
Un año más volvemos a las costas de la ciudad española del cine. Una semana llena de estrellas brillantes – entre estos figuras grandes como Brad Pitt, Naomi Watts o Jesse Eisenberg, entre otros – , playas radiantes en otoño y muchísimo cine.
En este festival han prevalido algunos temas comunes entre la gran cantidad de películas que hemos podido ver. La familia, el amor, la nostalgia, la represión política, la empatía, la música y el cine son algunos de los diferentes tópicos que más de una historia ha conseguido que reflexionemos un poco sobre nosotros mismos, y lo que nos rodea.
Grandes estrenos, algunas decepciones y muchas sorpresas en un año variado y vivo. Recordamos y analizamos de manera breve las 40 películas que hemos tenido el privilegio de disfrutar muchísimos meses antes de su estreno en salas españolas. Historias que van a sonar mucho en la carrera de los premios o en los próximos meses.
En estas dos secciones destacan propuestas interesantes. En ‘Horizontes Latinos’, podemos encontrar historias provenientes de Latinoamérica en las que exploramos la política, la identidad y la cultura desde miradas humanistas. Por otro lado, ‘Tabakalera’ nos trae una gran variedad de propuestas pequeñas y artísticas, que suelen acabar convirtiéndose en algunas de las joyas ocultas que se proyectan en Donostia.
Esta crónica se divide en tres partes: este artículo está dedicado a las películas de la secciones Tabakalera y Horizontes Latinos. Luego tenéis otros en los que hablamos sobre la Sección Oficial, y otro dedicado a las secciones Perlak, Premio Donostia y Película Sorpresa.
HORIZONTES LATINOS
- Ceniza en La Boca (Diego Luna – México/ España)
El actor mexicano Diego Luna (‘Andor‘) vuelve a ponerse detrás de la cámara en su cuarto largometraje de ficción como director. Esta adaptación de la novela homónima de Brenda Navarro nos cuenta la historia de la vida de una joven mexicana en España y el regreso a su país natal. Luna se muestra como un cineasta interesante en su uso del lenguaje naturalista. El primer tercio en España causa interés en las ocurrencias de su joven protagonista y sus ambiciones.
Anna Díaz encarna a un personaje con el que es fácil conectar, y es capaz de sostener una historia por ella misma. Sin embargo, el drama social empieza a perder el rumbo en su segundo tramo. El inicio de una vida adulta en Barcelona nos hace sentir lo perdida que está nuestra protagonista, pero Luna se pierde con ella en su narración. Sin embargo, es su regreso a México lo que acaba siendo el último clavo en el ataúd narrativo.
Diego Luna decide tratar el suicidio infantil desde una óptica manipuladora, que no se siente merecedora para un personaje que ha pasado tan poco desapercibido. El retrato de México se siente apresurado, exagerado, melodramático y hasta, en cierto punto, explotador. Resulta más interesante cómo la protagonista lidia con el dolor y su crisis identitaria que la interpretación apresurada y simplificada de los problemas sociales en su país natal.
Un drama social que empieza con sutileza y delicadeza, pierde el rumbo y acaba recurriendo a los recursos y clichés dramáticos más manipuladores. Ojalá que Diego Luna y Anna Díaz puedan volver a trabajar juntos en un proyecto con un rumbo más definido. Mucho potencial desperdiciado.
Leer crítica completa de Carlos Mera
Nota: 5/10
- El Deshielo (Manuela Martelli – Chile/ Estados Unidos/ España/ México)
Manuela Martelli hace una reflexión política, a través de algo más interesante que la sociedad: el amor. Una historia que va a un fuego lento pero fascinante, precisamente por la humanidad de estos personajes. Personajes en un hotel, que están atrapados sin un amor.
La protagonista es Inés, una niña chilena que vive en el hotel de sus abuelos mientras sus padres están trabajando en la Expo del 92. Ella muestra interés en una joven esquiadora alemana llamada Hanna, de quien se hace amiga. Una noche, ella desaparece sin dejar rastro, e Inés, junto a la madre de esta, parte en su búsqueda mientras sus abuelos ven la mejor manera de lucrarse ante los europeos visitantes.
La historia transcurre en 1992, poco después del fin de la dictadura militar, y en plena transición democrática. A través de estos personajes, podemos ver la fragilidad de cada uno de ellos a la hora de encontrar un amor perdido. Esto, sobre todo, se puede notar más en la segunda mitad, con la relación de una niña sin una madre y una madre dolida por la desaparición de su hija. El mensaje sobre la rendición de Chile ante el capitalismo se puede reflejar en personajes perdidos y desolados.
