Hay historias que no empiezan cuando alguien decide filmarlas, sino mucho antes, en los silencios de una familia, en aquello que nunca se termina de contar. En La noche de la infancia, Xisi Sofia Ye Chen se acerca a ese territorio donde la memoria y la identidad se convierten en algo físico, casi incómodo. Reciente ganadora del Gran Premio del Jurado en el Visions du Réel 2026, uno de los certámenes más importantes de Europa dedicados a la no ficción, la directora pone el foco de su trabajo en su hermano, A Wen, como punto de partida para un relato que trasciende lo individual.
A través de su figura, la película se abre hacia una experiencia más amplia: la de toda una generación atravesada por la migración, el desarraigo y la necesidad constante de reinventarse entre dos mundos. Lo que en un inicio iba a ser un retrato coral de su familia fue mutando hacia una película distinta, más íntima y, al mismo tiempo, más compleja. La de dos trayectorias que, pese a compartir origen, se bifurcan de manera radical, revelando las tensiones invisibles que atraviesan cualquier relato familiar.
En esta entrevista, Xisi Sofia Ye Chen, nos adentramos en el proceso de mirar hacia dentro sin concesiones: en cómo se filma a alguien que forma parte de tu propia historia, en los límites entre el amor y la distancia, y en la capacidad del cine para convertirse, más que en respuesta, en una forma de entender lo que nunca terminó de explicarse.

PREGUNTA: ¿En qué momento sientes que esta historia deja de ser algo íntimo y se convierte en una película? ¿Hubo un detonante concreto que te llevó a mirar hacia la historia de tu hermano?
XISI SOFIA YE CHEN: Pues me cuesta un poco identificar un momento concreto. El deseo de hacerla, o sea, el momento en que empezó a surgir la película, fue cuando estaba haciendo el Máster en Documental de Creación de la Universidad Pompeu Fabra. En principio era una película coral sobre mi familia, sobre la migración a finales de los 90.
Entonces, cuando empecé a entrevistar a mi familia durante el COVID, mi hermano empezó a contarme un poco su historia desde su punto de vista. En ese momento fue sorprendente oírlo porque yo había crecido con muchos fragmentos. O con mucha gente mayor hablando de lo que hace mi hermano. Pero nunca había vivido el relato completo desde su perspectiva.
Me sorprendió bastante que los dos, habiendo crecido en la misma familia, tuviéramos trayectorias tan diferentes. La película empezó a tirar más hacia su historia que hacia la coralidad inicial. Estos días, ya teniendo un poco más de feedback y hablando más de la película, de repente también me he dado cuenta que la película empezaba ya cuando era pequeña, con la fabulación de la vida de mi hermano. Por las películas que veíamos juntos. Y ahí, en verdad, es donde tengo la sensación de que empezaba un poco todo esto.
P: ¿Cómo fue plantearle a tu hermano convertirse en el eje de la película?
XSYC: Pues fue a través de esta conversación larga. Cuando me llevó a salir con él y sus amigos empezó a confirmarse que la película estaba surgiendo más en ese ámbito, que era la vida de mi hermano. Entonces se lo planteé y, al principio, le parecía un poco alejado de la realidad. Una película sobre él. Pero después aceptó desde un gesto de hermano mayor. Fue como que sabía que estaba haciendo este máster, que quería hacer una película… y casi como una forma de favor, no sé, aceptó. Salió más desde ese lugar.
P: ¿Cómo equilibras honestidad y responsabilidad cuando trabajas con material tan cercano?
XSYC: Pues yo creo que en la película está manifestada en la distancia, tanto en una distancia estética, cómo lo cuento, dónde pongo la cámara, hasta dónde cuento… Y para mí ha sido mucho más un ejercicio de sugestión y de evocar. Porque tampoco me ha interesado desde el principio exponer nada con lo que ellos no se sintieran cómodos. Pero tampoco me interesaba ir hacia un lugar más de reportaje de crimen, ¿sabes?
