cuanto integren la IA dentro de sus flujos de trabajo de una manera natural, crearán obras todavía más impresionantes, porque ya poseen algo fundamental: el talento, el criterio, la sensibilidad narrativa y el dominio del lenguaje audiovisual. Evidentemente, si te dejas llevar, la IA puede acabar imponiendo cierta estética o generando imágenes muy reconocibles. Pero creo que precisamente el trabajo de un buen creativo consiste en estudiar, probar, mezclar y refinar estilos hasta encontrar aquel que realmente mejor sirve al propósito y al mensaje de la obra. En mi caso, la IA no tomó esas decisiones por mí. Fue una herramienta más dentro de un proceso creativo y artístico dirigido constantemente desde una mirada humana.
P: ¿Qué diferencias hay entre el proceso creativo trabajando con IA y sin ella?
IE: Actualmente el flujo de trabajo con IA es muy diferente al tradicional y todavía se está definiendo. Los profesionales que trabajamos con estas herramientas estamos construyendo metodologías prácticamente en tiempo real, porque cada semana aparecen nuevas funciones, modelos y avances que cambian la manera de trabajar. De hecho, cada uno de mis proyectos tiene workflows diferentes porque tengo que adaptarme constantemente a las herramientas que ofrecen mejor calidad en cada momento y a las necesidades concretas de cada obra.

P: ¿Dónde dirías que está tu firma personal en este proyecto?
IE: En muchos aspectos, pero especialmente en la sensibilidad del conjunto. La IA puede ofrecerte mucha versatilidad visual, y yo vengo además del mundo de la publicidad, donde estás muy acostumbrado a adaptarte a referencias, estilos y necesidades narrativas distintas. Pero más allá de la técnica, lo que realmente define una obra es el criterio humano detrás de las decisiones.
P: ¿Qué opinas del entrenamiento de estos modelos con obras de otros artistas? ¿Cómo te posicionas frente a la polémica de los derechos de autor?
IE: Es un debate muy amplio y para responderlo en profundidad necesitaría muchísimo más espacio que el de esta entrevista. Lo que sí veo es que estamos ante la tecnología en la que se está invirtiendo más dinero que en cualquier otra en la historia. Grandes corporaciones y gobiernos de todo el mundo están apostando por ella de forma masiva y su crecimiento es exponencial. Nos guste más o menos, la IA va a formar parte de nuestra vida cotidiana y de muchísimas profesiones.
Todas las revoluciones tecnológicas han transformado la sociedad y ésta, siendo una de las más disruptivas, también lo hará. Las leyes y regulaciones sobre Propiedad Intelectual, acabarán adaptándose, pero el problema hoy es que la tecnología avanza muchísimo más rápido que la capacidad de legislarla. Para regular algo correctamente primero necesitas entenderlo, y ahora mismo todo cambia a una velocidad enorme. Lo importante es aprender a utilizarla de manera ética, responsable y creativa.
P: Muchos animadores ven la IA como una amenaza directa. ¿Qué les dirías?
IE: He tenido conversaciones sobre esto con algunos de los animadores más importantes y premiados de este país y ven claramente el potencial de estas herramientas. Los profesionales que en un principio reaccionaron con rechazo y luego las probaron bien, están reconociendo que serán muy útiles si se integran bien en el proceso creativo. Además, las propias herramientas tradicionales de diseño y animación ya están incorporando funciones basadas en IA para agilizar tareas. Al final, un animador utilizará todas las herramientas disponibles para conseguir el resultado que busca, sin pensar constantemente qué parte exacta está impulsada por IA y cuál no.
P: ¿Dónde colocas la autoría de esta obra: en el concepto, en la ejecución o en la selección de resultados?
IE: La autoría está en la suma de todos estos ámbitos. En mi caso, cada prompt, cada iteración, cada descarte, cada corrección y cada elección responden a un criterio humano. La herramienta puede generar posibilidades, pero la mirada, la sensibilidad y la dirección siguen perteneciendo al autor.

P: ¿Qué fue lo más humano que sentiste durante todo este proceso tan tecnológico?
IE: Probablemente el nivel de dedicación emocional. Para un cortometraje de apenas cinco minutos estuve trabajando más de cuatro meses, mañanas, tardes y noches. Cada prompt tiene una intención detrás y todo el tiempo estás tomando decisiones creativas. La IA acelera ciertas partes del proceso, especialmente diseño y animación, pero el resto siguen siendo decisiones humanas: el ritmo, el montaje, las interpretaciones, las iteraciones, la emoción de cada escena y, además, muchas de esas decisiones siguen requiriendo prácticamente el mismo tiempo, sensibilidad y criterio que antes. La tecnología puede acelerar herramientas, pero no sustituye la mirada del director ni el trabajo creativo que hay detrás de cada plano.
P: ¿Qué herramienta o funcionalidad que aún no existe te habría gustado tener?
IE: Todos los que trabajamos con IA seguimos luchando constantemente con la consistencia, la continuidad y el control. La herramienta soñada sería una capaz de generar un entorno completo en 3D donde pudieras colocar a tus personajes perfectamente definidos, mover cámaras y construir escenas exactamente igual que en un plató de rodaje real. Poder moverte libremente como un director dentro de ese entorno virtual, decidir la altura de cámara, la óptica, la iluminación o el encuadre y obtener directamente un resultado cinematográfico perfecto. Puede que en algún momento acabemos llegando a algo parecido, aunque para conseguirlo habrá que darle a la IA muchísimo contexto y dirección previa. Y tampoco nadie debería alarmarse por ello. Hoy prácticamente todo el mundo lleva una cámara en el bolsillo, con filtros y funciones capaces de hacer auténticas virguerías, y eso no ha hecho desaparecer la industria audiovisual profesional. Seguimos necesitando técnicos y creadores capaces de aportar criterio, sensibilidad y conocimiento narrativo. La tecnología democratiza herramientas, pero el talento, la experiencia y la capacidad de contar historias seguirán marcando la diferencia.
P: ¿Te planteas seguir por este camino de producciones “100% IA” o ha sido un experimento puntual?
IE: Llevo ya varios proyectos realizados con IA para clientes y, actualmente, la mayoría de mis producciones incorporan estas herramientas en buena parte de los procesos creativos y de producción. Creo que el futuro más inmediato será híbrido y ahí es donde habrá que estar. La IA no sustituirá completamente los procesos tradicionales, pero sí se integrará cada vez más en todas las fases de producción audiovisual.