Martelli no ofrece respuestas satisfactorias, dejando una enorme ambigüedad que actúa como el vacío ante una promesa de amor que no se pudo cumplir. El final es escalofriante, ante la rendición no solo de la esperanza, sino del propio corazón humano. Es una película que, ante su ritmo pausado, uno encuentra fascinación por los ambientes fríos y los personajes tan bien escritos en sus ambigüedades. Una de las sorpresas más interesantes, fascinantes e inteligentes que se haya podido ver en el festival.
Nota: 8/10
- El Tren Fluvial (Lorenzo Ferro, Lucas A. Vignale – Argentina)
Este es el debut de dos jóvenes cineastas argentinos: Lorenzo Ferro y Lucas A. Vignale. Vignale, quien empezó su carrera haciendo videos para el youtuber argentino Gaspi, falleció en el accidente de helicóptero en Río de Janeiro, junto a su amigo y el cantante Oliver Tree, a los 27 años de edad. Esta pequeña película también se convierte en su obra póstuma, y es una muestra de la pérdida temprana de un cineasta con mucho talento.
La trama no podría ser más simple, pero a la vez lúcida. Partiendo de un prólogo sencillo, nos adentramos en el sueño de este joven argentino. La atmósfera pausada contribuye a la magia del surrealismo bizarro pero inocente. En tan solo 70 minutos, y siendo fiel a una lógica emocional más que racional, conocemos la psicología y el crecimiento de este niño. Y se agradece que se mantenga abierta a la interpretación y no se explicite una vez termina el trayecto.
Una propuesta pequeña pero valiente. Una atmósfera que te envuelve en un escenario surreal fascinante de explorar mediante sus silencios. Se rinde ante la lógica y crecimiento de un niño lidiando con dudas y emociones, de las cuales tal vez no sea consciente a una temprana edad. Un debut interesante, original y sincero para dos jóvenes cineastas argentinos con mucho talento. Tal vez no podamos ver más trabajos del talentoso Vignale, pero al menos podemos esperar un futuro prometedor por parte de Lorenzo Ferro.
Nota: 7/10
- La Perra (Dominga Sotomayor – Brasil/ Chile)
Dominga Sotomayor tiene la capacidad para crear imágenes impresionantes. Unos colores preciosos en los que se destaca la belleza de la naturaleza y el espacio, con composiciones provenientes del maestro italiano Michelangelo Antonioni. La complicada relación entre una mujer y su perra funciona como alegoría de lo dependiente y necesitado que es un amor. Pero este amor, al fin y al cabo, está pudriéndose una vez que la capacidad de amar del otro ya se encuentra ausente.
Esta alegoría es impresionante, y ojalá que Sotomayor la hubiera podido explorar. Hay un problema que lastra la emocionalidad y poesía visual de esta propuesta: el ritmo. Este se siente apresurado, ya que te cuenta el desarrollo de esta relación mediante planos bellos, pero abruptos. El problema de esto es que todo se sienta tan rápido que es imposible conectar ni con la naturaleza del escenario ni con la complicada relación.
La poesía se ve destruida debido a que Sotomayor no te permite experimentar el escenario lo suficiente como para meterte dentro. De ahí que la relación principal entre esta mujer y su perra se sienta tan fría y lejana. Además, acaba recurriendo a unos cuantos clichés narrativos predecibles. Es una pena que una propuesta con tanto potencial se haya visto desperdiciada al ahogarse en sus ambiciones. Uno a veces se pregunta cómo es que han llegado a cierto punto narrativo, debido a lo abrupto del desarrollo y el ritmo. Una pena.
Nota: 4/10

- Las Ilusiones de un Verano sin Fin (Alessandra Sanguinetti – Argentina/ Estados Unidos)
El documental de Alessandra Sanguinetti es sin duda el trabajo que más ha llamado la atención de esta sección al público, y sobre todo al jurado joven. Ella es una fotógrafa argentina que durante años se dedicó a fotografiar a dos primas desde 1999. Ella guardó registro con su cámara no solo de sus sesiones, sino de quiénes eran, su relación, sueños y crecimiento.
