74 Festival de San Sebastián: Críticas Secciones Perlak, Premio Donostia y Película Sorpresa

La sección ‘Perlak’ vuelve a traer algunas de las películas más esperadas del año a Donostia.

Un año más volvemos a las costas de la ciudad española del cine. Una semana llena de estrellas brillantes – entre estos figuras grandes como Brad Pitt, Naomi Watts o Jesse Eisenberg, entre otros – , playas radiantes en otoño y muchísimo cine.

En este festival han prevalido algunos temas comunes entre la gran cantidad de películas que hemos podido ver. La familia, el amor, la nostalgia, la represión política, la empatía, la música y el cine son algunos de los diferentes temas que más de una historia ha conseguido que reflexionemos un poco sobre nosotros mismos, y lo que nos rodea.

Grandes estrenos, algunas decepciones y muchas sorpresas en un año variado y vivo. Recordamos y analizamos de manera breve las 40 películas que hemos tenido el privilegio de disfrutar muchísimos meses antes de su estreno en salas españolas. Historias que van a sonar mucho en la carrera de los premios o en los próximos meses.

La sección Perlak, puede ser la más importante y emocionante del festival. Varias de las películas que más han sonado en el circuito de festivales, se proyectan en esta mágica semana en Donostia. Es un adelanto de cuáles serán las historias que definirán el año. Cine europeo, asiático o americano, pero siempre con fuerza y corazón.

Esta crónica se divide en tres partes: este artículo está dedicado a las películas de la secciones Perlak, Premio Donostia y Película Sorpresa y luego tenéis otros en los que hablamos sobre la Sección Oficial, y otro dedicado a las secciones Tabakalera y Horizontes Latinos.

PERLAK

  • Minotauro (Andrey Zvyagintsev – Francia/ Alemania/ Latvia)

No es exageración decir que Andrey Zvyagintsev puede ser de los directores con mayor pulso narrativo en el cine de este siglo. El cineasta ruso sabe cómo narrar con la cámara la frialdad y el vacío humano como metáfora política y social desde su brillante debut ‘El Retorno‘, una de las mayores obras maestras del siglo. Aunque en cuanto a guion, para uno que ya conoce en profundidad su filmografía, se puede encontrar con varias familiaridades no ya en temas sino en narración.

La adaptación de ‘La esposa infiel‘ se adapta muy bien al inicio del violento conflicto Rusia-Ucrania. Zvyagintsev sabe jugar muy bien con los tiempos y las frías y distantes relaciones entre personajes frustrados con un amor que no existe y tratan de reencontrar. En el alrededor uno puede notar – desde las bajas de los trabajadores hasta el contrato de empleados para servir en la guerra – cómo es que el ambiente se vuelve más hostil, frío y cruel a medida que esta historia de infidelidades y venganza se desarrolla.

La mujer infeliz e insatisfecha con el vacío de su vida acomodada puede servir como tesis política para la relación de un habitante ruso, con el marido poderoso, controlador e infeliz que encarnaría a un estado sin escrúpulos. El brillante lenguaje cinematográfico de Zvyagintsev consigue que el espectador se encuentre presente en el inicio de una situación tan tensa, desoladora y cómo todas su filmografía, sin ese amor necesario. El ritmo es pausado, pero intenso por esos gestos y miradas llenos de miedo e inhumanidad. Esto se puede ver desde la distante relación de esta pareja, como con su hijo y los propios peces gordos que se ven protegidos por el estado.

Estaríamos hablando de una película fuerte, con pulso y sutileza, sino se viera lastrada por su final. Hay un plano bellísimo, en el que el romanticismo y la rendición se sienten desolados, en el que podría haber acabado este doloroso retrato. Sin embargo en su última media hora, decide optar por una simbología obvia que reitera los mismos temas. Se siente como un artista que quiere suavizarse con la audiencia más mainstream.

Aun así, a pesar de su decepcionante y repetitiva última media hora que no deja espacio para la fría reflexión del espectador, uno puede valorar el talento que desprende la dirección de este gran cineasta ruso. En estos tiempos de obviedad, es preferible una obra menor y más asequible de un gran artista que un producto vacío y servible. Incluso en una obra menor de este talentoso cineasta, uno puede hallar destellos de una reflexión perturbadora y desoladora en este mundo sin amor.