No era lo que retrataba, lo que quería buscar en la película. Sino que era más un sentimiento de intimidad dentro de esta relación distante, justamente, y todo lo que rodea esa contradicción de una relación tan cercana y, al mismo tiempo, tan lejana entre mi hermano y yo. Entonces, en este sentido, no fue un gran conflicto. Pero luego, obviamente, en las escenas rodando con ellos, había una dimensión en la que sí se quería, o necesitaba, mostrar la realidad de sus vidas y de lo que hablaban, porque había temas más en la línea de lo legal y lo ilegal. Y ahí ha sido, en el montaje, el hacer un balance. Sugerir lo suficiente para dar crédito de que es la realidad de sus vidas, pero al mismo tiempo no perjudicarles.

P: ¿Tu mirada sobre tu hermano cambió después de hacer la película?
XSYC: Sí, porque él vivió un cambio muy fuerte durante el proceso de hacer la película. O sea, al principio, desde que empezamos a hacerla, ya cambió la relación. Al tener la cámara, ya se empezaba a generar otro tipo de relación, más igualitaria de alguna manera. Al principio seguía esa relación de hermano mayor–hermana pequeña. Pero al entrar en su mundo, empezamos a relacionarnos desde una dimensión más adulta, más de igual a igual.
Durante el proceso previo al rodaje, él entró en una depresión, en una crisis personal muy grande. Se fue a China, lo acompañé y estuvimos muy cerca dentro de ese momento en el que estaba más vulnerable. Y ahí empezó a cambiar nuestra relación, desde ese lugar de fragilidad. Cuando ya empezamos a rodar, que él estaba más recuperado, fue desde otro lugar. La relación cambió hacia una complicidad que no habíamos tenido antes. O sea, siempre había la complicidad de hermanos, pero al poder él entrar también y ver cómo es un rodaje, como que me entendía mejor.
Yo conocí mejor su mundo y él, de repente, también el mío. El ha venido a la premiere en Visions du Reel. Hemos estado unos días viendo documentales del festival —que son más experimentales— y, aunque no entendía mucho inglés, los estaba disfrutando. Y fue muy bonito ver ese cruce de mundos.
P: ¿Cómo crees que puede ser leída la película dentro y fuera de la comunidad china?
XSYC: Visions ha sido el primer test de momento, porque no ha habido espectadores chinos, o no han ido a verla muchos. Pero las personas chinas que fueron a verla se emocionaron bastante por diferentes cuestiones. Les gustó, aunque quizá es un público más dedicado al documental o más acostumbrado a este tipo de cine. Entonces tengo la curiosidad de ver cómo la comunidad china en España, la generación de mis padres o de mi hermano, que no tienen nada que ver con este mundo, lo recibe. De momento se está compartiendo algún artículo de webs chinas entre ellos, pero no sé qué pasará cuando vean la película.
Mi familia está tranquila y contenta con la película, y eso ya me deja bastante tranquila. A partir de ahí, lo que sea… no sé. Porque es la primera vez que se habla de una intimidad que normalmente la comunidad es un poco más celosa de exponer, porque culturalmente se entiende como algo que se queda de puertas para adentro. Y no sé cómo va a resonar. En España tampoco tengo una expectativa concreta. Creo que lo afronto desde la curiosidad: ver algo que normalmente no se llega a ver. Será bonito observar cómo se percibe desde fuera cómo es, por dentro, una familia migrante china, que convive con muchas capas.

P: ¿Crees que esos códigos de lealtad y violencia siguen vigentes hoy o pertenecen a otra época?
XSYC: Una cosa que es muy importante, y que creo que se ve durante la película, es que no es una organización, ¿sabes? Porque esto es diferente a una mafia organizada, a un universo más estructurado. Lo que pasa en la película, con el grupo de mi hermano, es básicamente petty gangsters, gente de un mismo pueblo que se junta, empieza a apostar, pierde dinero y monta un casino ilegal. Y ahí empieza un poco toda la movida. Pero no hay roles claros, no hay jerarquías definidas: es algo mucho más espontáneo, como una especie de banda de pueblo.