Resulta adorable ver la inocencia de estas niñas en sus juegos, donde crean sus propias historias y manifiestan tanto sus sueños como el amor mutuo entre ellas. Y es en el paso del tiempo donde todo se torna en algo más agridulce. Conforme ellas van madurando, una de ellas a una edad muy temprana, se van distanciando, y aquellos juegos inocentes quedan atrás en el pasado. Una vez que se rompen las ilusiones de aquel lejano verano, uno se da cuenta de que la vida no es como la imaginaban en la infancia.
Sin embargo, también llega cierto punto de aceptación en el que, aunque estas niñas no puedan volver a jugar como antes, sí se tiene en cuenta el cariño real. Es una redención ante las decepciones y amarguras del doloroso crecimiento. Las niñas de las fotos tal vez no existan ya, pero fueron reales, y ahora son mujeres adultas que intentan, de una manera u otra, darles los recuerdos más felices a sus niños. Y la cámara de Sanguinetti, al menos, inmortalizó el manifiesto de esa sencilla y mágica ilusión que alguna vez existió.
Nota: 8/10

ZABALTEGI TABAKALERA
- Lejos de los Árboles (Meritxell Colell – España/ Perú/ Italia)
La sorpresa más fascinante y sensorial de todo el festival. La cineasta Meritxell Colell (guionista de Extraño Río) entrega una road movie original y espiritual. Seguimos el trayecto hacia las montañas de Perú de una artista musical mexicana, mientras ella prepara su siguiente composición sonora. Lo extraño de esta propuesta es cómo va intercambiando entre un lenguaje documental y uno influenciado por el realismo mágico. Es un viaje no solo cultural, sino también emocional a la hora de reflexionar mediante los sonidos.
Sonidos naturales que te hacen descubrir, o cintas de audio que te hacen volver a interactuar con un ser querido. El diálogo que nuestra protagonista tiene con los aldeanos, y su relación con el conductor, se sienten reales en su interacción cultural y humana. El recuerdo que una viajera halla en la naturaleza es mágico y reflexivo en cuanto a su identidad y orígenes. Colell usa imagen y sonido para sumergirnos en esta atmósfera tranquila y envolvente.
El diseño sonoro tal vez sea el más brillante del año, encontrando la música en los sonidos de la naturaleza y en los propios recuerdos. El espacio toma una presencia más envolvente, que hace que se transforme de un fascinante viaje cultural a una autorreflexión sobre nuestras vidas y el ambiente que nos rodea.
Una resurrección y un intento de comprender la identidad mediante el análisis de los sonidos capturados. En un mundo en el que el ruido se vuelve cada vez más presente, es en ese silencio mágico en el que podemos tomar consciencia de quiénes somos y de dónde venimos como turistas. No es una road movie al uso, sino un viaje que se vive, se comparte y se siente.
Es casi imposible describir con detalle la experiencia sumergente y humana que Colell consigue crear. Estamos ante no solo un cine de autor que es cada vez más difícil de encontrar, sino un milagro de realización que te hace creer que el cine es magia. Es atmosférica, pausada, natural, real y mágica. Conmovedor retrato de la identidad, el arte y la melancolía de la nostalgia. Colell, con un tacto delicado y una sensibilidad cinematográfica bella, nos ha regalado una de las mejores películas del año.
Nota: 8,5/10

- Adolescencia, sexo y muerte en Campamento Miasma (Jane Schoenbrun – Estados Unidos/ Canadá)
Jane Schoenborn tal vez sea la cineasta que mejor representa el cine de esta década. A través de su melancólica nostalgia, explora temas como el trauma, la sexualidad, la soledad, la aceptación, el amor y el impacto de nuestras pantallas. Son temas que conectan profundamente con una generación a la cual cada vez le cuesta más relacionarse o conocerse a sí misma, dependiendo de las pantallas para llenar de ruido ese vacío existencial. Esto, del mismo modo, podría haber hecho la cineasta con las películas, programas y videos del Internet primitivo con los que se crio.
We’re All Going to the World’s Fair y ‘I Saw the TV Glow’ son dramas psicológicos narrados con delicadeza y honestidad. Su nueva película concluye la ‘Trilogía de la pantalla’, que seguramente sea la que mejor defina el cine de los 2020. Es su apuesta más ambiciosa, pero, a pesar de la promesa, también es la que menos hace.
