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G. Hernández y Elio Toffana (‘El ladrón de la noche’): «Me siento mucho más cómodo grabando en un barrio que en un plató»

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G. Hernández y Elio Toffana durante la entrevista (Imagen: Andrea Pol y Noel Castro)

Es 25 de octubre, y la Sala 5 del Teatro Broadway —un nombre llamativo para un cine ubicado en el centro de Valladolid— despide la proyección de El ladrón de la noche. Se trata de la ópera prima de G. Hernández, en la que explora la memoria, la escena urbana madrileña y el barrio obrero de Aluche, que sirve como eje estructural de la narración de su protagonista, el rapero, actor —y ahora guionista— Elio Toffana.

Nos esperan en el pasillo, donde nos deshacemos todos en agradecimientos y, por nuestra parte, en felicitaciones. Elio, Gus y Pablo —el amabilísimo productor— salen a fumar mientras nosotros disponemos el escenario. Nos dejan a cargo de una bolsa con una botella de vino, regalo de su buen amigo Ill Pekeño, miembro de la actual generación de oro del rap español.

Nuestro set es bastante económico: un trípode, un móvil apuntando a las mesas de la cafetería y dos micrófonos de corbata para compartir entre parejas. Y aun así nos han concedido una entrevista; toda la cercanía y autenticidad del documental se ha trasladado al lobby de este Broadway vallisoletano.

NOEL CASTRO: Bueno, lo primero, ¿qué tal? ¿Cómo habéis visto el recibimiento de Seminci?

G. HERNÁNDEZ: Muy bien, salimos un poco removidos nosotros también, ¿verdad, Elio?

ELIO TOFFANA: Sí, parece como que no lo habíamos visto doscientas veces; pero bueno, verla en pantalla grande y con el corte final te crea una sensación especial. En mi caso, es la primera vez que la vemos a lo grande y la experiencia es muy inmersiva, pero creo que hemos conseguido que las cosas estén a los niveles que queríamos que estuvieran. Entonces yo estoy muy feliz, la verdad, de haber llegado hasta aquí.

GH: Yo también, coincido con las palabras de Elio. Súper feliz, pero removido, y eso significa que es algo bueno. La verdad es que es lo que queríamos.

ANDREA POL: ¿Habéis tenido la oportunidad de ver alguna película en el festival?

GH: Yo he llegado esta mañana, entre prensa, fotos y tal. La verdad es que me encantaría ver varias películas que tengo pensadas, pero ha sido imposible de momento; a ver si podemos verlas mañana o pasado mañana. ¿Tú igual, no, Elio?

ET: Igual, lo mismo. De hecho, hemos tenido la mala suerte de coincidir con unas compañeras que también estrenan su película aquí, a la misma hora. Esta era una de las que yo quería ver y no hemos podido. Y, sinceramente, creo que mañana tampoco podremos, porque tenemos pase por la mañana y por la tarde. Vamos a tener que estar muy concentrados con el curro y es una pena, pero es lo que toca ahora.

GH: Total.

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Fotograma de ‘El ladrón de la noche’

NC: El otro día Rodrigo Cortés, el director, habló de que su cine tenía que ser algo inútil, que no tenía que tener un mensaje de principio, sino en su fin, que el espectador recibiera el mensaje. Tú, Elio, que eres un artista político, ya lo has dicho en el propio documental, ¿eso cómo lo ves? ¿Estás de acuerdo con si tiene que ser político o no?

ET: Yo lo que pienso es que la fuerza de una obra tiene más peso, por lo general, que el que tú le quieras dar, y que es un ser con vida propia, que tú no llegas a visualizar o a comprender las posibilidades que puede generar, o a dónde puede llegar, o cómo puede impactar en la sociedad y en el resto. Entonces es bastante difícil querer que una obra no lo impregne, porque no sé si es posible.

GH: Coincido con sus palabras, es eso. Hay una frase también, hablando de la política, que dice Laüra Bonsai en una entrevista: «La vida es política, no solo el rap». Y bueno, nosotros siempre hemos tenido nuestra visión política, nuestro mensaje; y no es solo el que lo recibe: viene desde dentro de nosotros. Nosotros somos los que ayudamos un poco al espectador a tomar sus propias decisiones, pero el mensaje siempre está ahí. A la vez, cuando haces arte, siempre hay un mensaje y siempre hay política dentro del arte, al menos por nuestra parte.