Nota: 7/10

Minotaur • New Zealand International Film Festival

  • Tangles (Leah Nelson – Canadá/ Estados Unidos)

La dibujante Sarah Leavitt se sincera en esta dura y conmovedora autobiografía. Un retrato abierto sobre la identidad sexual y la dificultad de cuidar a una madre en sus últimos días. Retrata ese miedo constante e irritante sobre perder en cualquier momento a esa persona que te crío y te ayudo a definir tu identidad. Es admirable y honesto el retrato de un amor que puede llevar a la negación de la partida de esa persona en nuestras vidas.

La animación en blanco y negro es preciosa, y posee unos cuantos momentos de creatividad, narración e identidad visual que son divertidos y admirables. Esta animación influenciada por un estilo Disney, contrasta con el abierto trato de la sexualidad y el activismo político de la autora, y los temas más duros. El tiempo pasa muy rápido, pero a veces esto le puede jugar en contra a la narrativa.

Los momentos más calmados e intimistas funcionan mejor que los más expresionistas. Puede crearse un choque de tonos que puede llegar a distanciar de la sinceridad y honestidad de esta animación. El abuso de la música también juega un papel importante a la hora de influenciar las emociones en los momentos más duros. Tal vez sea demasiada intensa y expresiva para una historia tan íntima y real como esta, pero ese puede llegar a ser también el punto. Esa voz constante que no se callá y nos advierte de nuestros mayores miedos. Una película que tal vez no sepa cómo rebajar sus tonos, pero que conmueve por su honestidad y apabullante creatividad, y más de un momento extremadamente humano.

Nota: 6,5/10

Tangles' Review: Julia Louis-Dreyfus Leads Animated Look at Dementia

  • Fatherland (Pawel Pawlikowski – Bélgica/ Alemania/ Italia/ Francia)

Paweł Pawlikowski es el maestro moderno del blanco y negro. Los fotogramas de sus películas son bellas y melancólicas fotografías en el que el tratado de las luces y sombras están cuidados. Pero es que no solo se limita a una pura decisión estética, sino que aporta también a su narración. Sus tres últimas películas – siendo las anteriores las aclamadas ‘Ida‘ y ‘Cold War‘ – cuentan historias grandes en tiempos relativamente cortos.

Pawlikowski aprovecha cada uno de sus planos para contarte lo justo y necesario sobre el ambiente y los personajes como para conmoverte. Su narrativa visual y uso de elipsis son magistrales. Resulta curioso que haya tenido que pasar ocho años desde su última película para traernos una historia pequeña en comparación, pero compleja en sus temas.

Esta es una historia sobre el duelo y el uso de discurso para consolarlo. Más que una road movie sobre un portavoz comunista que tiene que dar un discurso importante en las altas esferad de la República Democrática de la Alemania recién salida de la II guerra mundial, es sobre una nación rota. Una nación la cuál se propuso la grandeza, y aún después de haber fracasado dos veces, se niega a aceptar la derrota.

Entre la idealización patriótica de un estado muerto e igual de represor con una figura como símbolo promocional, y un ser querido que no ha podido más con su vida, se habla del dolor de la pérdida y cómo lo afrontamos. Esto se tocá con una simpleza tan elegante y atmosférica, cómo humana y social a la vez.

Hanns Zischler y Sandra Hüller brillan en esta película tan gris y melancólica. El inicio es tan simple como brillante, y el final destroza a uno por dentro. Tal vez no sea tan emocional como ‘Ida‘ o tan grande como ‘Cold War‘, pero sí es una historia simple en su narración pero compleja en sus matices. Es una de esas experiencias que va ganando y cogiendo fuerza una vez sales de la sala con las lágrimas más agridulces y honestas.

Nota: 8/10

 

  • La Invitación (Olivia Wilde – Estados Unidos)

En 2020 Cesc Gay estrenó la película ‘Sentimental‘, basada en su obra de teatro. En un mismo espacio retraba un matrimonio en crisis tanto emocional como sexualmente, interactuando con sus vecinos liberales. Fue una interesante y divertida reflexión sobre la liberación sexual que sin embargó se quedaba un poco corto en su último tramo dramático enfocado en el amor. Aquí es donde viene Olivia Wilde, quien en un extraño caso, decide profundizar más en los temas propuestos por la película española en su remake americano.

Como cineasta, Olivia Wilde muestra un gran manejo de los espacios en los que se acercan y se alejan los personajes, en un precioso formato analógico. Los cuatro actores muestran fuerza cómica, dramatismo, naturalidad y química en este espacio. Más que en los conflictos de libertinaje sexual – los cuáles aquí son retratados de una manera más socialmente aberta – opta por hacer un retrato del amor moderno en la crisis de los 40.