Los títulos de créditos iniciales son una sátira muy divertida al ascenso y la caída de las franquicias del género slasher en los 80, la cual se beneficia de una narración puramente visual a través del merchandising y las cintas de VHS. Hay escenas potentes y bellas de sensualidad, intimidad y terror, así como una cineasta que se abre ante la presión de servir a un cine comercial. Pero esta propuesta autoral que va en contra de la reimaginación barata se siente como la película más comercial y descafeinada.
En vez de ser un drama psicológico, decide tirar hacia un humor friki, en el que se hacen eco de películas icónicas del género como Viernes 13 o, sobre todo, Campamento Sangriento. Pero, aparte de que el tono es totalmente opuesto al extremadamente sombrío de las anteriores películas de la directora, el humor se acaba volviendo demasiado tonto, repetitivo e incluso infantil.
El uso del humor afecta de tal manera que, para cuando deciden desarrollar los temas más profundos e íntimos, se siente muy apresurado y muchísimo más simplista. Y es una pena, porque la cineasta vuelve a demostrar su talento mediante el despliegue visual, pero su profundidad y elegancia se pierden ante sus ambiciones. Solo esperemos que, ya concluida su trilogía simbólica, Schoenborn decida explorar nuevas formas cinematográficas con la sensibilidad que le caracterizó.
Leer crítica completa de Luciana Trost
Nota: 5/10
- Weichen (Dust) (Tsai Ming-liang – España/ Taiwan)
Aún semanas después de haber visto la nueva entrega de la saga Walker, dirigida por el maestro taiwanés Tsai Ming-liang (Goodbye, Dragon Inn), uno no sabe cómo definirla. En esta nueva entrega, el caminante pasea a un ritmo pausado y lento las calles y playas de Donostia. Posee unas imágenes conmovedoras que se devuelven desafiantes al dedicar una gran parte de la duración a este monje.
Para quien no está familiarizado con la saga, este puede resultar uno de los ejercicios de cine lento más desafiantes que puede haber en el cine moderno. Por un lado, todo puede resultar como un ejercicio interesante, pero repetitivo y vacío en contenido. Pero, a la vez, resulta en un fascinante retrato antinarrativo del paso del tiempo y el ruido que mueve nuestra sociedad contemporánea.
Una vez que pasa la media hora, uno empieza a mirar más el espacio que rodea al caminante que sus propios pasos. Tsai Ming-liang pone de protagonista al caminante, pero es todo el ruido que le rodea —o la ausencia de interés— lo que causa interés, aun sin suceder nada.
El caminante pasea por diferentes pasajes, y el autor deja que el propio ruido y la sociedad movilizada hablen por sí mismos. Uno puede sentir a veces que el tiempo es pausado y otras veces acelerado. Aunque, más que el caminante, hubiera sido incluso más fascinante que se enfocara en los ciudadanos que habitan estas ciudades, como en ciertas escenas. Sus miradas ya nos cuentan más sobre ellos que todas las palabras que hay por decir.
Es un ejercicio intenso en su lentitud y antinarrativa, que uno no sabe si definirlo como una pieza brillante o una premisa vacía y repetitiva. Esto no se puede juzgar como cine, sino como un testamento documental de nuestra era. Y esa identidad imposible de definir es, sin duda, el mayor logro del autor taiwanés con su nueva propuesta.

- La belle année (Angelica Ruffier – Suecia/ Noruega)
Originalmente iba a ver ‘Esta soledad’, la nueva película de Javier Giner, pero este documental que casi se me pasa desapercibido me llamó la atención gracias a algunos amigos críticos. Es difícil resumir en pocas palabras la gran cantidad de temas y dudas que esta pequeña película aporta a quien lo ve. Estamos ante un documental magistralmente dirigido que hace borrosa la línea entre realidad y mentira.
Angélica Ruffier y su hermano, tras la muerte de su padre distante, recogen y vacían la casa donde este hombre pasó sus últimos días. Es ahí cuando Ruffier encuentra su diario y rememora la admiración y el deseo que sintió en la adolescencia por su profesora: Mademoiselle Bresson. Es a partir de la lectura de sus diarios que cambiamos de una cámara digital cruda y tambaleante a unas imágenes grabadas en 16 mm. En estas imágenes observamos espacios desolados que una vez fueron habitados mediante la narración de un deseo.