ET: Claro, habría que leer cuáles son las intenciones de esta persona cuando se refiere a esto. Intuyo que si él se refiere a lo panfletario dentro del arte, o a una sobreimpresión en el arte de determinados conceptos, eso sí me parece lícito, y sí que creo que tiene sentido. El hecho de no querer ser moralista con el arte me parece de puta madre, porque hay una realidad y es que si tú le pones patas al arte, el arte deja de ser arte también, ¿sabes?

Entonces tiene que tener reflexiones oscuras, tiene que… El Peke, por ejemplo, un colega mío que está ahí, decía que el problema no es el odio: el odio tiene que existir. Lo que es el problema es la apología del odio, eso es con lo que tenemos que acabar; pero el odio es una sensación lícita del ser humano que tienes que validar dentro de ti mismo, porque si no, ¿qué vas a hacer? «Ah, yo voy a ser siempre de buen rollo», eso es mentira. Todo el mundo tiene todos los colores dentro de él. Entonces, yo qué sé, tío, es complejo, es una cuestión guapa.

NC: Bueno, y eso se ve en el documental. No todo es de color rosa: te enfadas con la directora del teatro, te enfadas con tus propias tías… Pero sí, es lo que decías, que también es una visión que se ve en el documental, que sois muy fieles, sois consecuentes.

GH: Con la realidad.

NC: Sí, justo.

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Fotograma de ‘El ladrón de la noche’

AP: Volviendo a la SEMINCI, ha salido una película que se ha estrenado aquí, Queen at Sea, no sé si habréis oído hablar de ella, pero trata también sobre el Alzheimer y nos hemos dado cuenta de que hay un auge de productos culturales, además de mucha calidad, sobre este tema. ¿Creéis que hay una mayor concienciación a nivel social?

GH: Sí, yo creo que al final también la gente empieza a ser un poco más consciente. Como he dicho en otra entrevista anterior, en Reino Unido ha pasado a ser la primera causa de muerte y en España me parece que es la cuarta. Entonces es algo que va en auge y pienso que se empieza a visibilizar; igual que antes visibilizaban otras enfermedades, ahora a lo mejor puede que sea el momento de visibilizar esta. No sé los datos, no sé las películas que se están haciendo. Al menos por nuestra parte no fue un planteamiento de «vamos a visibilizar esta enfermedad», no; hablamos de la vida de Elio y surge una conversación de Elio y mía en la que me confiesa que su abuela tiene demencia. Entonces es una historia más en la realidad nuestra, concretamente de Elio. No buscamos tampoco «vamos a ver una enfermedad y visibilizamos esta», no; a partir de su historia damos visibilidad a esta enfermedad. ¿O cómo lo ves tú?

ET: Totalmente, nosotros lo hemos hecho como un proceso vital orgánico que ha salido porque teníamos que contar esto. En la obra de Gus y en mi obra nunca habíamos hablado de este tema hasta que hemos llegado a ese punto vital en que hemos tenido que hablar de ello. Pero sí que es verdad lo que dices; yo he estado también en un festival de cine la semana pasada en Orcasitas y había mucho material que tiene que ver con el tema de la vejez y con el tema de las enfermedades mentales —ya cuando uno se hace mayor—. Es curioso, a lo mejor puede tener algo que ver con que durante mucho tiempo no se le ha dado visibilidad, es una temática por explotar también.

ET: Opino que es importante que la gente le dé esta importancia porque la tiene, porque es un tema social. Realmente, si los artistas están hablando de esta enfermedad es porque es una realidad de la que hay que hablar, entonces me parece de puta madre, la verdad.

NC: Bueno, sobre todo, esto es una pregunta enfocada a Elio, aunque bueno, tú (G. Hernández) has sido el cristalizador de la idea: ¿cómo es tu relación con la droga, teniendo todo tu bagaje, todo lo que has contado de tu madre, de tu padre, y en el barrio en el que te has criado? ¿Cómo es tu relación con la droga en una industria como es el rap, en la que se habla todo el rato sobre drogas? ¿Cómo ves esos mensajes?

