Título original: Cowgirl
Año: 2026
Duración: 109 min.
País: España
Dirección: Cristina Fernández Pintado, Miguel Llorens
Guión: Rafa Albert, Cristina Fernández Pintado, Miguel Llorens
Reparto: Isabel Rocatti, Pep Munné, Carlos Cuevas, Joaquín Climent, Carles Sanjaime, Verónica Andrés, Àngel Fígols, Mamen García, Amparo Fernández, Jorge Silvestre
Música: Clara Peya
Fotografía: Miguel Llorens
Compañías: The Fly Hunter, Aguacate & Calabaza, Produccions Quart, RTVE, 3Cat, À Punt Mèdia
Género: Comedia. Drama
Crítica en Letterboxd
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Estamos ante una película que no entra con estrépito ni con grandes gestos, sino con una especie de confianza tranquila en sus propios tiempos. Hay algo en su forma de mirar que invita más a observar que a juzgar, como si la historia prefiriera asentarse poco a poco antes que imponerse desde el principio.
En ese sentido, la mirada de los directores Miguel Llorens y Cristina Fernández se percibe muy clara: una puesta en escena contenida, sin artificios innecesarios, que apuesta por dejar respirar a los personajes y a los espacios. No hay voluntad de subrayar emociones ni de dirigir la mirada del espectador de forma agresiva; más bien se nota una intención de acompañar, de respetar los silencios y los tiempos muertos, algo que encaja especialmente bien con el entorno rural que retrata la película. Y es que los paisajes son una maravilla: Transmiten mucha paz y tranquilidad.
El centro del relato de Cowgirl es Empar, sin duda alguna, y todo lo demás orbita a su alrededor con mayor o menor estabilidad. Su relación con Tona, la entrañable vaca, es el verdadero motor emocional del film. No se plantea como un recurso anecdótico ni como un guiño simpático, sino como un vínculo que se va asentando de forma orgánica, casi sin que la película lo explique del todo. Y precisamente por eso funciona: porque no lo fuerza. A partir de ahí, la entrada de Bernat abre otra capa emocional que enriquece el conjunto. Su presencia aporta una madurez distinta, más reposada, y termina de consolidar esa idea de que la película se siente cómoda en lo íntimo, en lo que no necesita explicarse demasiado para existir.
Isabel Rocatti firma la mejor interpretación del elenco actoral. Hay algo muy auténtico en su forma de estar en escena, una verdad que no depende del dramatismo ni del énfasis, sino de la naturalidad absoluta con la que habita el personaje. Es de esas presencias que no llaman la atención de forma obvia, pero que acaban sosteniendo la película entera sin que te des cuenta. Tiene una mirada muy intensa que aporta calidez al film. Por otro lado, Carlos Cuevas queda en un registro más discreto, casi funcional dentro del relato. No desentona, pero sí se percibe como el personaje al que menos se le exige a nivel interpretativo, lo que reduce su impacto dentro de un conjunto bastante más inspirado en otros puntos. Se nota que es el gancho para atraer público joven. Pep Munné aporta equilibrio y solidez, con una interpretación contenida que encaja bien con el tono general del film. No busca protagonismo, pero sí aporta peso cuando aparece, algo que ayuda a que la película no pierda consistencia en ningún momento.
La subtrama política aparece de forma lateral, casi como una corriente secundaria que atraviesa la historia sin convertirse en su eje. Vemos una crítica firme hacia la figura del alcalde, el cual toma ciertas decisiones impopulares y algo totalitarias. Es el contrapunto necesario a la unión y generosidad que demuestra la gente del pueblo y que acaba dejando a los políticos, para sorpresa de nadie, como egoístas y codiciosos.
Y lo que queda, al final, es una película que encuentra su sentido en lo pequeño: en el amor que llega sin prisa, en el contacto con un entorno que impone otro ritmo y en la manera en que la vida, cuando baja de velocidad, deja ver matices que normalmente pasan desapercibidos. No es una obra que busque impresionar, pero sí que deja una huella serena, de esas que se quedan un rato una vez terminada la película.