Olivia Wilde es neurótica e intensa; Edward Norton es carismático y divertido; Penélope Cruz se luce con su presencia jugando con un brillante intercambio cambio de idiomas; y Seth Rogen es quien más brilla. Rogen aporta mayor complejidad y humanidad al personaje original encarnado por Javier Cámara, ofreciendo las mayores risas y alguno de los momentos dramáticos más efectivos de su carrera en una de sus mejores y más complejas interpretaciones.

El guion es muy inteligente entregando diálogos muy dinámicos y un control de los tonos muy buenos. Sí que es cierto que el principio a lo mejor abusa de la música para darle una intensidad que ya se conseguía con los diálogos, pero esto se desvanece a medida que el filme decide ponerse más íntimo. Es uno de esos extraños casos en los que el remake supera a la original en todos los sentidos.

Elegantemente dirigida, brillantemente escrita y poderosamente interpretada comedia hilarante y conmovedora que se coloca como una de las mayores recomendaciones del año. También cabe destacar que su plano final, es tal vez el más bello, romántico y conmovedor que uno verá en todo el año. Inteligente, hilarante y conmovedora.

Nota: 8/10

 

  • Hope (Na Hong-jin / Corea del Sur)

Na-Hong Jin es un cineasta comercial pero con un fuerte pulso autoral. Esta es solo su cuarta película, diez años después de la terrorífica ‘El extraño‘. Sus películas son locas odiseas violentas en las que se suele mezclar el policiaco, el thriller, y hasta incluso una comedia negra que recae en sus carismáticos personajes. Pero también estamos ante un cineasta que sabe darle el pulso necesario a la intensidad y a la imagen. Su imagen es intensa para thrillers policiacos como ‘The Chaser‘ o una odisea épica de la talla de ‘The Yellow Sea‘, pero también puede ser atmosférico como en su anterior película.

‘Hope‘ puede ser narrativamente su película más simple si tenemos en cuenta que no hay tantos giros de trama, pero conceptualmente es su más ambiciosa. Esta loca película de acción de gente persiguiendo a monstruos recae en una estupidez en la cual se halla ingenio. La primera hora es una película de acción magistralmente dirigida en el que la tensión y el espacio juega un papel importante.

El cineasta surcoreano posee un lenguaje cinematográfico proveniente del mejor Spielberg, pero siendo fiel a su estilo. Ahora bien, a la hora, ya se rompe el suspense del monstruo y se nos muestran cómo lucen. No son los efectos más realistas ni por mucho menos, pero de ahí viene también una gracia y personalidad autoconsciente. Esta épica persecución explota en un loco clímax de última hora en el que uno puede apreciar alguna de las escenas de acción más locas y divertidas del año.

El tono cambia, pero el elegante lenguaje cinematográfico se mantiene en sus increíbles persecuciones. Podríamos estar hablando de una loca y divertida película de acción, pero es que de ahí podemos encontrar más. La historia toma lugar entre las fronteras de Corea del Sur y del Norte. Tenemos a los policías tratando de proteger su pueblo con armas, y unos monstruos violentos que actúan como espías de una civilización decaída.

En ese caos constante de violencia y una estupidez ciega en la que la eterna persecución violenta acaba convirtiéndose en un manifiesto social. Una persecución constante y llena del poder de la violencia que es guiada por una esperanza ciega. Una esperanza a un futuro y una utopía simple que difícilmente se llegará con la eterna violencia y deshumanización. El final es abierto, probablemente para una secuela que tal vez lleguemos a ver o no. Pero la ambigüedad dramática con la que se deja es interesante.

¿Podemos redimirnos en un intento por la empatía humana y social en medio de toda esta violencia? ¿Podemos ser capaces de revertir este caos ciego en un futuro? Na Hong-jin nos deja con una pantalla en negro para que reflexionemos, del mismo modo que Spielberg hizo este año con su polarizador ‘Dia de la Revelación‘. Siendo una de las películas más locas, directas, maximalistas y divertidas del año, también resulta en uno de los manifiestos sociales más sutiles y fascinantes bajo su capa de entretenimiento básico. A uno solo le queda tener esperanza para que el público español acuda a las salas de cine a experimentar la estupidez más inteligente del año.

Nota: 8/10

 

  • Iron Boy (Le Corset) (Louis Clichy – Francia/ Bélgica)

Es admirable la presencia que la animación ha tomado en una sección tan importante como la Perlak. Por un lado tenemos la ambiciosa y emocionante ‘Tangles‘, y por otro la simple y poderosa ‘Iron Boy‘. Uno no puede evitar enamorarse de su paleta de colores acuarela y unos bocetos sketch que se sienten vivos. Al igual que en ‘Tangles’, se aprovechá el arte de la animación para crear secuencias bellas que representan a nuestro protagonista.