ET: Mi relación con la droga ha estado en mi vida desde el inicio. Como podéis ver en el documental, es algo que ha formado parte de mi existencia todo el rato, [de forma] intrafamiliar y extrafamiliar, en el barrio. Entonces es algo con lo que nosotros hemos crecido, de lo que hemos tomado conciencia muy rápido, y también ha sido siempre un tema en mi arte al que le hemos querido dar visibilidad para concienciar. Porque creemos que es importante escapar de esa puta cárcel. Todos los dramas que han creado en las familias, la gente presa, los adictos… Es un mal muy, muy, muy grande, para el que siempre hay que intentar encontrar fórmulas para combatirlo, porque ha formado parte de la historia del ser humano desde el principio. Esta es la realidad. Las drogas blandas, por un lado, desde mi punto de vista, habría que legalizarlas. Y las drogas duras, por supuesto que hay que penarlas. Pero hay drogas y drogas.

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Fotograma de ‘El ladrón de la noche’

NC: ¿Y dónde ponéis la línea entre dura y blanda? Porque hay incluso gente que tiene la idea de que los medicamentos pueden llegar a ser droga, que el tabaco es una droga, que el alcohol es una droga…

ET: Es una pregunta muy difícil la que haces, y es un tema bastante complejo. Porque sí que es verdad que para mí, por ejemplo, los porros son una droga blanda, pero no lo es tanto; es una droga también que de alguna manera es un poco dura. Pero también tiene una serie de características que ayudan a las personas: ayuda a las personas enfermas a comer más, ayuda a las personas enfermas a sufrir menos dolor. Por ejemplo, el cannabis, todos sabemos que tiene unas características terapéuticas que son buenas.

Hay otras drogas. Por ejemplo, la cocaína opino que es algo que debería estar siempre prohibido. Eso no está bien nunca. Pero, por ejemplo, el DMT o algunos alucinógenos sabemos que se tratan en terapias conductuales. Hay psicólogos que las usan para desbloquear determinados traumas, determinadas problemáticas personales. Entonces, en mi opinión es una cosa que hay que estudiarla, no condenarla a través de la moral, ¿sabes? Hay que ver qué aporta cada cosa. Yo me replantearía, como sociedad, cuál es nuestra relación con la droga, desde luego.

GH: Yo prefiero no contestar.

AP: Pues te lanzo una pregunta a ti. Tú vienes del mundo de los videoclips, ¿cómo ha sido ahora lanzarte a dirigir un largometraje? ¿Ves que has traído algo más de ese lenguaje más abstracto, artístico que tienen los videoclips a este documental, en el que te posicionas en lo objetivo?

GH: A ver, yo realmente estos últimos años sí que me he enfocado mucho en el mundo del videoclip porque amo la música, amo el rap y me ha llevado a terrenos muy bonitos. Pero es verdad que yo he estudiado cine, tengo un máster en dirección cinematográfica y he estado toda mi vida haciendo cortometrajes. Entonces, al final para mí no ha sido como «voy a pasar del videoclip al documental o a la ficción»; creo que esto lo llevo en la sangre, llevo haciendo cine desde que tengo uso de razón y realmente me ha sido bastante fácil artísticamente, porque además me apetecía ya dejar un poco ese mundo del videoclip y meterme en lo que de verdad me gusta, que es el cine.

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Elio Toffana en la SEMINCI (Imagen: Goyo Conde)

NC: Hablando un poco de los diferentes mundos del videoclip, la dirección… hay un debate sobre el intrusismo laboral, de actores, o bueno, cantantes que se metan a actores. Tú [Elio] lo sabes, porque juegas en casa en los dos. ¿Cómo lo veis vosotros? ¿Lo veis intrusismo? ¿Veis que a lo mejor hay esa titulitis de «no, si no eres actor no puedes…»?

GH: Yo pienso que eso está en el valor de la obra; si la obra funciona… mira a Guitarricadelafuente en La bola negra, me parece una actuación espectacular, y es una persona que es artista. Para mí, siempre que favorezca a la obra, estaré a favor de —no sé si llamarlo intrusismo—… pero hay gente que, por ejemplo, han cogido por la calle, como en la película A cambio de nada de Daniel Guzmán, que cogió a este chico por la calle y de repente le convierte en un actor, y ese chico no era actor. Al final lo determinará el valor de la obra y si funciona o no funciona. No pienso que haya que juzgar de antemano a alguien por ser influencer, cantante o lo que sea. ¿Qué opinas tú, Elio? ¿Tú qué piensas?

