‘Un amor posible’, la explotación fílmica del cine social

 

Título original: Ganeunghan sarang

Año: 2026

Duración: 164 min.

País: Corea del Sur, Estados Unidos

Dirección: Lee Chang-dong

Guion: Lee Chang-dong, Oh Jung-mi

Reparto: Jeon Do-yeon, Sul Kyung-su, Zo In-sung, Cho Yeo-jeong

Fotografía: Kim Ji-yong

Montaje: Kim Da-won

Música: Jung Jae-il

Productoras: Pinehouse Film, Anonymous Content, Nowfilm

Distribuidora: Netflix

Género: Drama

Crítica en Letterboxd

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Reseña recogida, editada y extendida de la crónica de la Sección Tabakalera de la 74º edición del Festival de San Sebastián

El actor y presentador francés Maciej Musiał se propuso la ambiciosa labor de producir remakes de los 10 episodios de la aclamada miniserie ‘El decálogo‘ de Krzysztof Kieślowski (Trilogía de los colores), como películas individuales dirigidas por diferentes cineastas aclamados. Dos de estos proyectos han sido estrenados a lo largo de este año, empezando con ‘Historias paralelas’, la adaptación de ‘Decálogo 6′ por el cineasta iraní Asghar Farhadi – la cual fue destrozada por la crítica desde su estreno en Cannes -.

La nueva película del cineasta surcoreano Lee Chang-dong (‘Burning’) forma parte de esta serie de películas. Fue galardonada y aclamada desde su estreno en la pasada edición de Venecia, llevándose el León de Plata . Esto no es un remake directo de ‘Decálogo 10′ —la cual aparece en los créditos—, sino un guion completamente original que, sin embargo, respeta uno de los mandamientos: «No codiciarás los bienes de tu prójimo».

Chang-dong nos narra la historia de una familia humilde que es contactada por una documentalista para ser los protagonistas de su próximo trabajo. El marido (Sul Kyung-gu) es un hombre en paro, traumatizado por una antigua manifestación. Se halla en él una enorme inseguridad y vacío interno, no solo por el trabajo, sino también por un abandono del sentido de su vida como ciudadano. Su mujer (Jeon Do-yeon), – la protagonista con mayor peso en la cinta – intenta mantener unida a su inestable familia, lanzando una enorme sonrisa y teniendo esperanza incluso en los momentos más oscuros.

La cineasta (Cho Yeo-yong), quien se dedica a realizar documentales sociales y está casada con un poderoso productor (Zo In-sung), ve en esta pareja víctima de una crisis el enfoque perfecto para darle dramatismo a su manifiesto fílmico. Un manifiesto que, si bien puede tener buenas intenciones, tiende a la explotación de una miseria social. Este reflejo social se convierte, por ende, en un espectáculo voluntario que se gana a través de la confianza.

Lo más fascinante e inteligente es que no villanizan a la pareja privilegiada. Uno puede ver sinceridad y valores en ellos, pero de ahí vienen contradicciones que chocan con la moral de un matrimonio en crisis. Una amistad que se construye fuera de cámara, como negocio emocional y comercial disfrazado de solidaridad. El cineasta surcoreano propone algo interesante con sus imágenes, y es la decisión de grabar una gran mayoría de los planos en cámara en mano.

Esto podría resultar en algo artificial y, sin embargo, resulta en momentos de una belleza descomunal. Destacan las distancias de los personajes en la composición, unos esquemas de luces muy interesantes y un ritmo intimista que crea una atmósfera interesante. Y a esto le sumamos la estética plana, plástica y explotadora cuando las entrevistas del documental suceden. Es entonces cuando el drama se torna en una especie de making of sobre el documental en sí. Un documental que podría tener buenas intenciones, pero desde la mirada privilegiada de unos artistas adinerados.

Se cuestiona la moralidad del documental social más por los personajes que por las propias acciones. Es la propia explotación de la miseria disfrazada de manifestación política. Pero no simplifica a sus propios personajes mediante la clase, sino por la ausencia o presencia del amor en sus vidas. El ritmo pausado y los silencios, lejos de alejar, acercan a la melancolía agridulce de estos personajes. El final es un plano tan sencillo como bello en el que sus dos protagonistas contemplan la luna llena.

Se reivindica de la manera más simple y honesta lo único que no se puede comprar o vender: el amor. El amor se puede simular o prefabricar, pero no se puede recrear. Mucho menos se puede manipular un sentimiento tan real y vivo para un espectáculo digital disfrazado de denuncia artística. Una película atmosférica, compleja y fascinante en todas sus contradicciones.

Fotograma de 'Un amor posible' (Foto: Netflix)
Fotograma de ‘Un amor posible’ (Foto: Netflix)
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LO MEJOR: EL LENGUAJE CINEMATOGRÁFICO QUE RETRATA CON SENSIBILIDAD, LAS DUDAS Y LAS CONTRADICCIONES DE SUS PERSONAJES.
LO PEOR: TAL VEZ REITERÉ SUS TEMAS EN SUS ÚLTIMOS 15 MINUTOS
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