La historia gira en torno a un adolescente que tiene que ponerse un corset par arreglar sus problemas de postura. Es a partir de esta simple premisa que se desarrolla una historia encantadora, pero sorprendentemente agridulce. Es abierta pero humana en cuanto su trato a la presión familiar.

Cómo es que uno tal vez no pueda seguir las estelas familiares y tiene que construir su propio camino. Pero a parte de la maduración, también llega la consecuente ausencia de amor, particularmente por parte de la masculinidad de la casa. Es un coming of age honesto, divertido, inocente y hasta conmovedor en el que uno puede ver madurar a su protagonista y a sus familiares.

La música en órgano es un elemento narrativo clave, y consigue cautivar con la misma belleza que a nuestro protagonista. Los momentos que se salen de la realidad están bien metidos y no se sienten como caprichos estilísticos – aquí una mención especial al mejor beso del año -. En su simpleza, es donde se haya una mayor honestidad y la fuerza de una artesanía como la animación. Una de las películas animadas más emocionantes del año.

Nota: 8/10

Cannes 2026: Iron Boy, Tangles, Lucy Lost

  • La Bola Negra (Javier Calvo, Javier Ambrossi – España/ Francia)

¿Qué más se puede decir de ‘La Bola Negra‘ que ya no se haya dicho? Pues sorprendentemente mucho, tanto bueno como malo. Es innegable el impacto cultural inmediato que la última película de Los Javis han tenido. Esta épica epopeya generacional LGBT ha conquistado a crítica y a público desde su estreno en Cannes, por su ambición, epicidad y – muy notoria – emocionalidad.

Y no es para menos, ya que Los Javis muestran poseer una enorme identidad visual que consigue crear imágenes poéticas. No solo es que tiren todo por la borda para hacer algo grande, sino que mediante sus visuales, espectacular fotografía y valores de producción, sacan a relucir escenas de un magnetismo y poderío visual que impresionan.

No se pueden negar los aciertos de la película española del año, pero tampoco carece de diversos fallos. Aunque se note sinceridad y ambición cinematográfica por parte de ellos, también se halla una inseguridad en su madurez que la contiene. Aunque sus imágenes ya sean suficientes para darle poder a esta gran historia – dividida en tres líneas temporales -, ellos sienten la necesidad de explicar constantmenete lo inexplicable.

Entre los diversos saltos temporales tenemos una historia ambientada en 1937 que posee un corazón y ambición admirables que se ve interrumpida por otra ambientada en 2017. La del 2017 frena el poder visual de la película – aún conservando sus grandes valores de producción -, al ser un melodrama predecible que se alarga y trata de reiterar el corazón al espectador.

Esto provoca una necesidad de destacar la epicidad detrás del relato, pero sin llegar a rendirse al caos de la ambición. También desafortunadamente al dar una visión más comercial con una apariencia autoral, no llega a ser tan reivindicativa ni políticamente ni sexualmente. Las apariciones estrella de Penélope Cruz, Glenn Close, y un cameo que se venía venir, hacen más daño que bien. Esto es entre la simplificación de una figura tan poderosa como Lorca, o la reiteración que se vuelve molesta en su última media hora.

En sí la experiencia es bizarramente mixta. Cambiamos entre un loco romance LGBT en la guerra civil, una adaptación libre y visualmente deslumbrante del relato inacabado de Lorca, y un melodrama irritantemente predecible y obvio. No es una película que sea fácil de definir en un todo como buena o mala, porque va cambiando constantemente entre sus gigantescos aciertos y sus numerosos fallos.

Es un desastre tonal que se pùede respetar por su ambición y honestidad. Aunque uno se plantea como Los Javis hubieran manejado una historia de este calibre en unos años, ya habiendo obtenido una madurez cinematográfica. Los Javis tienen pulso, talento y corazón – y los Españoles nos llevaremos enormes alegrías con los premios de este año – pero les falta hacer un salto de fé y dejarse rodar como una bola negra en la nieve hacia su cine.

Nota: 5,5/10

Leer crítica completa de Néstor Barbosa 

 

  • Coward (Lukas Dhont – Bélgica/ Francia/ Países Bajos)

Siendo honesto, nunca he podido conectar con el cine de Lukas Dhont. Su anterior y aclamada película ‘Close‘, me pareció un ejercicio de duelo cuya intimidad se vió arruinada por su ritmo apresurado. Uno al leer la sinopsis, piensa que va a entrar en la típica película sentimentalista que suele gustar en los festivales. Sin embargo, ha pasado de ser una de las películas que menos interesaba a la que más me cerró la boca.