ET: Yo opino que son preguntas interesantes las que estáis haciendo porque generan mucho debate. Yo lo que siento, desde mi experiencia, es que yo siempre he sido un marginado, en el sentido de que en la escuela de actores nunca era un actor y para los raperos nunca era un rapero. Cuando hice una obra de danza, la gente que hacía danza nos miraba mal. Entonces, a lo que voy es a quién es el que establece cuál es el límite del arte y cuál no. No creo que sea una pregunta que a mí me toque responder porque no soy juez; yo soy artista y me toca generar preguntas, pero sí que creo que ser juicioso de esa manera no ayuda al arte, porque hay que hacerse preguntas. En el Festival de Málaga, todos los actores se quejaban de por qué tantos influencers iban al festival y no mandaban a actores. Oye, pues es que a lo mejor ellos están haciendo algo que tú no eres capaz de hacer. Plantéate si tú tienes los cojones de decirle a un chaval que la única herramienta que tiene para hacer arte es un móvil que eso no es arte porque consideras que el arte debe ser más elitista. Yo no estoy de acuerdo con eso. Si tú tienes esa herramienta y logras expresar y crear metáforas, tú eres un artista. Que se ponga las pilas la gente y entonces no te robará nadie el puesto. Si tú eres un máquina no te lo roban, seas quien seas.

AP: Hablando de moverse en diferentes ámbitos artísticos, Elio, tú has sido un poco de todo: actor de teatro, de cine, ahora te pones un poco en la piel de guionista, rapero también… ¿En cuál de estos formatos te sientes más cómodo expresándote?

ET: En todos. Como nadie confiaba en nosotros para crear, nos teníamos que juntar con nuestros colegas para poder hacerlo; entonces tuvimos que desarrollar nuestra visión artística por nuestros propios medios y eso conllevaba que nos encargáramos nosotros de todo: de
los videoclips, de la fotografía, de la ropa, del sonido, de las rimas, de la distribución, de la producción… Hemos tenido la suerte de hacer proyectos grandes en los que sí que ha habido gente que ha confiado y hemos podido delegar, pero pertenezco a una generación que cambió el rumbo de la música urbana: con mi colectivo, Ziontifik, con otros como Agorazein y mucha otra gente compartíamos eso, tener pocas herramientas pero poseer un talento y querer plasmar una visión. Para mí va todo unido, no puedo separar una cosa de la otra.

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Presentación de ‘El ladrón de la noche’ en la SEMINCI (Imagen: Goyo Conde)

NC: En el documental te juntas con otra nueva generación de raperos: Ill Pekeño, Ergo Pro e Israel B. ¿Cómo veis esta nueva generación? ¿La veis más encaminada, más fijada en el rap, o como tú [Elio], que tienes aspiraciones más artísticas?

GH: Yo la veo… yo la veo la polla. Yo me escucho a Ergo y al Peke todos los días. O sea, a mí me parece increíble. Yo he escuchado desde que era pequeño en el parque a Elio, y han ido llegando artistas nuevos y los he seguido escuchando. O sea, me parece la polla. La música evoluciona, los beats evolucionan, las rimas evolucionan, pero el rap siempre está. Así que, por mi parte, de puta madre.

ET: Yo también lo veo muy positivo. Me mola mucho lo que están haciendo los chavales, aprendo mucho de ellos. Nosotros nos hacemos viejos y ya dejamos de molar, y entonces nos alimentamos un poquito de ellos también. Les enseñamos y ahora nos enseñan. La verdad es que estamos en un buen momento de la escena.

AP: Evidentemente el barrio en esta historia cobra muchísimo peso, es casi el eje que estructura todo. No sé si tú [G. Hernández] también eres de Aluche. Igualmente, ¿cómo ha sido hacer ese retrato?

GH: Yo vengo de un pueblo que se llama Camarma de Esteruelas, cerca de Alcalá de Henares. He estudiado también en Alcalá de Henares, en los barrios; casi todos mis amigos son de allí. Y me ha sido muy fácil, porque al final es de donde vengo. La música que yo he escuchado, los bloques, los trabajos precarios, el no llegar a fin de mes; es lo que yo he mamado de mi familia, de mis primos, de mis amigos… Entonces, ha sido muy fácil entrar ahí, porque todos los barrios son parecidos. Todos tienen sus historias, pero realmente Aluche se parece mucho a cosas que tiene mi pueblo o que tienen los barrios donde yo me he criado. Y la gente de barrio siempre ayuda. Entras con una cámara y es como: «¿Qué estáis haciendo? ¡Qué guay!». Ha sido muy cómodo; me siento mucho más cómodo grabando en un barrio que en un plató, al menos por mi parte.

