PREGUNTA: En los tres primeros planos de La risa y la navaja coexiste un elemento común. Primero, muestras con un cenital muy abierto, lo que parece ser un casquete polar. El segundo, también cenital pero más cerrado, muestra el momento en que comienza a quebrarse la superficie nevada. En el tercero, una porción de esa superficie en detalle aparece sobre el canto de una tetera. ¿Qué supone ese elemento común?
PEDRO PINHO: Ideé ese plano de apertura como si fuera una especie de zoom-in desde la Luna. En el segundo, vemos cómo la Tierra está entrando en colapso, no sólo el sistema planetario, su sistema terrestre: el capitalismo, la humanidad… El tercer plano sucedió gracias a un terrón de azúcar. No era posible hacerlo con el hielo pero resultó lo más parecido visualmente. El caso es que en Mauritania -escenario dónde ocurre la escena- venden azúcar para el té de esa manera, en pedazos muy grandes. Quería que la cámara estuviera justo dentro del azúcar y efectuar un travelling hacia fuera pero técnicamente no fue posible.
P: ¿Cómo funciona esta secuencia de tres planos en el discurso de las imágenes?
PP: En la película hay mucha interconexión temática. Hay uno central del cual la gente habla constantemente como es la relación neocolonial y lo que subyace. Pero para mí, trata principalmente dos cosas. Una es el momento histórico que vivimos: el Antropoceno. Es decir, un apocalipsis climático con catástrofes que, a pesar de suceder en cámara lenta, parece que no podamos reaccionar ante ellas. Esas consecuencias destructivas vienen de algún sitio como sucede con el casquete polar. Es provocado por el capitalismo, por la industrialización, etc., y todo ello es resultado directo de la expansión colonial europea.
P: ¿Cómo encaja aquí Sérgio (Sérgio Coragem), el protagonista del film?
PP: Esta sería la restante de las dos dimensiones que me refiero de la película. Esa idea de que por más que quieras huir, existe en la propia fuga una imposibilidad de redención. Esto articula su personaje. Es alguien que está intentando reintegrarse en otro lugar para salir de su pasado, su geografía, las contradicciones de su procedencia. Está intentando encajar en otro lugar y acaba siendo imposible. Porque hay algo de su origen que le precede, ya sea por la realización histórica o por el conjunto de dados que esta transporta.
No puede escapar de eso tan fácilmente. Entonces da la impresión, como el pedazo de hielo, de que no pertenece al lugar; luego no es posible redimirse. Al final, Sérgio acaba dejando atrás ese lugar pero encontrará otra realidad donde los problemas se mantendrán y por tanto sucederá lo mismo.

P: A lo largo del film vemos las consecuencias heredadas del colonialismo desde la perspectiva de Sergio en las que, como portugués, parece intentar limpiar su conciencia inmiscuyéndose en la costumbre de Guinea-Bissau; pretendiendo ser útil y uno más. Por ejemplo en la comida con la familia de Diara (Cleo Diára).
PP: Él intenta en multitud de ocasiones acercarse a Diara y Guilherme (Jonathan Guilherme), alcanzando un sentimiento de regocijo cuando se siente partícipe. Porque ahí reside la clave de la redención. Es algo imposible de alcanzar si no hay motivo de pertenencia. Entonces, Sérgio intenta asegurarlo por todos los medios siempre que puede, como en la discoteca o en el almuerzo en casa de la familia de Diara. Pero una de sus características es su consciencia de que no llega a ser parte, y es una consciencia silenciosa. El personaje se define más desde esa omisión que desde la acción.
P: Sin embargo, hay una escena que puede reflejar un cambio en su mentalidad. En ella, recoge a dos bisauguineanos en su coche para acercarles a la celebración de un ritual, sin llegar a participar de ninguna manera en el mismo. Es decir, les ayuda pero sin inmiscuirse en la práctica cultural mencionada…
PP: No lo había pensado de esta manera la verdad… pero si, entiendo la relevancia. La película ha sido construida con el fin de reproducir el movimiento de Sérgio. Como él, nosotros (el equipo) hemos llegado a Bissau por primera vez tras hacer el camino por el desierto del Sáhara.