Lukas Dhont por fin consigue madurar su estilo, permitiéndose entrar en mayor intimidad con sus personajes. En vez de caer en el melodramatismo más obvio – especialmente en sus escenas musicales -, se permite enfocarse en detalles más sutiles y conmovedores del ser humano. Las miradas, los gestos en lejanía que se sienten tan cercanos, la movilidad de los cuerpos y el corazón palpitante, son los elementos que conforman la fuerza de la primera película en la que Lukas se sincera consigo mismo.

Incluso si su trama puede parecer familiar, no glorifica ni dramatiza como uno está acostumbrado sus eventos. Las escenas musicales en sí, se convierten en un rincón de luz en plena oscuridad. Hay entran dudas sobre la moralidad y el egoísmo de vivir en una fantasía en la que puedes ser tu mismo. El teatro aquí es visto como un círculo de unión entre estos hombres, y un refugio de la violenta realidad.

El romance en sí está lleno de dudas que se contemplan en esas miradas y en la sútil cercanía. Tiene probablemente la escena sexual más delicada e íntima del año. No vá por los convencionalismos por los que fácilmente podría haberle sido más fácil manipular al espectador. Lukas Dhont por fin madura, y abre su corazón en este pequeño y delicado romance que tiene algo más importante que ‘La Bola Negra‘ carece: la sensibilidad.

Nota: 7,5/10

Cobarde (2026) - IMDb

  • De Repente (Ryusuke Hamaguchi – Francia/ Japón/ Alemania/ Bélgica)

¿Por donde empezar para hablar de una película tan pequeña pero a la vez enorme? El cine de Ryusuke Hamaguchi es intimista, naturalista, y por encima de todo, humanista. Las dos anteriores y aclamadas películas del cineasta nipón – siendo estas ‘Drive My Car‘ y. ‘El mal no existe‘ – fueron exploraciones amargas de un mundo cada vez más industrializado y deshumanizado. Sien embargo, en este íntimo retrato teatral, decide pelear contra ello mismo a través de una película calmada, conmovedora y lleno de una humanidad admirable.

Somos seres guiados por un sistema capitalista del cual dependemos y por ende servimos. Aun si incluso el trabajo tratá de lidiar y cuidar personas ancianas o discapacitadas, se suelen ver más como un servicio remunerado que como una legítima preocupación. Aun así, el debate no está tan simplificado en una diario en el que no hay ningún antagonista o villano, cada uno de los personajes lanzan puntos válidos sobre la idealización. Virginie Efira y Tao Okamoto encarnan a dos mujeres idealistas, empáticas y maravillosas que consiguen enamorar al espectador.

Entre el umbral de la idealización de los valores humanistas en un sistema frío, y la muerte cercana, se halla un ejercicio de empatía y humanización. Hay un inteligente contraste entre la Francia de Efira que se ilumina por las noches, y el Japón tranquilo y atmosférico de Okamoto. Este intercambio de idiomas, cultura, ideologías y filosofía se siente cercano para un cineasta humanista creando en un mundo cada vez más disociado de sí. Su nueva película tratá de hallar la naturalidad que queda entre la industrialización y el intento por encontrar esa empatía idealista.

Irónicamente, este drama de 3 horas y cuarto pausado y con mucho diálogo se siente muy llevadero. Consigue que cualquiera pueda entrar en el compromiso de la íntima propuesta de Hamaguchi. Claro que a veces puede pecar de reiterarse en algunos puntos con su diálogo, y puede resultar cuestionable su representación del autismo para algunos. Pero aun así consigue algo más grande en su simpleza que muchos blockbusters de este año que han dependido del espectáculo no han podido: emoción. Es una de esas historias y experiencias que sanan, y te dan esperanza sobre el individuo que está enfrente tuya. Una de las mejores películas del año. Maravillosa.

Nota: 8,5/10

All of a Sudden fights against death and capitalism by reminding us to live  and love

 

  • Wild Horse Nine (Martin McDonagh – Estados Unidos/ Reino Unido/ Chile)

Martin McDonagh tiene un talento nato para los diálogos y la construcción de los personajes, y vuelve a demostrarlo en su nueva película. Cuatro años después de ‘Almas en pena de Inisherin‘, su magnum-opus irlandesa, esta vez nos presenta a unos americanos residentes en Chile quienes van a pasar unas «vacaciones» en la Isla de Pascua de Escocia.

