En los albores de la nueva era tecnológica basada en la inteligencia artificial (IA), sin menospreciar su correspondiente burbuja, la miniserie Revancha repasa una de las más célebres y mediáticas batallas entre el hombre y la máquina.
Con las blancas y con las negras, en sesenta y cuatro casillas, obsesivamente concentrado en el tablero con su liturgia algo maniática, aparece Gary Kaspárov, maestro campeón mundial soviético y mito del ajedrez, enfrentándose al súper ordenador Deep Blue desarrollado por IBM. Que había llevado a cabo una inversión estratosférica, con grandes ansias de liderar el proceso tecnológico con tamaño golpe de efecto marquetiniano.
No en vano el valor de las acciones de IBM sufrirían un vaivén a lo largo de los dos enfrentamientos ajedrecísticos. Tanto como la ansiedad de esa desesperada y ambiciosa ejecutiva corporativa tan pendiente de su estabilidad laboral y su bonus a merced del éxito o fracaso de este gran reto.
Oponerse a la mente humana más brillante y preparada para este juego, con un amasijo de chips y cables resultaba vital para la multinacional estadounidense. Construcción ex profeso para demostrar que la IA era capaz de aprender y superar a la mente más potente en cualquier ámbito de actividad. Con más interés comercial y financiero que antropológico, eso sí. ¡¿Qué puede ser más terrorífico!?

Así que resulta en una intriga con múltiples connotaciones: espionaje industrial, geopolítica, perfil psicológico del protagonista, revuelo mediático del acontecimiento… Si bien la miniserie se enfoca en el inusitado interés empresarial por esta disciplina deportiva, y aun dejando por desarrollar las siempre inquietantes tramas soviéticas de la Guerra Fría, el resultado final es de unos capítulos bastante interesantes. Una entretenida historia de lo que en realidad fueron jornadas interminables de partidas de ajedrez. Y más que posiblemente, aburridas e insulsas para seguirlas con palomitas.
Aunque recapitulando un poco, hemos visto ya que el ajedrez no es para nada tan tedioso en la gran pantalla como aparenta. El reciente éxito de Gambito de Dama como gran serial de Netflix, sin ir más allá. Así como otras historias sobre la complejidad de un genio como Bobby Fischer, siempre han gozado de muy buena acogida entre los espectadores. Por supuesto, revestidas de muchos más aspectos que el de la defensa tal o el ataque no-sé-cuál.
El ajedrez es prácticamente una guerra entre dos ejércitos en espacio reducido, un juego de estrategia y estudiados movimientos. Una experiencia táctica y estratégica de máxima exigencia y dedicación. Pura tortura mental, estadísticamente es un juego de sacrificio sesudo para destruir el alma y la mente del oponente, reduciendo su capacidad mental a la nada devorando las máximas de sus piezas. La suma cero que se aplica en teoría de juegos y las técnicas de gestión de los recursos (piezas), es uno de los incentivos del ajedrez para forjar mentes de grandes estrategas y desarrollar aplicaciones prácticas a los negocios y la Economía.

¿¡Cómo no iba a resultar excitante medir esa confrontación entre la más pura creatividad humana contra la fuerza bruta de una máquina?! Todos anhelaban averiguar si el ser humano podría perder la batalla. Tamaño reto para el algoritmo si quería batir al último bastión de la inteligencia natural. Sin olvidarnos de toda la enorme presión recayendo sobre una única figura. Un Kaspárov que debía evitar que una máquina sustituyese ese don natural de desenvolverse con sutileza mediante alfiles y peones. Debía hacer frente de manera quijotesca a una mole en disposición de hacer 200 millones de movimientos calculados por segundo… «¿Qué sería del ajedrez si la IA triunfase?», rumiaba toda la serie un presionado Kaspárov. Como en muchas ocasiones a lo largo de la Historia, inexorable consecuencia del cambio tecnológico.
Su victoria contra Deep Blue en 1996 en Philadelphia, motivó a IBM a promover a toda costa y todo coste una revancha millonaria para el siguiente año en Nueva York. Un combate intelectual que mantuvo en vilo a todo el mundo al tratarse de la considerada como la primera IA de la historia, y un campeón invicto en once años. El análisis masivo de los datos frente a la intuición, el instinto y la inteligencia de Gary Kaspárov es una de las bazas que aborda la miniserie durante la historia.
La miniserie explora tanto esta revancha del juego, como la fortaleza resiliente del personaje principal. A veces arrogante y ensimismado, pero siempre esmerado y firme para anteponerse a las artimañas y trucos psicológicos para no ser doblegado. Aunque parece no haberse demostrado del todo que este tipo de tretas se llevaran a cabo o influyeran en el resultado final, bien es verdad que la batalla fue extenuante. IBM dedicó muchísimos medios para salir vencedora.
Siempre quedará la sospecha acerca de lo que hay detrás del código programado de cada una de estas IA. En la que equipos de científicos e informáticos imprimen tantos sesgos y aportan una influencia tal sobre la máquina que despiertan recelos y dudas más que razonables sobre esa pretendida autonomía auténtica de la máquina. Por ello, digamos que toda reflexión sobre lo que plantea la miniserie se puede dejar de momento en tablas…


