Título original: In die Sonne schauenaka
Año: 2025
Duración: 149 min.
País: Alemania
Dirección: Mascha Schilinski
Guion: Louise Peter, Mascha Schilinski
Reparto: Hanna Heckt, Lena Urzendowsky, Laeni Geiseler, Susanne Wuest, Lea Drinda, Luise Heyer, Filip Schnack
Música: Michael Fiedler, Eike Hosenfeld
Fotografía: Fabian Gamper
Compañías: Studio Zentral, ZDF
Género: Drama
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Una casa se resquebraja con las grietas de unos gritos pasados. El nacimiento y el miedo que se crían desde la cuna hasta la enfermedad y la muerte que terminan bajo el césped. Tu casa: con sus techos, sus paredes y sus suelos, es la cápsula de un tiempo ya olvidado. ¿Qué sucedió en los lugares que ahora nos arropan?
Esto mismo se preguntó la joven directora alemana Mascha Schilinski cuándo decidió confeccionar El sonido de la caída, ganadora del Premio del Jurado en el Festival de Cannes 2025 ex aequo con la explosiva Sirat de Óliver Laxe, que ahora se estrena en nuestros cines.
Si echamos un primer vistazo a El sonido de la caída a través de esta mirilla, veremos una película cruda, oscura e inmesa. Un rompecabezas que cuenta la historia de cuatro mujeres que habitan la misma casa de campo alemana a lo largo de 100 años. Desde los hambrientos inicios del siglo XX hasta la actualidad. En realidad no es un guion usual ni cronológico, si no que el tiempo se establece fluido y se deja llevar con el río, saltando de presente a pasado a ante- presente a post-futuro y a no sé qué más. Algo que te obliga a estar bien pendiente o si no (spoiler) te perderás. Es por eso que no considero que haya una “primera” historia o una “última”. Lo que sí hay es dolor, muerte y oscuridad habitando en cada una de las cuatro épocas. Hay un guion “sensorial” que viaja por el tiempo a través del sonido de la caída que repetidamente tiene presencia en la película.
Alma, la joven muchacha nacida a las puertas de la Gran Guerra piensa que ha fallecido y que ahora es ya para siempre un fantasma. Años después, Erika (en uno de los relatos más bizarros) se obsesiona con su tío, con una pierna amputada. De hecho, Erika se ata la pierna izquierda y camina con muletas para experimentar como es vivir así. En los 80, Angélica, sobrina de Erika, es una joven que intenta escapar de los lobos que habitan su casa (su tío y su primo). En la actualidad, la casa ha sido vendida a una familia externa y están en pleno proceso de reforma. Magnagigante. XXL. Infinita.
Si, claro, El sonido de la caída es infinita, y quizás ahí es donde reside su principal problema. Porque apunta a muchas direcciones pero no parece existir una carretera delineada. Si no que en el trayecto a su destino hay rotondas, cedas, stops y demás obstáculos que acaban por estorbar en la construcción de algo más pulido. La increíble puesta en escena y los miles de recursos loquísimos de dirección que aplica Mascha acaban por reducir una narrativa sensorial que por momentos dice menos que más. Quizás un ratito menos de película, dado que supera las 2 horas y media, le venían de una frescura bien veraniega. Quizás lo maravilloso de la fotografía, el sonido y las decisiones de dirección reducen de forma significativa la historia de estas cuatros mujeres.
¿Qué sucedió en nuestra casa? ¿Quiénes comieron en nuestra mesa de comedor? ¿Quién murió en este, nuestro suelo? Algo así también se preguntó Joachim Trier en Valor sentimental estrenada en el mismo festival de Cannes. Radiografiar una casa, que a fin de cuentas es un personaje vital en nuestras vidas. Mirar más de cerca las rendijas y las grietas, pues es por ahí donde se esconden los secretos mejor guardados. Las casas están de moda y las historias están de moda. Así que no hay mejores historias que las que se cuentan en tu casa.