Pero lo que destaca de ese deseo obsesivo no es el amor joven, sino cómo esa mujer adulta impactó sin ser consciente a nuestra protagonista. La obsesión de un primer amor imposible, uno que muchos sentimos en nuestra adolescencia mientras descubrimos nuestra identidad, resulta en nuestra propia maduración. Una persona puede impactar en el crecimiento y la madurez de alguien, aun sin ser consciente de ello. Ruffier contacta con su profesora en el último acto para poder darle un cierre a una historia que ella solo sintió.
La reunión no resulta romántica, sino una quedada entre dos mujeres que por fin se conocen y hablan de manera personal. El encuentro puede resultar anticlimático, pero también un bello gesto entre dos personas que se admiraban profundamente. No es una historia de amor que se vivió, pero sí una cuyos sentimientos tempranos fueron reales.
A través de la imagen, el naturalismo y secuencias de realismo mágico en las que se dan vida a estos sentimientos de nostalgia, se nos enseña cómo el deseo nos forma como personas adultas. La idealización es una mera fantasía en nuestra necesidad de amar y crecer. Un documental estremecedor, complejo y bello, que por poco nos perdemos.
Nota; 8,5/10

- Jaleos (Isaki Lacuesta – España)
Isaki Lacuesta (‘Segundo Premio’, ‘Flores para Antonio‘) se ha mostrado en los últimos años como uno de los cineastas españoles más interesantes. Esto, sobre todo, se muestra más en sus últimos documentales, donde destaca un estilo visual vivo apoyado de un montaje dinámico. En esta pequeña propuesta, Lacuesta decide echar un vistazo a la historia del flamenco y el impacto cultural que este arte ha tenido a través del cine.
También se reflexiona sobre cómo el flamenco ha sido utilizado para representar a España de una manera u otra. Isaki Lacuesta apenas filma, sino que hace un montaje muy inteligente de todo el archivo histórico. Es un retrato con humor sobre este arte, a través de la voz de diversos artistas invitados. La forma es tan fascinante que tal vez se hubiera preferido una estructura más narrativa, en vez de episódica. El juego que se le da a la forma para educar podría haberse utilizado mejor en una narrativa tan efectiva como su anterior documental.
Quienes vivan por el flamenco se maravillarán con estos sketches fílmicos. Incluso para los que no son tan apasionados —como el servidor—, se quedará entretenido por la narración de Lacuesta y su uso del material fílmico para narrar y educar. Un material educativo muy divertido y formalmente brillante. Solo queda esperar la segunda parte con una nueva colección de sketches.
Nota: 6/10
- Possible Love (Lee Chang-dong – Corea del Sur)
Y finalizamos una edición en la que hemos podido disfrutar de unas 40 películas en 9 días, con el nuevo drama del aclamado cineasta surcoreano Lee Chang-dong. Su propuesta encapsula muy bien varios de los temas que diferentes cineastas han tratado en sus historias: la dificultad del amor, las diferencias de clases y el cine para inmortalizar.
Chang-dong nos narra la historia de una familia humilde que es contactada por una documentalista para ser los protagonistas de un documental. El marido es un hombre en paro, traumatizado por una antigua manifestación, y la mujer intenta mantener unida a su inestable familia. El cineasta surcoreano propone algo interesante con sus imágenes, y es la decisión de grabar una gran mayoría de los planos en cámara en mano.
Esto podría resultar en algo artificial y, sin embargo, resulta en momentos de una belleza descomunal. Destacan las distancias de los personajes en la composición, unos esquemas de luces muy interesantes y un ritmo intimista que crea una atmósfera interesante. Y a esto le sumamos la estética plana, plástica y explotadora cuando las entrevistas del documental suceden. Es entonces cuando el drama se torna en una especie de making of sobre el documental en sí. Un documental que podría tener buenas intenciones, pero desde la mirada privilegiada de unos artistas adinerados.
Se cuestiona la moralidad del documental social más por los personajes que por las propias acciones. Es la propia explotación de la miseria disfrazada de manifestación política. Pero no simplifica a sus propios personajes mediante la clase, sino por la ausencia o presencia del amor en sus vidas. El ritmo pausado y los silencios, lejos de alejar, acercan a la melancolía agridulce de estos personajes.
El final es un plano tan sencillo como bello en el que sus dos protagonistas contemplan la luna llena. Se reivindica de la manera más simple y honesta lo único que no se puede comprar o vender: el amor. Una película atmosférica, compleja y fascinante en todas sus contradicciones. La historia perfecta para cerrar una edición que nos ha traído alguna de las películas más anticipadas del año e historias humanas que nos roban el corazón.
Nota: 8/10