Puede que el lenguaje cinematográfico no sea tan poético como en su anterior película, pero consigue ser algo más que un buen pasatiempo.El reparto no podría ser más estelar, tal vez junto a ‘La Invitación‘ el mejor del año para una película americana. Sam Rockwell es carismático y divertido en su amargura; Steve Buscemi está irreconocible en un divertidísimo papel; y John Malkovich entrega probablemente la interpretación de su vida.

Malkovich interpreta a un hombre violento quién se ve debilitado por su edad y enfermedad. Hay cierto honor y melancolía en una persona tan gamberra en sus palabras como rota por dentro. Es probable que los próximos meses veamos a Malkovich alzándose por fin con su tan ansiado Oscar. También se agradece una comedia – más aún americana – que no se corte el pelo a la hora de denunciar la corrupción del FBI, y que lance más de una pulla a esos «gloriosos» golpes de estado y genocidios.

Es una comedia que posee diálogos desternillantes, sí, pero también estamos ante un retrato melancólico. El último viaje de un agente roto y solitario, ya consciente en su lecho de muerte de lo que él ha arrastrado consigo en sus años de servicio. McDonagh, incluso si es en una película más, sigue mostrando los destellos que lo convierten en uno de los mejores guionistas de este siglo.

Nota: 7,5/10

 

  • Fjord (Cristian Mungiu – Rumania/ Francia/ Noruega/ Suecia/ Dinamarca)

¿Cómo es que esto ha podido ganar la Palma de Oro? Uno podría entender las razones políticas detrás de ella como le dé la gana, ¿Pero posee fuerza?. Cristian Mungiu, quién ya había dirigido la demoledora ganadora de la Palma de Oro ‘4 meses, 3 semanas y 2 días’, a vuelto con la que puede ser la película más polémica del año. Hay gente que la llama una película fría abierta a la interpretación y moralidad ideológica, y otros, una oda a la vuelta del conservadurismo moderno. Lo triste es que ni siquiera es ninguna de esas cosas.

Personalmente, la interpreto como una sátira fría al victimismo de la derecha más conservadora, pero ni siquiera creo que haga un buen trabajo. El principio es interesante, planteando las relaciones de esta familia rumana con los vecinos noruegos y manteniendo fuera de foco, lo que pasa en la casa de esta nueva familia. Esta interesante ambigüedad desgraciadamente dura poco. No es que Mungiu diga abiertamente al espectador lo que pensar, pero uno puede ver las ideas que propone en la mesas. Son muchas ideas y dilemas morales de personajes, todos muy interesantes.

El problema recae en que se dedica a proponer demasiado a tal punto, que no deja espacio para el desarrollo o incluso esa fría ambigüedad que busca. Mungiu trata de engañar al espectador e incomodar sin mucho éxito. Desaprovecha por ejemplo la relación entre la familia rumana y la sociedad noruega, descartando demasiado rápido para convertirlo en un drama judicial plano.

Parece que quiere sorprender más por el peso de las ideas que pone sobre la mesa, más que los propios personajes que reflejan al ciudadano. Desaprovecha a grandes actores como un irreconocible Sebastian Stan, dejándolos en un banquillo para seguir proponiendo en vez de explorar. Irónicamente en ese intento de incomodidad se crea una lejania enorme que simplifica lo que pretende ser complejo.

Digamos que tal vez el mayor peligro es que tanto puedan malinterpretar los espectadores las intenciones. Se condena explícitamente a los padres, pero también hace un retrato exagerado de los servicios sociales sin razón aparente. Tampoco profundiza mucho en los temas religiosos ni en la interesante psicológica de los hijos – ¿Por qué tener cinco hijos, si solo puedes explorar dos? -. E incluso cinematográficamente, Mungiu vuelve a mostrar su destreza en su manejo de los tiempos incómodos, pero estos se ven interrumpidos por una cámara en mano distractora que no aporta mucho.

Es extraño el ver, no lo ambigua que és – o pudo haber sido -, sino cuánto se dedican a proponer en dos horas y medio, para al final no hacer nada. Es una cinta que da más conversación por los dilemas morales que la propia frialdad y crueldad de unos personajes que tenían potencial. A lo mejor la sátira es demasiado obvia, o a lo mejor sí que es una oda al conservadurismo moderno o un retrato frío. Eso sin duda es lo más interesante, pero la película en sí, puede ser de las oportunidades más desaprovechadas que he visto este año. Lo peor es que seguramente vaya a conmover a esas personas de las que supuestamente se quiere mofar.