Filmarlo, ha producido una evolución en la mirada y en el planteamiento no solo de Sérgio sino en nosotros, porque íbamos recogiendo nuevos datos para que se construyera la ficción y la narrativa pero también lo acabamos haciendo las propias personas que estábamos involucradas. Y claro, tras seis meses de rodaje y con todo lo que conlleva… simplemente no terminamos siendo los mismos. Entonces, igual que Sergio, yo no era el mismo. Esa evolución que ves desde fuera se corresponde mejor con una mirada objetiva.
P: Además, será la última vez que utilice el coche en la película y con ello los caminos terrestres y carreteras. Y es que el final del film revela que esa opción supone un privilegio, sobre todo teniendo en cuenta cómo presentabas al protagonista…
PP: Si, hay una degradación de movilidad sobre todo partiendo del coche que conducía en su primera aparición. En la película existe una línea narrativa muy importante: la construcción de la carretera. Sérgio termina llegando a un lugar donde no existe forma de avanzar en coche. Es el paisaje alrededor del delta del río Cachéu. Concretamente en la zona de Elalab, donde habitan unos aldeanos llamados flupos que cultivan el arroz en manglares.
En esa región surgió el primer puesto portugués de tráfico de esclavos. Ahora es la vanguardia de la resistencia a las invasiones europeas desde hace cinco siglos. Históricamente es muy importante y para mí, muy emotivo. La cultura flupa es súper impactante.
Llegar hasta allí implica un viaje de transmutación. Además, si vienes en coche desde Europa atraviesas cientos de kilómetros con y sin asfalto hasta que el camino te obliga a sustituirlo por una piroga para viajar por el río. Vaya, es un destino muy lejano del origen, en el cual terminas por deshacerte de todo. El viaje es tan fuerte… supone una experiencia trascendental. No se puede describir, solo sentirse. No sé si es posible sentir en tres horas algo que dura más de dos semanas.

P: En esa primera aparición en coche, Sérgio paga un peaje: un libro. Vaya, un pedazo cultural. ¿Existía ya en ese gesto cierta predisposición por tratar de limpiar la memoria colonizadora de Portugal? Es decir, ofrecer un consuelo al país colonizado ante la erosión cultural provocada durante tantos siglos…
PP: Puede ser que haya un punto de vista político pero lo traje a la ficción por una cuestión narrativa, rítmica. Cierto público se toma ese gesto a broma y parece inverosímil, aunque no es irreal, ya que me sucedió en Mauritania. Quedé tan sorprendido que quería incluirlo. El militar que le pide el libro a Sérgio, no le quedaba nada con lo que distraerse y entonces pasa un europeo. Tiene de todo. Tiene libros…
P: La ONG encargada de la construcción de la carretera le mete prisa a Sérgio para concluir el proyecto antes de la temporada de lluvia. En contraposición, un aldeano de las tabancas comenta que prefiere esa época del año ya que hace regresar a los jóvenes que están fuera. Hay dos escenas en La risa y la navaja en las que llueve: la vez que detiene una quedada del grupo de amigos de Guilherme y la vez que adorna el encuentro sexual de un trío. Estas situaciones podrían representar las dos posibles orientaciones que adopta una misma curva. Según cómo la mires, una curva podría formar la figura de una navaja o una sonrisa. Por tanto, como la lluvia, puede dañar a alguien a la vez que beneficia a otro. ¿Es esta la contradicción que habita la canción O riso e a faca de Tom Zé? La misma da el título original (en portugués) a tu película.
PP: Claro. Tom Zé suele componer en torno a las contradicciones. Concretamente, O riso e a faca se centra en la inquietud que esas contradicciones producen en el individuo. Es bonito y poderoso. En la escena que cantan la canción hay una circulación de amistad y amor entre las miradas de ese coche, a pesar de las agresiones y confusiones que vivieron.
Es como aceptar esas contradicciones y proyectarse en un futuro a partir de ellas. Ahí nace una posibilidad de encuentro con uno mismo y de poder ser otro en consecuencia. Entonces si, ahí podría encontrarse la lluvia. Su propia naturaleza es ambivalente. En Guinea-Bissau hay dos estaciones: secas y lluviosas. La lluvia es un presagio de que el futuro pondrá en relieve todas las cuestiones y estas son contrarias para la empresa de construcción de la carretera y para las tabancas de los aldeanos.