Entonces, en esta dimensión, no hay códigos estrictos. Pero sí hay una “moral”, una manera de comportarse que se hereda, que tiene que ver con la lealtad de la calle. Y eso se hace más explícito en este tiempo y en entornos urbanos, donde la gente es más individualista. En cambio, como comunidad migrante, se apoyan mucho más en estos valores para protegerse. Culturalmente también es algo muy presente en la cultura china, que es muy de interdependencia. Es decir: yo te dejo dinero a ti basándome en tu palabra, confío en ti; tú ayudas a mi familia, yo ayudo a la tuya… Es una red de apoyo muy fuerte.
No diría “tribal”, pero sí más cerrada en ese sentido, basada en lazos que vienen de origen: del mismo pueblo, del mismo linaje. Es como cuando los migrantes andaluces que se fueron a Cataluña se ayudaban entre ellos para salir adelante. Aquí funciona desde ese mismo lugar: de arraigo, de conocer el origen del otro, de compartir vínculos. Muchas veces son “medio primos”, por decirlo así.
Entonces, por un lado está esa base cultural, esa moral compartida. Y luego está la parte más performativa de lo “gánster”, que también viene de la calle, pero que tiene mucho que ver con el contexto en el que crecieron: la China de los años 80 y 90, tras la muerte de Mao Zedong y con las reformas económicas impulsadas por Xi Jinping. Fue un momento de gran cambio social: se pasó de un sistema muy rígido a una apertura donde empezaron a surgir negocios, propiedad privada… y también cierto caos.
En ese contexto, aparecieron muchas bandas urbanas. Pero esas bandas también estaban muy influenciadas por el imaginario del cine de Hong Kong: el cine de gánsters, el pop, toda una estética que entró en China a partir de los 70 y 80. Y eso marcó muchísimo a esa generación. De ahí viene también esa idea de heroicidad de la calle, ese orgullo. Es una teoría, pero creo que nace en parte de ese cruce entre contexto social y cultura popular. Aunque, en el fondo, la lealtad entre ellos sigue teniendo más que ver con lo que decía antes: con el arraigo y los vínculos compartidos.
P: ¿Tu mirada como mujer cambia la forma en que se representan esos espacios masculinos?
XSYC: Claro, 100%. Porque, primero, como hermana pequeña, yo tenía un rol muy concreto en esos espacios. De alguna manera, eso me ayudó, porque no ocupaba un lugar central, sino más periférico, de observación. Luego, como mujer y como hermana pequeña, yo no podía participar de esas dinámicas. Pero no solo por ser mujer —porque también había mujeres, aunque no salgan—, sino por una cuestión de capital. Es decir, si tú perteneces a ese código —si haces negocios—, puedes hablar de negocios y participar en esa dinámica, ya tengas un bazar, un restaurante o lo que sea. Y yo no formaba parte de ese mundo, ni de ese lenguaje común. Entonces mi rol era mucho más periférico, más de observarles. Y al final, la película es un poco eso.
El otro día lo hablaba con alguien y creo que dio en el clavo: la película va de mi mirada, más que de ellos. Va de la mirada. En el fondo, fue esa condición la que generó la película. Supongo que, si hubiera sido hombre, o si hubiera tenido ese capital o esa implicación en los negocios, me habrían interesado otras cosas. Habría entrado en diálogo de otra manera y habría retratado más esa dimensión del negocio, desde otro punto de vista. Pero esa limitación —y también el hecho de que al principio no entendía demasiado— me dejó en ese rincón. Y desde ahí es desde donde está hecha la película.
P: ¿Qué películas o referencias estaban en tu cabeza al trabajar este proyecto?