Nota: 3/10

 

  • Club Kid (Jordan Firstman – Estados Unidos)

Parece mentira que este sea el debut de un director y un actor protagonista, pero Jordan Firstman es un diamante en bruto. Es una historia muy conocida la de un hombre con la vida patas arriba que descubre que tiene un hijo y aprende a ser responsable – Hasta Adam Sandler lo hizo en ‘Un papá genial‘ -.

Pero Firstman consigue darle a esta historia familiar algo muy difícil de conseguir: frescura. En esta comedia dramática sobre los excesos destaca el enorme corazón de un cineasta talentoso. Como cineasta, Firstman crea imágenes que poseen unos juegos de iluminación y cámara muy interesante, y como intérprete posee carisma y una enorme fuerza en su faceta cómica y dramática.

El guion contiene varias de las situaciones y líneas más hilarantes del año. Uno siente la magnitud del exceso de las fiestas, y no teme a ser abierto en sus temas sexuales. Esta muy bien desarrollado el arco de un hombre sociable, fiestero y excesivo, cobrando un sentido de responsabilidad y más importante aún: una razón para amar.

En estos tiempos tan cínicos, se agradece una oda al amor, el perdón y a mejorar como personas. Es fresco ver un final agridulce, pero con una mirada esperanzadora a un futuro como persona adulta. Ha maravillado al público más joven, y uno puede entender perfectamente su potencial a convertirse en un clásico de culto generacional. No es la historia en sí, sino el tono y el corazón lo que la hacen sentir tan actual pero atemporal a la vez. Una de las grandes sorpresas del año.

Nota: 8/10

 

  • Josephine (Beth de Araújo – Estados Unidos)

Beth de Araujo narra un abuso sexual, pero más que el acto en sí, se enfoca en las repercusiones del testigo de una niña. Galardonada y aclamada desde su estreno en Sundance, este drama psicológico es de los más duros e incómodos del año. Habla desde una perspectiva honesta y cruda, sobre el fin de la inocencia de una infante. Es ese momento en el que descubres el mundo peligroso en el que estás vivo, y no sabes como lidiarlo.

La cineasta narra su historia entre planos en primera persona de la niña, y planos cerrados de ella. Esta mirada es acertada, ya que explora muy bien el desarrollo de la psicología de una niña a la hora de lidiar con un trauma del que probablemente no sea consciente. Las actuaciones son demoledoras, destacando una reveladora Mason Reeves, la convicción de Gemma Chan y un Channing Tatum que sorprende.

Tatum interpreta un padre quien claramente quiere y admira a su hija, pero quien no sabe cómo lidiar con el dolor del trauma. Lo intenta, pero a la vez, él se quiere deshacer del dolor lo más rápido posible. Tal vez el trato del abuso sexual pueda estar al borde del morbo en unas pocas ocasiones, y el conmovedor final se arruina con una elección musical bastante cursi.

Pero más que una película sobre el trauma del abuso, es una reflexión oscura y honesta sobre la pérdida de inocencia. Uno no puede sentir más que tristeza y una incomodidad intencionada al ver este retrato. Uno de los drama más oscuros, pero sensible en su trato psicológico, de este año.

Nota: 8/10

Sundance '26: 'JOSEPHINE' Is a Feel Bad Movie Through the Eyes of a Child -  Silver Screen Riot

PREMIO DONOSTIA

  • Bucking Fastard (Werner Herzog – Irlanda/ Estados Unidos)

Es imposible no admirar a Werner Herzog. Un cineasta, un documentalista, un aventurero…nos podríamos pasar horas hablando sobre su gran trabajo, fuerte personalidad y destreza como artista. Es admirable ver cómo un cineasta incluso a los 80 años, puede seguir experimentando con diferentes géneros y estilos cinematográficos. Y esta bizarra historia sobre dos mellizas en sincronía buscando el amor de sus vidas, no es excepción.

La dirección de Herzog con el lenguaje cinematográfico se siente fresca e interesante, tratando de descubrir las posibilidades narrativas y estilísticas que le pueden ofrecer. Las hermanas Mara brillan en su actuación doble y llenas de personalidad. Aunque la película en un conjunto, se frustra con su fuerza.

El primer acto es una comedia negra judicial que es tan extraña como divertida, destacando también a un gamberro y carismático Orlando Bloom. Sin embargo a medida que avanza y las hermanas huyen de Estados Unidos, el tono y la comedia se vuelven repetitivos. Se siente como una película chiste que se estira demasiado para llegar a las 2 horas, cuando ni siquiera da para eso.