ET: Sí, Gus y yo compartíamos muchas referencias de los cineastas y de las historias del audiovisual que nos representan. Cuando grabábamos la película hablábamos del neorrealismo italiano, hablábamos de la nouvelle vague, hablábamos de nuestro cine quinqui. Lo que pasa es que este quizá nos haya influenciado menos a nivel estético; sí a nivel narrativo, pero a nivel estético venimos de una tradición —Gus y yo— más europea, que tiene que ver con el free cinema británico, influenciados también por los que hicieron el cambio de paradigma en los 2000 en Europa, que fueron Romain Gavras, Gaspar Noé y toda esa línea europea. Son un poco las influencias que se ven en el docu.

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El equipo de ‘El ladrón de la noche’ en la SEMINCI (Imagen: Goyo Conde)

NC: Más para Elio, que es de Aluche: tú que te has criado en el barrio de los 80 y que has visto la evolución… Yo vivo ahí, soy de Carabanchel, pero bueno, nos separa una calle, somos de barrio. Yo tengo quejas, evidentemente; vivo en una realidad que no es la tuya. ¿Cómo ves tú la realidad de un barrio en el que sigues viviendo? La casa de tu abuela estaba ahí, en Las Águilas. ¿Cómo ves las quejas que tenemos hoy en día? ¿Cómo las ves tú, que has vivido en una época tan dura como la de la droga?

ET: Ha cambiado, la realidad ha cambiado. Muchas cosas han ido a mejor, pero hay muchas cosas que todavía tenemos que reivindicar y mejorar. Sabemos el tema de la vivienda cómo está; en cuanto al tema del que hablábamos de la política y de los cuidados, sabemos el cuidado que reciben [los mayores] por parte de las instituciones y que no es todo lo profundo que nos gustaría. Hay que cuidar a la gente de la manera que hay que cuidarla. Hay muchas reflexiones todavía que como sociedad tenemos que hacer. Tenemos que aceptar mucho más al diferente, al inmigrante, con toda la riqueza que nos aportan y que no podemos construir sin ellos y apartándoles. Hay un montón de temáticas que todavía tenemos que reivindicar: el feminismo, todo; la gente trans, tronco, incluso la droga, que sigue estando. Sigue habiendo muchas críticas y un mundo mejor por construir, la verdad.

NC: O sea, no somos unos quejicas, ¿no?

ET: No, para nada, tío.

NC: Bueno, nos ha dicho el amigo Pablo que hay que ir acabando, así que teníamos unas preguntas rápidas, [para responder] de una palabra.

AP: ¿Un director?

GH: Pues yo, Gaspar Noé, sin duda.

ET: Venga, he criticado al cine quinqui, pero te voy a decir Eloy de la Iglesia.

NC: ¿Una peli?

G. H.: Voy a decir La escopeta nacional.

E. T.: Muy buena, muy buena. Yo te voy a decir una peli que se llama Surcos, de 1951. Una película que habla sobre la migración interior del campo a la ciudad, rodada toda en el barrio de Lavapiés en 1950, en mitad de la… o sea, de la dictadura. Bueno, está considerada una de las mejores películas del cine español. Es preciosa, Surcos.

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Elio Toffana en la SEMINCI (Imagen: Pablo Requejo)

AP: ¿Qué película os hubiese gustado dirigir y en qué película os hubiese gustado participar?

GH: Uf, muchas películas. Sería muy divertido dirigir La naranja mecánica, la verdad. Me lo hubiese pasado muy bien dirigiendo esa película; buenísima, buenísima. ¿Y tú protagonizando también, no?

ET: Y yo protagonizando también esa, la verdad. Sí, yo qué sé, te diría… Los cuatrocientos golpes, de Truffaut.

NC: Y para acabar, un sueño que tengáis.

AP: Facilita.

GH: Siempre mi sueño fue que mis abuelos pudiesen ver una película mía en una sala de cine. Afortunadamente, tengo dos abuelas que están vivas y lo van a hacer dentro de poco; mis abuelos tristemente no han podido hacerlo. Pero para mí siempre fue un sueño que ellos estuviesen. De hecho, en los créditos de agradecimiento puse a mis abuelos. Y con que, aunque sea el 50 %, mis dos abuelas puedan ver la película en una sala de cine, para mí ya es un sueño cumplido y todo lo que venga es regalado, la verdad.

ET: Muy bueno. Yo te pediría… Te pediría muchas cosas. Te voy a decir… poder hacer otra película. Un sueño sencillo.

NC: La esperaremos.

Entrevista por Andrea Pol y Noel Castro.