XSYC: O sea, yo el cine asiático, cuando lo descubrí en la adolescencia, fue como lo que me resonó a nivel estético y de arraigo de forma muy fuerte. Fue el cine taiwanés de los 80 y 90. Y luego están los típicos referentes del cine asiático que, bueno, se quedan contigo. Hou Hsiao-hsien en alguna medida me marcó, pero como siempre desde un lugar más espiritual, por la cuestión de la distancia que él también retrata en sus películas. Bueno, y estrenar la película ahora aquí en este festival en Suiza.

P: Estrenar en Visions du Réel y ser la única española en competición internacional es muy significativo: ¿cómo recibes ese reconocimiento?
XSYC: Pues, honestamente, no era un poco abstracto, no tenía ninguna expectativa concreta. Porque es como la primera película… Bueno, tuve un corto que en el COVID se enseñó en cine, pero no pudimos ir tampoco. Es como la primera vez que he enseñado una película en un festival, y no tenía ninguna expectativa concreta. No sabía ni cómo iba a ser, si tenía que subir a hablar o no, era todo bastante incierto. Entonces, el hecho de que viniera mi hermano, el equipo… fue algo muy personal, como un punto final, casi una graduación.
Y luego, en una segunda proyección, ya empecé a ver un poco más la dinámica: gente externa que le interesaba la película, que empezaba a venir a hablar, a preguntar. Y ahora estoy empezando a entender la dimensión del cine, la del público. No sé muy bien cómo responder a esto… pero básicamente no tenía expectativas más allá de mostrar el documental, y la reacción de la gente ha sido positiva en ese sentido. También me ha sorprendido que le interese a la gente, incluso a personas fuera de mi círculo de familia o amigos. Es un poco de novata, pero creo que es el proceso en el que estamos ahora: intentar entender qué está pasando.
Me hace feliz recibir a gente de diferentes lugares del mundo, de distintas edades, que conecte con la historia y que vea la intención estética que hay detrás. Que me hablen del ritmo, de la estructura narrativa, de cosas muy concretas… que perciban la intención claramente. Y me sorprende porque es una intención bastante sutil, y aun así la gente la identifica y la valora. También tenía miedo de que se juzgara o se malinterpretara, porque es muy difícil de “publicitar” la película. No es una película de gánsteres. Y no me gustaría que se leyera solo así, como una película de gánsteres chinos en España. Para mí es algo más amplio. No de los gánsteres en sí, aunque estén ahí como referencia generacional. Lo importante no es eso. Si hubiera sido un hombre quizá habría hecho otra película sobre ese mundo, desde otro lugar. Pero en mi caso lo importante era esa mirada, esa distancia.
P: ¿Qué recorrido imaginas para la película después del circuito de festivales?
XSYC: A mí me gustaría que se vieran en pantalla grande, porque cambia mucho la presencia. La hemos hecho con la intención de que esté en la pantalla grande, obviamente después tendrá su recorrido en plataformas y televisiones, pero ojalá pueda tener unos días ahí en salas. Y sobre todo me encantaría que hubiera sesiones en las que vaya tanto la comunidad china como españoles, en la misma sala, y que haya un diálogo, y que se vean, que se reconozcan mutuamente. Que coexistan en estas ciudades, en estos lugares, que compartan un espacio y se conozcan más.
Que la comunidad china no sienta miedo de ser juzgada y no se esconda —que hay un poco esa tendencia a veces—, y que los españoles comprendan desde un lugar más sutil la existencia de esta comunidad más profunda. Como que vean realmente que es gente que convive con muchos niveles de realidad, que viene de un lugar muy diferente, que vive en un lugar muy diferente, y que cada día es un diálogo de valores a veces muy contradictorios. Y que necesitan conciliar e integrar eso, y que a veces se aíslan porque es muy difícil conciliar ciertos valores tan alejados.
P: ¿Qué tipo de historias sientes que aún no están siendo contadas y te gustaría abordar?
XSYC: No sé, tengo varias cosas en la cabeza, pero aún no… aún no sé si tienen forma de película. Estoy dándole tiempo. Algo de ficción podría ser, sí. Yo creo que tengo una pulsión de ficción, sí, podría ser. Sí…pero no sé qué.