Sin embargo, en su último tercio en Irlanda, cuando la interacción entre las dos hermanas más importante e individualista sucede, vuelve a una conmovedora belleza. Una lucha eterna de dos extrañas por encontrar un amor común e idealizado. También vuelve a resultar interesante la belleza en la dirección de Herzog a la hora de retratar sus espacios e incluso su uso romántico de la banda sonora. Acaba en un final abrupto que choca entre risas y un poco de confusión.

No siempre funciona la propuesta de Herzog, pero se admira que haya podido crear una película inclasificable. Tal vez se alarga más de lo que debería y peca caer en la repetición, pero el corazón y el riesgo se sienten tan necesarios en estos tiempos de conformidad, que para uno es imposible no respetarla.

Nota: 6/10

Bucking Fastard', el proyecto imposible de Werner Herzog que se acaba de  presentar en el Festival de Venecia 2026, 'sincroniza' por primera vez  juntas en pantalla a Kate y Rooney Mara |

 

  • La Esposa Perfecta (Ben Shirinian – Estados Unidos)

A veces un hombre ama a una mujer. En mi caso es Naomi Watts, quien recogió el premio Donostia en esta edición. Pero dormir solo dos horas para ver películas como estas, le hacen plantearse a uno dónde están los límites de ese amor. No hay mucho que comentar sobre este telefilme, que se siente raro ver en un festival prestigioso como este.

Parte de una premisa interesante, y una actuación interesante por parte de Watts. Sin embargo, la dirección y el lenguaje se sienten planos y sin ningún lenguaje cinematográfico. Esto se podría perdonar, si se supiera aprovechar el conflicto psicológico y moral de los personajes.

En vez de eso, es una dramatización que se siente más heredera de ese cine televisivo que cadenas como Antena 3 o La 2, transmiten en la hora de la siesta de los domingos. Se siente anticuada y simplista en su moralidad. Se limita al dramatismo plano de una historia fascinante, en vez de explorar las capas identitarias.

Hubiera sido fascinante una historia en primera persona que hace juego con la doble identidad del presente y pasado de la protagonista, en vez de enfocarlo a un drama policiaco y judicial que se siente barato. Hay cineastas que se piensan que con solo mencionar temas oscuros y sensible como la Segunda Guerra Mundial, es suficiente para hacer creer al espectador que tu pozo vacío es más profundo de lo que és.

Nota: 3/10

The Housewife (2026) - IMDb

PELÍCULA SORPRESA

  • Ink (Danny Boyle – Reino Unido)

Y terminamos con la gran película sorpresa: la nueva cinta biográfica de Danny Boyle. Es tal vez una de las películas más extrañas en cuanto a tono que se haya podido ver en el festival. Por un lado, el guion de James Graham cuenta una historia interesante, y diálogos muy bien trabajados.

El reparto conformado por Jack O’Connell, Guy Pearce y Claire Fox, entre otros tantos poseen carisma y una fuerza palpable a la hora de recitar sus diálogos dinámicos, que consiguen mantener la atención en la pantalla. La historia en sí es un interesante reflejo de lo que acabaría convirtiéndose el periodismo sensacionalista y sin escrúpulos.

Todo esto suena a una película interesante y muy divertida, y en cierta parte lo és, pero hay un problema gordo: la dirección del propio Boyle. Uno tiene que dar crédito a Danny Boyle por tratar de experimentar con diferente estilos y planos originales, pero uno se cuestiona constantemente sobre cómo sus decisiones artísticas aportan valor a la historia.

Hay unos cuantos recursos estilísticos que funcionan, pero en la mayor parte, interrumpen un tono que no está definido. Parece ser que Boyle quiere destacar más ante el espectador por su propia identidad visual que por el valor que tiene su historia. Y es una pena que un guion tan bien trabajado y un reparto estelar se vean reducidos por las distracciones visuales que Boyle pone sobre la mesa.

Más que acercar, consigue que uno se aleje debido a su constante intento de destacar cinematográficamente ante todo, sin servir a la historia necesariamente. Tampoco ayuda, un uso ocasional de la IA que se siente fuera de lugar – salvo en el principio -, y un final socialmente perturbador que se ve reducido a ser un refrito ridículo del final de ‘Oppenheimer‘.

Hay mucho que admirar de la historia de esta película y el enorme trabajo de su guionista y los actores. Ellos son quienes consiguen mantener un interés que se ve constantemente interrumpido por los caprichos de su propio director. Igual que se dice que un mal guionista puede destrozar una buena película, este es uno de esos casos en el que la dirección puede destrozar una gran historia. Una pena.

Nota: 5,5/10

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